Se profundizan las divergencias
La invitación a la Casa Blanca para que no dé nada a lo que definió como «la coalición de los no voluntariosos» es un nuevo obstáculo en las ya divergentes opiniones entre Estados Unidos y Europa sobre el manejo de Irak en la posguerra.
El pedido procedió de la Cámara baja, que el jueves por la noche aprobó la solicitud de un presupuesto extra de guerra, formulado la semana pasada por el presidente George W. Bush.
La aprobación por 414 votos contra 12 fue simultánea a la del Senado aunque ambas ramas del Congreso votaron dos presupuestos levemente diferentes, que ahora serán reelaborados en un único texto, sometido a la firma del presidente.
El envío a la Casa Blanca del texto definitivo aprobado por el Parlamento será en los próximos días. Bush había fijado el 11 de abril como último término para presentar el documento.
Tanto la Cámara como el Senado aumentaron las partidas previstas, de 75.000 millones de dólares a 80.000 millones. El dinero está destinado sobre todo a sostener el costo del conflicto, además de la seguridad interna, ayudas a Turquía por 1.000 millones de dólares, y unos 3.000 millones para las compañías aéreas, así como una pequeña partida para Colombia.
Bush se alegró de la rápida aprobación del presupuesto de guerra, pero no comentó la propuesta de la Cámara que no aparece en absoluto en el texto del Senado de no usar el dinero norteamericano para una reconstrucción iraquí que incluya también a Francia, Alemania, Rusia y Siria.
El vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, recibió hoy una pregunta directa sobre la prometida «reconstrucción» de Irak, y su respuesta fue elusiva: «No estamos ahora en el futuro de Irak, estamos ahora en el medio de una guerra», expresó.
Mientras tanto, Europa reiteró hoy con firmeza su posición a favor de un «papel central» de la ONU para la posguerra en Irak. Esa perspectiva «es más fuerte que nunca», dijo una vocera de la Comisión Europea, un día después de la reunión de los ministros de Exteriores de la Unión Europea (UE) con el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell.
La vocera resumió así el estado de ánimo que domina en Bruselas, tras las evaluaciones muy contradictorias sobre el resultado de las conversaciones con Powell.
Entre los observadores, hay quienes creen que Powell tendió la mano a Europa, prometiendo ayudar al relanzamiento de las relaciones transatlánticas, y quienes lo vieron arrogante y decidido a aumentar el abismo entre ambas orillas.
La UE quiere que el régimen que siga a Saddam Hussein tenga «la máxima legitimidad», y para eso «se está buscando la receta adecuada», sobre la base de las experiencias de Kosovo, Timor Oriental y Afganistán, afrontadas por la ONU de distinto modo.
En Estados Unidos, en tanto, hay una disputa sorda entre sectores diversos del gobierno por la composición del equipo del régimen pos-Saddam, en tanto circulan nombres de compañías norteamericanas que se harán cargo de diversos negocios.
Los europeos están a la espera de señales concretas del gobierno de Bush. Powell dijo en Bruselas que acuerda sobre «un papel» para la ONU, pero hace una semana dijo ante congresistas que Estados Unidos no llevó adelante la guerra para ocupar Irak y luego dejarlo en manos de otros.
En Washington hay propuestas de ruptura decidida con Europa, como la del ex consejero de Defensa Richard Perle, para quien Francia, por no haber «adherido al club» de países que apoyan la guerra a Irak no puede participar «en la cena en el club», es decir el negocio de la «reconstrucción».
En esta línea se inscribe el pedido formulado por la Cámara de excluir a Francia, Alemania, Rusia y Siria de los contratos para la reconstrucción.
Pero además, la Casa Blanca tendrá que arreglar cuentas con su aliado británico, más cerca de la UE respecto de la era pos-Saddam Hussein, aunque siempre se duda sobre cuánto el gobierno de Londres es capaz de mantener una discrepancia con Washington. Mientras tanto, en Europa hay quienes reiteran que la ONU tendrá un papel central en Irak. Lo dijo Javier Solana, responsable de la política exterior de la UE, que expresó la opinión de varios países.
También Francia y Alemania, líderes en el frente contra la guerra, apoyan esa posición, pidiendo sólo cierto pragmatismo: corresponde a quien realizó las operaciones militares manejar la fase inmediatamente sucesiva al fin del conflicto y garantizar la seguridad, en tanto luego comenzará bajo el paraguas de la ONU la fase «humanitaria» y la institución de un sistema democrático.
Bruselas confía en Powell y sobre todo en que Washington no quiera correr ciertos riesgos, comenzando por el rechazo de los europeos a brindar ayudas financieras.
La ministra de Exteriores sueca, Anna Lindh, expresó el jueves esta línea, cuando dijo que Estados Unidos y Gran Bretaña, que causaron los daños, también deben pagarlos. *
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