Paternidad y violencia de género

Marcos Nascimento tiene 42 años y nació en Rio de Janeiro. Es doctorado en Salud Colectiva, investigador en género y masculinidades, codirector ejecutivo de Promundo y codirector de Alianza Men Engage, red mundial compuesta de más de 400 organizaciones no gubernamentales y agencias de Naciones Unidas que fomenta el compromiso masculino en la búsqueda de la equidad de género. La paternidad y la lucha contra la violencia de género, plantea, son los dos temas en los que urge la intervención masculina.

-¿Qué puede aportar la participación de hombres, jóvenes y niños mediante procesos educativos a la construcción de un mundo equitativo e igualitario?

– Sabemos del poder de cambio de los procesos educativos. Por eso me parece importante el trabajo con niños y niñas desde una perspectiva de construcción de masculinidades y feminidades con base en comunicación, diálogo y respeto. Es fundamental involucrar al sector educación y salud en ese proceso. Y por eso la importancia de un debate con formuladores y gestores de políticas públicas.

-Men Engage Latina y Andina, decidieron en reunión de Rio de Janeiro, transversalizar todas las acciones en dos temas: paternidades y violencia de género.

– Ser padre va más allá del rol de proveedor. ¿Cómo aprendemos a ser padres?, ¿cuál es el papel de la socialización masculina en términos de aprendizaje del cuidado de niños y niñas? Son temas sensibles en los que precisamos avanzar: la cultura del cuidado en el mundo masculino. Y, por supuesto, tener condiciones de avanzar en debates como la licencia de paternidad, la homoparentalidad, etc.

Con la violencia de género pasa lo mismo, o sea: yo digo que si los hombres son parte del problema, tienen que ser considerados como parte de la solución. Eso implica iniciativas de prevención de violencia, de trabajos con hombres agresores, etc. Para lograrlo hay necesidad de políticas públicas claras y un fuerte diálogo con el movimiento de mujeres y feminista. Y considerando la violencia homofóbica como un problema de afirmación de género por parte de algunos hombres, es necesario incluir un diálogo con los movimientos LGBT (lésbicos, gay, bisexuales, transexuales).

-¿Qué criterios deben guiar el trabajo con adolescentes?

– Ellos, por su condición de desarrollo, son más abiertos a participar de actividades educativas, están empezando sus primeras relaciones afectivas y sexuales, son fuertemente influenciados por su grupo de pares. Con base en eso, elaboramos el Programa H (h de hombre, en portugués y español), que se focaliza en un trabajo de reflexión sobre el significado de ser hombre en actividades participativas en grupo. Pero eso no es suficiente: es necesario producir cambios comunitarios y sociales. En ese sentido, la elaboración de campañas que muestren el involucramiento de hombres equitativos como modelos para otros adolescentes y jóvenes, puede tener una influencia positiva bastante interesante.

-¿Cómo se interpretan, desde el género, los trastornos de alimentación, alcoholismo, adicciones y violencia en adolescentes?

-Sabemos que la adolescencia es un momento especial del desarrollo humano: tiempo de confrontación, de experimentar cosas nuevas y sobre todo de una fuerte influencia del grupo de pares. Sin embargo, tenemos que tomar en cuenta no solo las cuestiones individuales: también las cuestiones estructurales como el medio social y cultural en que los/as adolescentes están insertos. Y, por supuesto, la perspectiva de género es una herramienta de análisis interesante. Los hombres, desde muy chicos, están expuestos al mundo público. La calle es un espacio fundamental para la socialización masculina con todos sus ritos: el primer trago y la primera borrachera como una manera de afirmarse hombre delante de su grupo de pares, la experimentación de drogas, la violencia, entre otros.

Creo que los ritos de iniciación de los hombres (que son variados dependiendo de cada contexto y de cada cultura) favorecen una serie de vulnerabilidades. Y lo más interesante es que muchas veces son naturalizados, banalizados y legitimados como parte de ser hombres, sin tomar en cuenta los costos para los hombres y por supuesto para las mujeres también.

-¿Otras masculinidades son posibles?

-Hace como 25 años participé de mi primer grupo de hombres. Lo que era un deseo individual de trabajar mis dudas, temores, deseos, se ha convertido en una causa amplia que solo fue posible por encontrar otros tantos hombres comprometidos con la construcción de un mundo más justo y igualitario. Creo que los hombres comprometidos tienen la ?misión?, a través de sus acciones, de presentar diferentes formas de relacionarse entre sí (entre hombres), con niños y niñas, y con las mujeres, celebrando la diversidad de posibilidades de ser hombre. (Artemisa Noticias)

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