Una fiesta mundial

Las principales capitales del mundo se preparan para los tradicionales festejos de Navidad, este año signados por el debilitamiento de la economía mundial, las medidas antiterroristas y la amenaza de la guerra.

En Medio Oriente hay poco que festejar, y aún así las decoraciones festivas aparecieron en Bagdad, donde la minoría cristiana iraní que se siente tan amenazada por la eventual guerra norteamericana, como la mayoría musulmana, se prepara para recibir la Navidad. «Todos los años rezamos para encontrar trabajo, pero esta vez  explica Zeina Philippe, de 18 años  rezaré para que desaparezcan los fantasmas de la muerte y la destrucción».

Ayer de noche el presidente palestino Yasser Arafat encendió las luces de un árbol de olivo, como «símbolo de paz y hermandad». Los cristianos que viven en Belén lloran a sus familiares muertos y se mueven discretamente por las calles para evitar encontrarse con el ejército y llegar hasta la iglesia.

En la ciudad emblemática de la Navidad, los tanques en miniatura y los fusiles de plástico son algunos de los juguetes más utilizados por los niños. *

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