EL MAL ES POSIBLE PORQUE SE CREE IMPUNE

Me siento mal de no haber escrito nada hasta hoy, no haber escrito antes de las elecciones, no haber hecho nada concreto e importante por hacer comprender la importancia de este plebiscito más que con los cercanos, que de todos modos ya estaban convencidos.

Me da vergüenza el resultado, me duele, es herida abierta, es repetición, desamparo, injusticia.

Ya con el voto verde y amarillo sentí muchas de las cosas que hoy siento, finalmente lo laudé con el miedo de la gente recién salidos de la dictadura.

Hoy no puedo creer en el miedo de la gente. Esta gente que votó mayoritariamente al FA no puede ya tener miedo?

¿Es indiferencia? ¿Es desconocimiento? ¿Es una serie de razonamientos inconexos que se han planteado desde la oposición a esta ley? O tal vez estos solo sean respuestas superficiales que nos queremos dar rápidamente.

Provengo de sobrevivientes del holocausto. En Nuremberg se enjuició a los mandos altos con responsabilidad directa, luego se siguió buscando por el mundo a responsables que habían huido de esos juicios, se encontró a algunos. Eichmann tuvo un juicio que fue paradigmático, sobre sus respuestas se construyó la concepción de la ?banalidad del mal?. Ríos de tinta se escribieron sobre aquel genocidio. Nadie pensó que podría haber otros. Todos creyeron que ?nunca más?.

Analizando los efectos de las dictaduras, hemos llegado a la conclusión que, de un modo u otro, siempre es posible otra vez. Más sutil o menos sutil, coordinado desde lejos, como con el Plan Cóndor, pero con participantes próximos, siempre es posible que la humanidad vuelva a actuar en contra de la humanidad y que lo haga con tal convicción que siempre asombre esa banalidad.

El mal es posible porque se cree estar protegido contra el castigo.

El mal es posible porque se cree justo en sí mismo.

El mal es posible porque se cree impune.

El mal es posible porque no se cree que sea un mal.

El mal presupone un lavado de cerebro general de la población para que no se vea como mal.

Eso que sucede en el ámbito secreto del abusador, el silenciamiento, el disfraz de cosa común y amorosa, la anulación del pensamiento del abusado, etc., etc., es la misma acción que se ejerce sobre una sociedad cuando se la reprime, silencia, tortura, pero ante todo anula su capacidad de pensar.

Leí hace poco que cuando en una sociedad se tortura, no se hace un efecto solamente en el torturado y sus cercanos: se cambia a toda una sociedad. (La Diaria Entrevista a Finkielstein).

Fundamental, no creí que aún fuese tan operativo. Cambiaron a nuestra sociedad, con plan Cóndor, tortura y miedo y no podemos votar por anular la Ley de Impunidad.

Habrá que trabajar sobre qué más cambiaron en nuestras cabezas, porque estoy segura que aparte de esa gran mayoría que no pudo votar la anulación de la ley, hay muchas otras cosas que cambiaron en nuestras cabezas, en nuestros pensamientos, que no nos permiten ya ser libres.

Tenemos nuestros pensamientos tomados por un militar fascista que a cada paso nos sopla al oído desde adentro nuestro, lo que debemos y lo que no debemos hacer.

El psicoanálisis nos enseña que da mucho trabajo ser libres, si es que se logra totalmente alguna vez. Que dentro nuestro existen mandatos que vienen de nuestra educación, formación, sociedad internalizada, imperativos inconscientes y demás.

¿Será que la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado es parte de esos mandatos que todos tenemos sin saberlo?

Si así fuera, ese mandato funcionó como en los abusados: algunos se transforman en abusadores a su vez, otros son víctimas toda la vida y actúan como tales. Pocos luchan contra lo que en ellos queda de esa dramática situación y logran ser conscientes de sus mandatos internos y rebelarse.

Los efectos de una dictadura genocida actúan en todos nosotros, los que no votaron por la anulación, como abusadores de nuevas víctimas de abuso de una ley que ampara a cualquier criminal, pues impunidad es impunidad genérica. Los que votamos por la anulación de la Ley, por no haber podido tener la fuerza de convicción hacia quienes no la votaron, porque en nuestras cabezas el mandato opera así, impidiendo pensar con otros para hacerlos a su vez pensar. Y seguro aquellos muy conscientes de lo que les ocurrió, aislados por ser extraños especímenes, que pocos terminan de entender?

Somos víctimas de abuso sin saberlo, actuamos como víctimas sin poder oponernos a seguir siéndolo, porque no tomamos conciencia del abuso que sufrimos.

Tenemos que trabajar por tomar conciencia que mientras exista impunidad todos somos víctimas de ella. Ya sea por la famosa inseguridad ciudadana, ya sea por nuestra dificultad de ser solidarios, ya sea por nuestra hipermoderna indiferencia social.

Tenemos por delante el arduo trabajo de sabernos víctimas, para luego recién elaborar estrategias para no serlo nunca más.

(*) Profesora titular del Area de Psicoanálisis de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República.

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