Crisis diplomática con Gran Bretaña

Israel opta por contención tras el doble atentado

El primer ministro israelí, Ariel Sharon, visitó a algunos de los heridos del atentado en un hospital de Tel Aviv y declaró que su país debe «vencer al terrorismo» antes de hablar de paz con los palestinos.

El minigabinete de seguridad, reunido después del ataque, decidió impedir un viaje de palestinos a Londres para participar la próxima semana en una conferencia sobre las reformas dentro de la Autoridad Palestina que había sido organizada por el primer ministro británico, Tony Blair.

Varios miembros de ese minigabinete, integrado por Sharon y sus ministros de Relaciones Exteriores, Benjamin Netanyahu, de Defensa, Shaul Mofaz, de Finanzas, Silvan Shalom, y de Seguridad Interior, Uzi Landau, pidieron el destierro del líder palestino Yasser Arafat. Pero Sharon descartó esa posibilidad ya que se ha comprometido ante Washington a no atentar contra la integridad física de Arafat.

La cercanía de un posible conflicto armado en Irak y la petición israelí de una ayuda financiera estadounidense extraordinaria de 12.000 millones de dólares limitan el margen de maniobra del Estado hebreo, que no deben en ningún caso desafiar la autoridad de Estados Unidos.

El minigabinete decidió «intensificar la lucha antiterrorista» multiplicando los ataques contra los activistas palestinos, prohibir una reunión el jueves en Ramalá (Cisjordania) del Consejo central de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y cerrar tres universidades islámicas de Cisjordania consideradas como «nidos de terrorismo», según fuentes israelíes.

Pero fue el veto a la asistencia de delegados palestinos a la conferencia de Londres lo que provocó el mayor revuelo. «La dirección palestina no necesita ir al extranjero para luchar contra el terrorismo», afirmó Netanyahu en un comunicado.

El secretario británico del Foreign Office, Jack Straw, calificó esa medida de «contraproducente» y pidió en vano su anulación, mientras la Casa Blanca reiteraba el derecho de Israel a autodefenderse.

El dirigente palestino Saeb Erakat estimó que esas medidas «significan la continuación del caos y de la violencia».

De hecho, ayer lunes antes de la madrugada, helicópteros de asalto israelíes dispararon misiles sobre un taller en Gaza y una veintena de blindados apoyados por helicópteros penetraron en el campo de refugiados de Rafah, al sur de la franja, causando siete heridos.

La dirección palestina condenó el atentado que causó 23 muertos, entre los que figuran dos chinos, dos rumanos, un búlgaro y un ghaneano. El atentado fue reivindicado por tres grupos: el Hamas, la Jihad Islámica y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, vinculadas al movimiento político Fatah de Arafat, pero la reivindicación más creíble parece la de las Brigadas. Desde el comienzo de la Intifada, a fines de setiembre de 2000, murieron 2.836 personas, entre ellas 2.079 palestinas y 708 israelíes. *

 

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