Para los marines, un tatuaje sirve como documento de identidad

Antes de partir para Irak, Ernie Firkin pasó por una tienda de tatuajes para hacerse inscribir sobre la piel su número de identificación militar: si salta en pedazos en combate, espera que eso sirva para identificarlo.

Un sábado, con su amigo Roger Eiser, destacado como él en la base Camp Lejeune (que alberga a 43.000 Marines) fue a la ciudad vecina de Jacksonville, en Carolina del Norte, sureste.

En el salón Primal Ink, el negocio prospera el fin de semana, dice Jessica Lakes, compañera del propietario Phillip Peters. «La gente se divierte, se hace tatuar, se corta el cabello, y luego, el lunes, van al trabajo».

Los clientes, unos cincuenta por día, llegan generalmente en grupos de dos o tres. Juegan al billar o miran televisión esperando su turno y examinan los cientos de diseños posibles.

Para Firkin, que tenía ya el tatuaje «USMC» (por Cuerpo de Marines de Estados Unidos) en la espalda, no se trataba de elegir un diseño que le gustara pues lo único que quería era ver inscrito su nombre, número de seguridad social, el de su unidad y su grupo sanguíneo en la parte baja de sus costillas.

Tal tatuaje, llamado marcado de la carne, tiene un objetivo: «Si uno explota, nos pueden identificar». ¿Por qué hacerse el tatuaje en el torso? «Me dijeron que es el pedazo más grande que permanece entero» en caso de explosión, dice Phillip Peters.

«Piden esos tatuajes para poder tener buenos funerales, con sus familias», dice Lakes.

El marine Roger Eiser, es más clásico y elige un diseño para el bíceps izquierdo. «Si uno pasa sobre una mina antipersonal, poco importa el tatuaje… no me hago marcar la carne. ¿Por qué hacerlo? Ya tenemos la placa de identificación colgando del cuello».

Sin escucharlo, Ernie Erkin verifica que las cifras sean correctas antes de hacerse tatuar el destino.

Equipado con guantes quirúrgicos verdes, el tatuador recubre con gasa la marca de vacunación contra la viruela aún fresca, y el joven de 24 años se echa en una camilla antes que la aguja eléctrica inicie su trabajo.

«No hace cosquillas», le había dicho su padre, y Firkin se mantiene impasible durante los 20 minutos que dura el tatuaje.

«Las costillas son un lugar sensible», agrega otro tatuador, Butch, en el salón Fantasy Tattoo. Hacerse «marcar la carne», «muestra que uno puede sufrir un poco para demostrar quién es».

«Si te gusta» ser un Marine, «haces sacrificios». La tradición de tatuarse, para los Marines, se remonta a la guerra de Vietnam. Lo hacen porque son Marines, explica Butch.

Algunos aficionados van más allá de las cifras, y se hacen decorar su tatuaje con algunos detalles. Mientras que Roger Eiser se decoraba el bíceps, la televisión anunciaba las últimas informaciones en el salón: los cuerpos de 4 militares acababan de ser descubiertos, apenas enterrados, uno de ellos gravemente mutilado. *

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