Escrito por: RAMIRO PELLET LASTRA - MONTEVIDEO, AFP

Venezuela, se ha transformado en un paÃs paralizado por una huelga nacional donde los principales centros comerciales de Caracas están cerrados y los centros nocturnos y restaurantes cancelaron todas las fiestas. En la vecina Colombia una serie de atentados dinamiteros rompió una suerte de tradición según la cual los grupos armados ilegales decretaban una tregua a esta altura del año, en tanto en Cuba los feligreses católicos todavÃa festejan la Navidad con discreción y reserva, a pesar de que ya no existe el ateÃsmo militante que el gobierno de Fidel Castro instauró en sus primeras décadas.
Con todo, el espÃritu navideño resiste los tropiezos terrenales, expresándose con tenacidad hasta en los paÃses más castigados y en los bolsillos más despojados.
Un ejemplo de obstinada persistencia son las decenas de miles de inmigrantes mexicanos, residentes en Estados Unidos, que cruzan cada año la frontera hacia su paÃs para reunirse con los suyos en Navidad, incluso a riesgo de someterse a las “mordidas” que reclaman los agentes de policÃa o a los asaltos para quitarles traen de regreso a sus hogares como contribución a la economÃa familiar.
En Estados Unidos viven entre 20 y 25 millones de personas de origen mexicano, y entregan cada año unos 9.000 millones de dólares a sus parientes. Muchos de estos vuelven a sus hogares con el dinero a cuestas.
Los colombianos también resisten los malos tragos en estas fechas destinadas a la alegrÃa. Es cierto que los últimos dÃas se destacó una serie de atentados dinamiteros en las grandes ciudades que causaron la muerte de cinco personas. De todos modos, las ventas de Navidad han aumentado en relación con 2001, cuando la crisis económica era más profunda y obligaba a una austeridad mayor.
En cambio en Argentina “cada año, las fiestas son peores”, según un desocupado llamado Luis, ex obrero industrial ganado por la desazón. En un paÃs donde el 53% de la población es esencialmente pobre, donde el pan dulce es una quimera para miles de niños famélicos, las palabras de Luis parecen una realidad evidente.
Pero aún en esa empobrecida nación, que hace un año vio la muerte de casi 30 personas en multitudinarias protestas callejeras que condujeron a la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, queda espacio para la celebración. Asà lo señala otra desocupada, Ana Abbadi, quien sin tener trabajo recibe el consuelo de su barrio de San Telmo, donde de un año a esta parte se consolidó una asamblea de vecinos.
“A diferencia del año pasado, en que todos la pasamos llorando en soledad, este año por lo menos nos reuniremos todos en el local de la Asamblea. Cada uno trae lo que puede, y el que no tiene nada igual algo podrá comer”, se entusiasma.
En una geografÃa muy diferente, la Navidad también es esperanza para un auténtico desfile de mendigos indÃgenas bolivianos provenientes de la zona de PotosÃ, a 4.000 metros de altura, que en los últimos dÃas se apostaron en las esquinas céntricas de La Paz para recoger las monedas que les permitan sobrevivir todo el año. Con ese dinero podrán vivir incluso en mejores condiciones que cosechando las tierras desiertas de sus pagos andinos.
Incluso en un Estado como el cubano, que hasta 1992 se consideraba formalmente ateo, existe espacio para los festejos. *
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