La "globesidad" también llegó a Uruguay

Alarma por la epidemia mundial de obesidad

El alcance mundial de la tendencia, que no conoce de fronteras y afecta tanto a países industrializados como en desarrollo, llevó a los especialistas en salud a acuñar el neologismo «globesidad».

Cuando lanzan el alerta, los expertos advierten que en los últimos años el problema alcanzó por primera vez índices de incidencia en la salud pública comparables con la desnutrición ,y que el mal los está preocupando tanto como los efectos del tabaco.

«El efecto combinado de la obesidad y las enfermedades relacionadas, en realidad es tan grande o tal vez más grande que el del tabaquismo», dijo Neville Rigby, director de política y asuntos públicos de la International Obesity Task Force de Londres, citado por Perspectivas de Salud, la revista de la OPS.

«En verdad, necesitamos abordar el problema de la obesidad con el mismo grado de preocupación y fuerza», agregó.

El impacto sobre la salud de esta pandemia puede observarse en los índices «en rápido aumento, de la diabetes tipo 2, para la cual la obesidad es el principal factor de riesgo conocido», señala Donna Eberwine, autora del reporte de la OPS.

El informe recuerda que según la Federación Internacional de Diabetes, con sede en Bruselas, el número de diabéticos en todo el mundo ascendió a más de 150 millones, quintuplicándose desde 1985. Según la OPS, la propagación de la epidemia de obesidad a un número de países cada vez mayor y las tasas aceleradas de aumento en los últimos años «preocupan a los especialistas en salud pública». El organismo recuerda que en un informe reciente, el Instituto WorldWatch, con sede en Washington, informó que «por primera vez en la historia, los cálculos del número de personas con sobrepeso en todo el mundo son similares a los de las personas desnutridas».

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS), en su Informe sobre la Salud en el Mundo 2002, clasificó a la obesidad entre los diez riesgos principales para la salud en todo el mundo.

«La epidemia se ha documentado muy bien y se ha estudiado ampliamente en Estados Unidos, donde ya desde comienzos de los sesenta casi la mitad de los habitantes tenía exceso de peso y más del trece por ciento era obeso», señala Eberwine. «Hoy en día, alrededor del 64 por ciento de los adultos de Estados Unidos tiene sobrepeso y el 30,5 por ciento es obeso, el doble de la tasa de obesidad de hace veinte años y un tercio más alta que hace apenas diez», agrega.

Pero luego llega el problema de la «globesidad», en el que el estilo de vida impulsado por Estados Unidos, que incluye la afición a la «comida chatarra», no tiene poco que ver.

El país norteamericano, afirma la investigadora, «ni siquiera está a la cabeza de la carrera mundial por la corpulencia nacional», ya que «esa distinción la tiene Samoa, donde dos tercios de todas las mujeres y la mitad de los hombres son obesos». Y en el continente, Canadá ocupa el segundo lugar detrás de Estados Unidos, con un 50 por ciento de los adultos con sobrepeso y el 13,4 por ciento obeso. «Pero los datos de Argentina, Colombia, México, Paraguay, Perú y Uruguay muestran que más de la mitad de su población tiene sobrepeso y más del 15 por ciento es obeso», advierte la autora. «Aún más inquietante –sigue– es que la tendencia se está acentuando entre los niños de la región: actualmente, se duplicó el número de niños estadounidenses que tienen exceso de peso con respecto a veinte años atrás, y en Chile, México y Perú la cifra es alarmante, ya que uno de cada cuatro niños, de 4 a 10 años, tiene sobrepeso o es obeso».

«La obesidad y el sobrepeso están aumentado más aceleradamente en América Latina que en América del Norte y en Europa», afirmó Walmir Coutinho, profesor de endocrinología de la Universidad Católica de Río de Janeiro y coordinador del Consenso Latinoamericano sobre Obesidad. Según el experto, estos problemas «están reemplazando al hambre y a la desnutrición como factores que inciden en la mortalidad».

Mientras la tendencia crece en todo el mundo, los expertos intentan ahora entender las diferencias entre los países industrializados y las naciones en desarrollo. Según estas investigaciones, en los países pobres «las personas tienden a engordar a medida que aumentan sus ingresos, mientras que en las economías desarrolladas o en transición, mayor ingreso se relaciona con formas delgadas». Además de la diabetes, recuerdan los especialistas de la OPS, se sabe que la obesidad expone al riesgo de otros problemas graves de salud, como enfermedades cardiovasculares, artritis, trastornos de la vesícula y de los riñones, además de cánceres de mama, colon, útero, esófago y riñones.

Y advierten a los gobiernos que, como casi siempre, es mejor prevenir que curar: «En Estados Unidos solamente –señalan–, los costos de la atención directa de salud debido a la obesidad superan los cien mil millones de dólares al año, según la Asociación Americana de Obesidad. Si a esto se suma el estigma social, el deterioro psicológico y la discriminación económica que a menudo sufren los obesos, los costos resultantes son altos tanto para la salud como para la calidad de vida» de millones de personas en todo el mundo, concluyen los especialistas.*

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