Las primeras internas la hacen los radicales
Ellos lo han decidido así pese a las dudas que tiene el peronismo para realizar su propia selección, no sólo porque se quieren exhibir diferentes, sino porque creen contribuir a afianzar un proceso eleccionario que hoy se presenta más que confuso.
La Unión Cívica Radical es un partido más que centenario que dio seis presidentes a este país pero cuatro de ellos no pudieron terminar su mandato: dos por golpes de Estado (Hipólito Irigoyen en 1930, Arturo Illia en 1966), y los restantes, Raúl Alfonsín en 1989 y Fernando de la Rúa, en diciembre del 2001, por golpes de mercados, hiperinflaciones o movilizaciones populares de repudio combinadas con francos sesgos desestabilizantes en el último caso.
Con tanto pasado poco alentador y la sensación generalizada de declive, un millón de adherentes deberían ir a las urnas. Al menos teóricamente, si consiguen movilizar un tercio, todos los que intervienen se considerarían satisfechos: sus afiliados no muestran demasiado entusiasmo en las internas presidenciales abiertas a los independientes.
Dos hombres se enfrentarán: Leopoldo Moreau y Rodolfo Terragno; un tercero, Osvaldo Alvarez Guerrero se acaba de retirar de esta compulsa.
El primero es la expresión más pura del aparato partidario, del «sentimiento radical que es parte de la existencia», explican, aunque no les gusta que les digan que el aparatismo está vinculado al clientelismo, al uso del Estado para financiarlo, una manera de hacer política que hoy irrita a los ciudadanos.
Dos estilos en pugna
Su rival es el intelectual Rodolfo Terragno, que fue jefe de Gabinete crítico de De la Rúa, pero que se gana el encono de los radicales químicamente puros porque él sostiene que no quiere ser el candidato del partido sino de los independientes.
Pero es difícil que sea apabullante la participación de los sin partido y que a pesar de todo la elección quede restringida a una lucha de aparatos. Por eso no sólo buscan votantes, sino también diez mil fiscales que necesitan para controlar las urnas. Un mínimo descuido en el escrutinio de un distrito puede dar vuelta el resultado de un comicio parejo por maniobras non sanctas.
La fórmula que Moreau comparte con el misionero Mario Losada arrasaría en la primera línea partidaria. Sus aspiraciones se basan en el apoyo de Raúl Alfonsín, ex presidente, Eduardo Angeloz, ex gobernador de Córdoba, y cinco actuales gobernadores: de Entre Ríos, Chubut, Río Negro, Corrientes y Chaco. El chaqueño Angel Rozas es, además, titular del Comité Nacional.
Los otros dos jefes provinciales, el mendocino Roberto Iglesias y el catamarqueño Oscar Castillo, se declararon prescindentes. No son los únicos, idéntica actitud adoptaron los caudillos de Córdoba, Ramón Mestre, y de Santa Fe, Horacio Usandizaga, entre otros.
La sombra de Carrió y López Murphy
Terragno apeló a los hacedores, a los triunfadores y por eso su copiloto Jaime Linares es el intendente de Bahía Blanca, y está seguro de arrastrar a la mayoría de los 656 jefes municipales radicales. También espera el aporte de afiliados espontáneos atraídos por su mejor imagen pública y el que le prometieron líderes como Jesús Rodríguez y Rafael Pascual en Capital, o Federico Storani en Buenos Aires y José Genoud en la provincia de Mendoza.
Muchos dirigentes admiten que la UCR tendrá escasas chances de disputar la Presidencia en los comicios del 27 de abril. Centran su interés en el futuro manejo de la reorganización del partido, todavía aturdido por el colapso aliancista.
Los candidatos se hicieron cargo de esa situación y durante la campaña, Moreau apela a la identidad radical; en tanto, Terragno se preocupa más por la propuesta de tinte desarrollista.
A los actos partidarios es escasa la concurrencia. Pero Alfonsín sueña con un 15% de sufragios en las presidenciales y que hasta con un poquitito más, si los datos siguen dando parejos a los otros pretendientes, por allí hasta les cae del cielo ir al balotaje.
Sueños: ninguna encuesta le da, por caso a Terragno, más que el 3%. Moreau, casi ni figura.
Y sobre todo, del radicalismo partió Elisa Carrió, hoy la más fuerte pretendiente no peronista. y por derecha, el economista, Ricardo López Murphy.
Unos y otros, se cree, se llevarán gran parte del electorado tradicional de la UCR. *
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