Sin primarias en el Partido Justicialista hay división de hecho

Menem busca en la Justicia lo que no logró en el peronismo

El arma: voltear las primarias fijadas en el último encuentro de la misma asamblea para el 23 de febrero donde solamente está inscripto el binomio Menem-Juan Carlos Romero. El atajo: que cada uno de los «tres dirigentes más representativos», Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y el líder de La Rioja, puedan compartir la misma boleta. Se diferenciarían por algún color o consigna: un sistema inédito aquí de neolemas, que no acumula sufragios a favor del primero.

El fantasma del ex presidente domina la interna del peronismo y las decisiones adoptadas están justificadas por necesidades políticas y no por la ley. El reclamo del menemismo para que se realicen las internas abiertas, no pudo ser refutado sino por la política de necesidad, de emergencia, acaso porque los congresales, el propio Duhalde, colocaron la carroza delante de los caballos.

Sólo tangencialmente, el viernes, se habló de que existen modelos antagónicos dentro del peronismo que ya no pueden ser ocultados por el manto del movimientismo. El Partido Justicialista jamás debatió las consecuencias del modelo menemista, una discusión que iba a dividir las aguas. Se pretende sostener que son todos parte de un mismo partido con el objetivo de no desperdigar votos.

Curiosa situación: Duhalde controla el espacio no menemista, desde el más enfrentado que el Presidente encabeza, hasta otros sectores que no comulgan con Menem por distintos motivos. Sin embargo no se atreve al desafío de una interna, temeroso que el ex presidente con tanto fraccionamiento, con una minoría relativa de sufragios, pueda quedarse con los colores del Partido Justicialista.

El argumento de la poca confiabilidad de los padrones es cierto pero débil: la Junta Electoral tiene mayoría no menemista. Solo asoma como un dato cierto, y también ominoso, la perspectiva de que en una interna reñida pueda derivar en enfrentamientos duros como ocurrieron en el pasado: esa posibilidad otorga a las decisiones del congreso, categoría de necesidad política.

Conviene no atosigarse con el solo enfrentamiento de dos modelos de país. O que en estos entreveros pugnan renovadores contra el conservadorismo del menemismo: en el espacio no menemista, participan viejos cuadros de la picaresca o el estilo clientelista más acendrado.

Lo que diferencia

El universo de Menem es preciso: de centro derecha extremo, pro norteamericano, anti Mercosur, defensor del capital financiero y del más concentrado del sector productivo, tiene sin embargo un discurso para las masas más pobres de regreso a los escasos años de prosperidad en los tiempos de la convertibilidad, antes que ésta estallara por sus contradicciones y necesidades de ser financiadas por el endeudamiento externo que hoy pesa como una loza sobre el futuro.

Además a los dos caudillos del peronismo, los dividen los odios personales, sus ambiciones e intereses propios o de amistades que hace necesario que uno prevalezca definitivamente sobre el otro para poder asegurarlos.

La habilitación para los tres pretendientes bajo el mismo techo de la simbología peronista soslaya el debate sobre la propuesta partidaria, que en todo caso, quedará en el discurso de cada candidato, que provocará, de mantenerse, una melange de posturas. La justifica como intento, más falso que genuino, de mantener la unidad formal y que como no acumula votos a favor del que logre más frente al resto de los pretendientes, el engendro legal en principio no daña a los no peronistas.

De hecho cada facción está peleando por la simbología, las fotos de Perón y Evita en las boletas que deben llenar urnas, como si fuera el Santo Grial que justifica una cruzada. Porque en el caso de que Menem lograra –es dudoso– quedarse con el sello partidario, tanto Kirchner como Rodríguez Saá participarán con sus fuerzas propias que ya la tienen estructuradas.

Menem sufrió un duro traspié pero apelará al Poder Judicial. Allí donde no intervienen en las definiciones las masas, la política se judicializa con lo que las decisiones de los partidos quedan acotadas a los criterios de los jueces no siempre independientes.

El congreso desafió en cierto modo a la juez federal y electoral, María Servini de Cubría, que había decidido lo que podía la asamblea partidaria y que no, y entre estos estaba la aprobación de los neolemas, por lo que hay que esperar una decisión contraria de la magistrada.

Entre las resoluciones aprobadas no es menor la facultad que se le otorgó a la Comisión de Acción Política, CAP, integrada por los gobernadores del partido y otros dirigentes representativos, a que en caso de que la justicia trabe la designación del candidato, sea ese organismo quien lo designe. Por su composición, la CAP, podría firmar ahora el nombre de Néstor Kirchner.

Advertencia a Menem

Es un modo de advertirle a Menem que el camino de la judicialización tiene un límite y que corre el peligro de tener que ir él por fuera del PJ.

Es altamente probable que sea la Corte Suprema la que diga la última palabra: su pasado menemista la condena, pero algunos expertos en tribunales no dan por seguro un vuelco a favor del ex mandatario.

Es factible que la Cámara Electoral revoque el fallo de primera instancia. Este tribunal meses atrás amonestó a Servini de Cubría por otra decisión, con el argumento de injerencia en la vida interna de los partidos.

La judicialización del proceso electoral abre la posibilidad de que deba correrse la fecha de las elecciones. Adicionalmente, hay trámites en los tribunales impugnando la facultad de convocatoria de las elecciones diferente al marcado en la carta magna.

Los expertos estiman que si los partidos en su totalidad aceptan el 27 abril y la reforma de la ley de acefalía que le daría meses adicionales de mandato al ganador (del 25 de mayo al 10 de diciembre), el más alto tribunal miraría para otro lado.

No se trata de que Duhalde cumpla efectivamente con su palabra: que se va el 25 de mayo. El viernes al acordar el FMI el mini acuerdo con el gobierno argentino por el que saca al país del default con los organismos financieros internacionales reprogramando vencimientos a un corto plazo, fijó como extensión del convenio ocho meses.

El papel del G7 y el FMI

Dijo en concreto que un convenio más profundo se hará con el gobierno que debe ser elegido el 27 de abril, y así se enfatiza en un párrafo llamativo. Ya se sabe que el staff del FMI por múltiples razones, entre ellas sus propios fracasos en Argentina y otros países, se negaba a ponerle la firma al miniacuerdo. Fueron los países del G7 los que lo impusieron y se cree que el Grupo fue el que hizo incluir la fecha electoral inamovible como condición para ese respaldo.

Casi todos los miembros del G7 tienen intereses en la Argentina, tanto en el control de los servicios públicos como ser acreedores, directos o de ciudadanos o bancos de esos países, con la deuda externa que el acuerdo habilita negociarla pero que necesita de un gobierno legalizado para que puedan abrirse las instancias para concretarla.

Lo limitado del acuerdo hace difícil que Duhalde o su ministro de Economía, Roberto Lavagna puedan calificarlo como un triunfo, aunque permite al gobierno no cargar con la pesada mochila de haber entrado en cesación de pagos con los organismos financieros internacionales.

Desde lo económico es poco lo que se obtiene y son muchos los compromisos de ajustes fiscales y monetarios que pueden enredar el tramo inmediato de la economía cuando parecía salir de la larga recesión de más de cuatro años.

Pese a que el acuerdo que no quería el staff del FMI si no se hacía en sus propios términos y los que están en el papel no lo son, hay compromisos que dañan pri
vilegiar el crecimiento y empleo.

El ucase para que no se altere la masa monetaria convenida so pena de fondear el acuerdo en marzo, es la que le está dando al dólar el carácter de imprevisible. El Banco Central no puede adquirir todas las divisas que generan las exportaciones porque el FMI le impide emitir pesos, que podrían general inflación.

Los expertos saben cómo es posible neutralizar esos excedentes pero en todo caso la brusca caída del dólar que en pocas semanas osciló de 3,50 por unidad a casi 3 pesos, no incidió en la rebaja de los precios de los productos de consumo; al contrario, treparon, con lo que se desprestigia otras de las supuestas verdades de la economía.

Lo real es que el equipo económico esta maniatado para defender el crecimiento de las reservas, que puestas en función de un plan de desarrollo diferente a los de los tiempos del menemismo y de la Alianza, podrían dejar sentada cátedra de cómo es posible salir de la crisis, sin seguir los dictados del FMI.

Otra cosa más: el texto del acuerdo es aún secreto.

Nobleza obliga. A cambio de la presión del grupo del G7 sobre el FMI, Duhalde desbrozó el camino, se verá en los tribunales si es legal o no, para que se incrementen tarifas de los servicios públicos sin pasar por tramites establecidos, como la revisión de los contratos de concesión y la consulta a los usuarios.

En todo caso, esa será una causa efectiva de influencia sobre los precios que si bien no han caído en descontrol, han comenzado a trepar limitando el impacto que tuvo en su momento los planes de auxilio a las familias de desocupados e indigentes. Y por ello, la presencia piquetera –cuyas organizaciones están camino a enfrentamientos por la manipulación de sectores del oficialismo sobre algunas de ellas– serán cada vez más estentóreas.

Tantos manoseos e intrigas en los partidos tradicionales (los radicales viven su propia vía crucis), pero también en organizaciones sociales, son un peligroso camino hacia el escepticismo si una alternativa (de las varias con intento de cristalizar) no consigue en tan poco tiempo para las elecciones, convertirse en atracción. Y que no sólo sea por descarte. *

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