El reformista Roh es el nuevo presidente coreano
Roh, un ex abogado de origen campesino, defensor en nombre de los derechos humanos de estudiantes y sindicalistas perseguidos por regímenes militares, obtuvo, en una de las elecciones más inciertas de la historia, unos 12 millones de votos, 48,9 por ciento, contra 11.400.000 de su rival, 46,6 por ciento.
Sucederá en febrero al presidente saliente, Kim Dae Jung, de 76 años, impedido por la Constitución de presentarse para un segundo mandato, creador del Partido Democrático del Milenio (MDP), el mismo de Roh.
Es la primera vez en la historia de Corea del Sur, fundada en 1948 al mismo tiempo que Corea del Norte, que las fuerzas reformistas conquistan por dos períodos consecutivos la presidencia a expensas del «eterno» ex partido de gobierno conservador, heredero de los regímenes militares y de las elites industriales, burocráticas e intelectuales. «Es un gran día para el pueblo surcoreano. Es una victoria de las jóvenes generaciones», comentaron conmovidas muchas de las miles de personas que festejaron frente a la sede del MDP en Seúl. Casi nadie, hasta unos meses atrás, creía en una posible victoria de Roh, surgido en la primavera pasada del más completo anonimato, y quien conquistó contra todas las previsiones la candidatura de su partido para presidente en primarias en las que fue aclamado por las calles, sobre todo por los jóvenes.
Escándalos de corrupción que llevaron a la cárcel a dos de los tres hijos de Kim Dae Jung, derrotados en serie, habían hecho creer en una fácil victoria de Lee, ex miembro de la Corte Suprema.
Luego, el impetuoso ascenso del jefe de la Federación de Fútbol surcoreana, Chung Mong Joon, tras los éxitos de la selección de ese país en el Mundial de junio, confinó por un breve lapso al ex abogado al tercer puesto en las encuestas.
Pero Roh nunca cedió y con promesas de lucha contra la corrupción, reformas económicas, mejor distribución de la riqueza y de abandono de una «visión imperial» de la presidencia, a la que ni siquiera Kim Dae Jung supo oponerse, pudo concretar el acuerdo político con Chung para la unificación en su favor de las dos candidaturas.
Sin embargo, en la última semana todo parecía inútil.
En primer término, por el retorno del «programa secreto nuclear» de Corea del Norte, elemento decisivo para la victoria de Lee y de sus proclamas de dejar la política de diálogo con el norte y alinearse aún más con Estados Unidos. Pero, sobre todo, por el imprevisto cambio de Chung, que entre el desconcierto general anunció ayer su «irrevocable» decisión de retirar el apoyo a Roh.
Hasta sus más estrechos colaboradores hoy temblaron, pero el deseo de cambiar de las jóvenes generaciones llevó al ex abogado al más alto cargo del país. *
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