Luctuoso aniversario en Argentina cargado de tensión y esperanza
Fueron jornadas de represión y muerte. A conciencia unos, pero a contramano de los deseos de la mayoría, terminaron por instalar en la presidencia a Eduardo Duhalde, quien debe pilotear desde esa falla de origen y darle salida electoral a la mayor crisis de la historia de este país.
Un dato: todas las organizaciones religiosas decidieron impulsar para el miércoles una jornada de oraciones por la paz y contra el hambre, lo que puede dar la magnitud de las obsesiones que dominan estos días a la mayoría de los argentinos.
Hay mensajes cruzados de que puede o no ocurrir, pero hay conciencia que la mayoría de las organizaciones sociales, particularmente las de los desocupados, tienen el propósito de ganar las calles en paz para evocar a los 33 muertos, y por supuesto, intentar pesar en los acontecimientos que en los últimos meses tienen como eje a Duhalde o la interna que libra con Carlos Menem.
¿Un antes y un después tras los primeros meses del año donde las organizaciones sociales surgieron con tanta fuerza que hizo pensar que las masas populares regresaban como el principal actor político?
La sociedad está tan fragmentada por efectos del drama económico, la implosión social, años de caída productiva, con ya dos generaciones de marginales que crecen en número, que se hace difícil imaginar que pueda surgir un liderazgo capaz de revertir este proceso.
Esa fragmentación social es también política y así como hay un fuerte incremento de las ideas sociales avanzadas y las nuevas formas de organización especialmente la de los piqueteros, hay también las visiones represivas con ecos de masas esperanzadas en hombres fuertes y hasta en los militares.
En la provincia de Buenos Aires, por caso, la intención de voto a gobernador es elevada para el «carapintada» Aldo Rico, hoy adosado al proyecto de Adolfo Rodríguez Saá, y no es desdeñable la del ex comisario torturador, Luis Patti, pegado a las ambiciones de Menem. ¿Qué tendencia saldrá victoriosa? Es otro de los tantos enigmas de este fin de año movido.
Hay razones para pensar que la controversia entre los dos referentes de alas no claramente diferenciadas dentro del peronismo, a la que ha venido a sumarse el ex mandatario Rodríguez Saá, fugaz e ilegítimo heredero de la pueblada de un año atrás, podrían explicar el ambiente de tensión existente y las medidas de seguridad que sobre todo en la provincia de Buenos Aires se han adoptado, mensajes todos que tienen una lectura contradictoria: amenazas que pretenden licuar la presencia de los ciudadanos independientes en las calles, pero que pueden irritar tanto como esos momentos en que De la Rúa quiso frenar la marea con represión y estado de sitio.
Días clave
Los servicios de inteligencia difunden mensajes antagónicos e incluso privilegian los que informan que no se esperan actos violentos, aunque tampoco pueden descartarlos.
Impulsar saqueos como un año atrás tiene un destino claro: la guerra de pobres contra pobres, porque se orientan hacia los negocios más vulnerables –los hipermercados saben como defenderse del vandalismo cualquiera sea el origen (el hambre) o el objetivo (la desestabilización, la represión).
No es improbable que un mentado diálogo, por emisarios, entre Duhalde y Menem en busca de un acuerdo pueda ser alentado por el oficialismo para disuadir a los grupos operativos de su rival interno a que no jueguen con fuego para presionar por los objetivos políticos del riojano perturbador.
Duhalde difícilmente defina algo respecto de las siempre mentadas internas del Partido Justicialista que debe seleccionar al pretendiente presidencial hasta que no se superen las jornadas que se avecinan y sus ecos porque un desborde puede aplastar su estrategia. Pero también necesita para seguir postergando definiciones tener un nombre (o un binomio) en sus manos para pelearle a Menem la interna.
Es cierto que el duhaldismo de paladar negro sueña con la candidatura de su mentor, a pesar de que los índices de popularidad del presidente, algo mejor que meses atrás, son pobres: tantas postergaciones, tantos escasos respaldos a los que se animan a competir con Menem, hacen sospechar que en rigor trabaja para su propio futuro.
Sin embargo, aunque de ese supuesto anhelo se hable, no cierra políticamente: al contrario, devaluaría más su palabra de que no sería candidato a nada, le puede quebrar el costosamente construido espacio no menemista o peor todavía generar una pueblada mayor de la de sus dos antecesores.
En algún momento el peronismo debe definir si selecciona democráticamente a su candidato: cuesta creer que Duhalde le facilite la faena a Menem y cualquiera sea el acuerdo al que puedan llegar sus negociadores, puede tener el fulgor de un lirio.
En el duhaldismo se ha pensado en adosarle a uno de los dos pretendientes en disponibilidad, José Manuel de la Sota o Néstor Kirchner, a Roberto Lavagna imaginando que le otorgaría el calor de un funcionario racional que conduce en el equilibrio de lo tradicional las relaciones con el FMI y se le acredita haber superado la larga noche de la recesión.
Siempre que llovió, paró
Es casi una ley que después de una prolongada crisis se inicia un período de recomposición; lo que ocurre es que no alterará (por ahora y mayormente) la situación social en un país donde se marcha a consolidar la decadencia estructural. Dicho de otro modo, es otra ilusión pensar en Lavagna como tractor de voluntades.
¿Lo será Hilda González «Chiche», la esposa del presidente? La idea de hacerla vicepresidenta no disgusta a De la Sota; a Kirchner puede seducirlo si le exhiben un respaldo real, en todo caso en su zona hay quienes prefieren engarzar un frente amplio con sectores de fuera del justicialismo. El papel que la primera dama está jugando en la llamada cruzada contra la pobreza en Tucumán suena a algo más que buena voluntad solidaria. Y si no, ¿por qué se mide su imagen en la sociedad? Por ahora es un proyecto en construcción.
Duhalde no tiene otra alternativa frente al Fondo o el Banco Mundial, en estas semanas de conflicto social e institucional, que exhibirse como poniendo un límite a las exigencias foráneas. Y vive esperando qué ocurrirá en la Corte Suprema que todavía podría impugnar la pesificación y crear un problema enorme a la conducción económica.
El acuerdo con el FMI está más lejano que nunca con el actual gobierno. No es curioso que el copiloto de Menem, el gobernador de Salta, Juan Carlos Romero, esté operando en Washington a favor de la propuesta del binomio, pero es llamativo que coincida con nuevos reclamos del FMI para Duhalde-Lavagna.
La necesidad tiene cara de hereje. Hay una sensible mayoría que respalda no usar las reservas de divisas para pagar vencimientos de las deudas con organismos financieros internacionales. Usarlas sería condenarse a rifarlas en escasos meses y desatar las iras de la inflación. La actitud provoca adhesiones populares. Pero de ahí a la imaginería alrededor del futuro político de Lavagna, hay un largo trecho.
El ministro consiguió que Duhalde lo apoyara para desprenderse de Aldo Pignanelli, la voz de los banqueros y del FMI en la cabeza del Banco Central. Su sucesor, Alfonso de Prat-Gay no proviene de las filas académicas de Lavagna, pero hay una fuerte coincidencia en el rumbo que debe tomarse, el papel del banco madre en el despegue económico y en defensa del peso y las divisas.
Mucho más allegado al ministro, es el nominado como vicepresidente del organismo, Pedro Lacoste, un productivista, casi un cambio coperniconiano para el Central donde se enraizó el neoliberalismo ortodoxo en lo académico y el menemismo en lo político.
Amagos de resistencia en la Cáma
ra Alta para darle acuerdo brota de este deslizamiento del liberalismo menemista al keynesianismo del que hacen gala los nominados. Provoca malestar que el joven economista haya trabajado para JP Morgan, pero ha declarado que no se ocupará de la renegociación de la deuda, tarea del ministro de Economía, dijo, aunque debería ser del Parlamento, como lo indica la Carta Magna.
¿Cuál es el margen y voluntad real de Duhalde de sostener la política de no pagar deudas hasta que el FMI se avenga a firmar un acuerdo? El mes próximo vencen compromisos muy fuertes con el propio Fondo y el default tan temido, que ya está con la deuda privada, se generalizará. La vida demostró que hay vida más allá del FMI, aunque el gobierno busca acordar.
Menem y la voz de Bush
Todo esto sirve a Duhalde para mejorar su imagen. El Fondo no es popular, ya se conoce, y el mensaje que Menem envía a Washington es que él es garante de previsibilidad con los organismos financieros y el capital privado.
La imagen del ex presidente en los EEUU y Europa es hoy diferente a la que creyeron captar por esos sitios muchos argentinos de peso hace pocos meses. Menem se las ingenió para ir sacando obstáculos, colocándose como virtuoso del discurso de George W. Bush y su coalición derechista.
Cuando llegó al gobierno en 1989, Menem se adosó a la política exterior de los EEUU, revoleando toda la tradición al respecto.
Ahora cuando parlotea acerca de la pena de muerte para combatir el delito, incluso convocando a tareas de represión a los militares, no piensa tanto en lo interno como sumarse a la dirección que en materia de seguridad ha definido la administración republicana y que va convirtiendo a EEUU, crecientemente, en un estado policial.
Sabe Menem que su discurso fascistizante es canto de sirenas para los que mandan en Washington, y sabe también qué papel puede jugar para hacerle a Bush más accesible su política en esta parte del mundo.
La clave será Brasil con su proyecto de integración y negociación que tiene al Mercosur como pivote. Con la firma de su tratado bilateral con EEUU, Chile parece jugar un papel amortiguador.
Puede ser una exageración, de todos modos, EEUU supo terminar el acuerdo de libre comercio en el momento oportuno. Hoy las miradas de Washington en esta parte del mundo están puestas en Venezuela.
En Argentina debe comprenderse que con su futuro se juegan muchos sueños que renacen por estos lados del planeta. *
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