"El susto tiene un efecto devastador en las embarazadas"

El calvario de dar a luz en Bagdad bajo bombas y misiles

Sobre su cama del hospital Al Hayat, Hind tiembla todavía luego de la hemorragia que tuvo y sufre de hipotensión y de las secuelas de la cesárea que le practicaron para dar a luz a su hija. La llamó Hawassem (decisiva, en árabe) del nombre dado por el régimen iraquí a la actual guerra, «Maarakat Al Hawassem» («guerra decisiva»).

A pesar de su debilidad, Hind quiere regresar a su casa para estar cerca de su marido y de su hijo cuando vuelvan a empezar los bombardeos.

Se consuela contemplando a su hija. «Quise llamarla Hawassem, el nombre dado a la guerra, para que sea de buen augurio para Irak en su combate» contra las tropas norteamericanas y británicas, declaró a la AFP.

La abuela de Hawassem, Muntaha Hussein, relata que Hind sufrió al tener que bajar las escaleras del edificio de cuatro pisos donde viven, ya que el ascensor no funcionaba por los cortes de energía eléctrica desde que empezaron las hostilidades, el 20 de marzo.

«Pero sobre todo estaba aterrada por los bombardeos, algunos de los cuales se escuchaban cerca de casa. Estaba muy cansada e inquieta en los últimos días. Dio a luz un mes antes de tiempo», dijo.

La Hermana Buchra, fundadora y directora del hospital católico dominicado de Bagdad, afirma que los abortos, nacimientos prematuros y cesáreas se han incrementado desde el inicio de la guerra.

«La ansiedad permanente, las conmociones causadas por las bombas y el susto tienen un efecto devastador en las mujeres embarazadas», asegura.

«Antes, teníamos más bien partos naturales, con un número limitado de intervenciones quirúrgicas. En este momento, es lo contrario», dice la religiosa, lamentando el aumento de abortos espontáneos en el tercer o cuarto mes de embarazo.

«Mucha mujeres que habían dado a luz por parto natural en ocasiones anteriores, pidieron que se les practique una cesárea una semana o diez días antes del término, ante la situación», aseguró.

Los bombardeos anglo-norteamericanos hicieron estallar los vidrios del establecimiento, obligando al personal a partir.

La Hermana Clementina, encargada de la administración, es ahora la cocinera del establecimiento de dos pisos, la maternidad más conocida de Bagdad.

«Tuvimos que llamar a hermanas seminaristas para que nos ayuden y asuman todas las tareas que el personal realizaba normalmente, como la limpieza», prosiguió la religiosa sonriente. *

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