Bush recibe a Lula apostando a su moderación y a las leyes del mercado
Estados Unidos no oculta su interés por mantener una buena relación con el gigante sudamericano –200 millones de habitantes, segunda economía latinoamericana– en un momento en que varios países de la región sufren de inestabilidad política y económica.
Bush «está ansioso por recibir al presidente electo Lula y felicitarlo por su éxito», dijo la semana pasada Colin Powell, secretario de Estado norteamericano, según la agencia brasileña Estado.
El presidente estadounidense quiere «escuchar los planes de Lula para mejorar la situación económica de su país y ver cómo podemos ayudarlo», añadió.
Tanto Washington como Wall Street han dado a Lula el beneficio de la duda, confiados en que su gobierno mantendrá el camino de reformas iniciado por su antecesor, Fernando Henrique Cardoso (centro), y en que las señales de moderación política dados en la campaña son reales, señalaron varios analistas.
La administración Bush no tiene «por qué mirar necesariamente su izquierdismo como algo negativo», dijo Stephen Johnson, experto en la región de la Heritage Foundation, un centro de análisis allegado al Partido Republicano.
El escenario ideal tras la reunión entre Bush y Lula sería «que ambos líderes se comprometan a trabajar en favor del libre comercio, lo cual ayudaría a Bush a tomar decisiones relacionadas con problemas domésticos» para reducir los subsidios al agro y eliminar las tarifas anti-dumping que reclama Brasil para negociar el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), afirmó.
Ambos países copresiden las negociaciones del ALCA, que Washington quiere alcanzar en 2005 y que Brasilia dice que suscribirá si beneficia también sus intereses y no sólo los estadounidenses.
Pero no todo Washington recibirá a Lula con los brazos abiertos. Varios conservadores lo acusan entre otras cosas de ser socio de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Cuba, Fidel Castro, dijo a la AFP Riordan Roett, director para América Latina de la Universidad Johns Hopkins.
Pero eso «es una tontería», acotó.
«Lula ha sido muy claro: es un demócrata, ha sido presidenciable en cuatro elecciones democráticas, su gente ha sido electa en cientos y cientos de cargos a nivel estatal y municipal de manera democrática», indicó, y añadió que Washington y Wall Street confían en que su gestión será buena.
Tras el pánico generado en los mercados por la perspectiva de un triunfo de Lula, el FMI ha dado el visto bueno a sus propuestas, que catalogó de «prudentes y apropiadas». El director gerente del Fondo, Horst Koehler, le dio un espaldarazo al reunirse con él en Brasil la semana pasada.
El viaje de Lula a Estados Unidos y su cita con Bush tienen «un peso simbólico», estimó Bill Perry, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
«Muestra que no sólo no es antagonista hacia un país y un líder muchas veces criticado por el Partido de los Trabajadores (y por el propio Lula) sino que espera continuar la positiva y constructiva relación bilateral que existe más allá de titulares sensacionalistas», dijo.
Lula tendrá una apretada agenda en su visita de 24 horas en la capital estadounidense: se reunirá con Bush el martes a las 09H50 local en la Casa Blanca, tras lo cual almorzará con representantes del Club Nacional de la Prensa y se entrevistará con el presidente de la central sindical estadounidense (AFL-CIO), John Sweeney.
Luego se encontrará con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias, y posteriormente con congresistas estadounidenses, previo a una recepción por la noche en la embajada brasileña. *
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