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    Venezuela, 23 de enero de 1958: el encruentro crucial entre la historia y la democracia

    Escrito por: Franklin González, embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la República Helénica

    Martes 22 de enero de 2013 | 18:35

    Marcos Pérez Jiménez

    El 23 de enero de 1958, un movimiento de militares y civiles derribó al gobierno del presidente venezolano  Marcos Pérez Jiménez,  quien se vio forzado a huir del país hacia República Dominicana a bordo de la «Vaca Sagrada», el avión presidencial .

    Esa fecha, entonces,l 23 de enero de 1958, se convirtió entonces en el momento en el cual se logran poner de acuerdo dos generaciones. La primera que propugnaba transformaciones paulatinas y muy moderadas vinculadas a los cambios evolucionistas que se venían dando en el país después de la muerte del dictador José Vicente Gómez en 1935 y la segunda que representaba a sectores que abogaban por la incorporación de grandes contingentes de masas de la población en el proceso de realización de transformaciones económicas y sociales más profundas.

    Ambos sectores políticos después de un interregno de luchas y contradicciones expresadas a través del poder político, culminaron sin mayores traumas ese día con la reconciliación democrática.

    Estos grupos hicieron posible y realidad su proyecto social de reorganización de la sociedad venezolana. Bajo los principios de la lucha por la libertad y el bienestar colectivos, nacerá la democracia venezolana, pero será de inmediato mediatizada por la firma del pacto de Punto Fijo, que excluirá al Partido Comunista de Venezuela, una de las principales fuerzas políticas que luchó contra el régimen de terror de Pérez Jiménez, y por la aprobación de forma poco democrática de la Constitución Nacional de 1961.

    De manera pues, que el 23 de enero de 1958 fue el final de un régimen negador de los principios esenciales de la democracia, cuyos métodos de relación con los adversarios políticos o contra sus críticos, fue el de la represión y del exterminio físico, y por eso lo valoramos como una jornada democrática e histórica.

    Pero el 23 de enero de 1958 significó también el desmonte de las máscaras de quienes hablando y abogando por un gobierno democrático, comenzaron con los pactos y con la exclusión de los que pensaban distintos, con lo cual introdujeron de llegada elementos negadores de la propia democracia.

    En ese sentido, rescatamos el discurso del revolucionario y luchado antiperejimenista Fabricio Ojeda en 1962, cuando renunció a la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, harto de las componendas de Acción Democrática y COPEI, para incorporarse a la guerrilla: “El 23 de enero, lo confieso a manera de autocrítica creadora, nada ocurrió en Venezuela, a no ser el simple cambio de unos hombres por otros al frente de los destinos públicos. Nada se hizo para erradicar los privilegios ni las injusticias. Quienes ocuparon el Poder, con excepciones honrosas, claro está, nada hicieron para liberarnos de las coyundas imperialistas, de la dominación feudal, de la opresión oligárquica. Por el contrario, sirvieron como instrumento a aquellos intereses que gravitan en forma negativa sobre el cuerpo desfalleciente de la Patria”.

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