Economía, un dilema para Lula
Luiz Inácio Lula da Silva asumirá el gobierno de Brasil en un momento delicado de la undécima economía del mundo, con una inflación que amenaza con resurgir, una deuda pública en crecimiento y un dólar poco estable.
El presidente electo, que prometió apagar el hambre de 54 millones de compatriotas que sobreviven con menos de un dólar diario y crear dos millones de empleos por año, tendrá muchas dificultades para lograr una tasa de crecimiento expresiva en 2003 que le permita cumplir con esas promesas.
La inflación estimada para este año no será inferior al 12 por ciento, un índice anual de dos cifras por primera vez desde 1994, cuando el entonces ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso, lanzó el Plan Real que controló el costo de vida y sentó las bases de su elección como presidente.
La fuerte devaluación del real, que perdió casi un 60 por ciento en 2002 y aumentos de precios internacionales, como los del trigo o el petróleo, encendieron la alarma nuevamente y el Banco Central elevó las tasas de interés al 25 por ciento anual.
«La inflación es el peor de los mundos. Si, sin ella, el país no consigue resolver el problema del hambre y la miseria, con ella, la situación se puede tornar aun peor», advierte el economista Francisco Flores Pinto. *
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