La nueva adopción de Madonna
El mundo se entera que suceden cuando son las famosas -y también algunos famosos- quienes protagonizan ?exóticas? adopciones. Tratado por la infaltable frívola prensa ?del corazón? como si fuera una colección de fotos para Benneton, vemos a Angelina Jolie con sus niños de distintas partes del planeta -o sea, con colores de piel bien diferenciados, que aunque nadie lo admita abiertamente es lo que incomoda-, en brazos. Ahora Madonna vuelve al tapete con este tema: lo suyo son las chica y chicos africanos.
En 2006, cuando todavía estaba casada con Guy Ritchie, la diva del pop había iniciado los trámites de adopción de David, un bebé de Malawi que por entonces tenía 13 meses y vivía en uno de los tantos orfanatos del país. En esa oportunidad, Madonna filmó un documental sobre el imparable crecimiento del sida, que tan solo en Malawi tiene a un millón de niños viviendo en orfanatos, a causa de la muerte de los dos o de al menos uno de sus progenitores a causa de la enfermedad. También fundó ?Raising Malawi? que apoya con recursos la alimentación, educación y salud de estos niños.
En un orfanato de Bvumbwe se había encontrado con Mercy, una niña cuya madre soltera de 18 años falleció cinco días después de darla a luz. Ahora de 3 años, Madonna decidió adoptarla volviendo a enfrentarse con la justicia de Malawi donde, entre otros requisitos, se exige tener una familia constituida (Madonna está divorciada) y una residencia de al menos 18 meses en el país.
?TODOS LOS NIÑOS TIENEN DERECHO AL AMOR?
Es claro que el poder del dinero y la fama han podido saltarse los obstáculos legales, haciendo que la Suprema Corte de Apelaciones de Malawi falle, nuevamente, a favor de Madonna. Los tres jueces que rechazaron la apelación presentada por organizaciones de derechos humanos, basaron su sentencia en que, si bien es cierto que Madonna no vive en Malawi, está presente a través de la fundación de la cual dependen muchos huérfanos para vivir.
A juicio de la Corte, las alternativas para Mercy eran ?quedarse en el orfanato sin el amor de una familia o irse con Madonna donde tendría asegurado el amor? (y la comida y el bienestar completo, algo bastante poco probable de alcanzar en un país donde por cada mil nacimientos mueren 120 niños, la expectativa de vida es de 44 años y al menos el 14% de la población adulta tiene sida). Ya que no todos son iguales ante la ley, estos jueces sí pudieron concluir afirmando que: ?Todos los niños tienen derecho al amor?.
El presidente de Malawi, Bingu wa Mutharika, respaldó la decisión de la Corte y, contribuyendo a la polémica, deseó que existieran más personas dispuestas a adoptar desde la comunidad internacional, para que ?estos chicos tengan mejores oportunidades educativas? (la mayoría no asiste a la escuela).
La postura de organismos internacionales como Unicef y el Consejo Consultivo de Derechos Humanos de Naciones Unidas y de organizaciones no gubernamentales en este tema, es que la adopción a escala internacional debería ser considerada como la última alternativa posible. En términos ideales se entiende que lo mejor para los niños es criarse en sus comunidades de origen, alentando la adopción por parte de sus familiares más cercanos -algo difícil porque el sida alcanza también a la parentela- o viviendo en los orfanatos pero sin experimentar el desarraigo cultural al que se ven expuestos al irse a vivir a un país extranjero.
En el caso de las adopciones de Madonna, lo que más contribuye a la polémica es que el padre de David aún continúa vivo y Mercy cuenta con su abuela, si bien no se hace cargo de la niña. En última instancia, lo más aconsejable sería que aquellos extranjeros que estén dispuestos a adoptar deberían hacerlo con huérfanos ?verdaderos? y sin parientes a la vista.
Antes que finalice esta década Naciones Unidas estima que 18 millones de niños africanos habrán perdido al menos uno de sus progenitores por el sida; actualmente la cifra alcanza a 43 millones de huérfanos en todo el continente algo que, claro está, es imposible de abarcar a través de las adopciones, propias o extranjeras. Tampoco nos engañemos: la ayuda monetaria internacional que se destina a esta causa no cuenta con tantas benefactoras de la talla de la ex ?chica material?.
LA MALA CONCIENCIA DEL MUNDO RICO
Según un artículo del ?Times? británico, el ?efecto Madonna? ha provocado que muchos padres de la Europa del este estén pensando en dar a sus hijos en adopción con la esperanza de que los ?ricos occidentales? se hagan cargo de ellos. Lo cierto es que, sólo en Sudáfrica, en el año 2005, trescientas niñas y niños fueron adoptados por extranjeros, en su mayoría por familias de Holanda y Suecia, una cifra que no deja de ser insignificante comparada con los millones de huérfanos de ese país.
Mientras tanto en Estados Unidos, país donde viven las sonadas celebridades que adoptan, se estima que desde 1990 a la fecha las adopciones internacionales legales se han, cuando menos, triplicado. Y no son pocos los que piden que primero se mire por los huérfanos propios que por los ajenos.
Elizabeth Bartholetis, directora del Programa de Aliento a la Infancia y profesora de derecho en Harvard, tiene una opinión muy clara, contraria a la de los organismos internacionales: ?¿Por qué cerrarnos a la adopción internacional? La alternativa en el mundo real para estos niños es entre la vida y la muerte en las calles o en los orfanatos, esa clase de instituciones que, muchas investigaciones ya han demostrado, destruyen sistemáticamente las capacidades de los niños para funcionar normalmente en la sociedad. Por contraste, sabemos que las adopciones funcionan increíblemente bien al proveer a los niños de hogares nutrientes -alimentación, amor, cuidados- y que mejor aún será el beneficio cuanto más temprano en sus vidas se logre intervenir?. Asimismo, recordó en una editorial del ?New York Times? que una actitud similar fue necesario revisar a la interna del país cuando el Congreso aprobó en la década pasada el Acta de Ubicación Multiétnica, rechazando la idea de que los niños sólo pueden ser adoptados por sus comunidades de origen, nacimiento o etnia, habilitándose por primera vez en la historia la adopción interracial sin trabas legales.
JUZGAR NO RESUELVE EL PROBLEMA DE BASE
El tema es muy polémico porque todas y todos deberíamos tener garantizados los derechos universales que tanto se proclaman desde que nacemos para poder crecer en nuestra tierra, cultura y sociedad. De todas formas, no me siento con la capacidad de juzgar tan duramente a Madonna o a los cientos de personas anónimas que adoptan niñas y niños africanos, cualquiera sean sus motivaciones porque hacen más de lo que hacemos casi todos, o sea, nada. También me parece muy estrecho decir que las famosas lo hacen para generarse más fama -con dar unos cuantos dólares y sacarse fotos con lágrimas en los ojos mientras abrazan conmovidas negritos/as africanos alcanza para eso-, porque es necesario un compromiso mínimo para tomarse el trabajo de batallar legalmente y hacerse cargo de una vida (aun cuando hay quienes dicen que de la crianza se encarga el personal doméstico).
Por otro lado, comprendo la preocupación de los países africanos, que todos los días deben enfrentarse a la indiferencia internacional ante las muertes por sida o las infructuosas guerras civiles, amén de todas las riquezas que se les sigue robando como en la época de las colonias. Como comunidad internacional, condenamos al Apartheid en Sudáfrica cuando ya estaba en su agonía -es decir, lo permitimos flagrantemente por décadas- y ahora, no seamos hipócritas, sigue sin importarnos lo que pasa en ese continente o lo miramos con la misma actitud condescendiente -¿racista?- de siempre.
Pero si apoyamos el derecho internacional al perseguir tiranos y violadores de derechos humanos para que no tengan escapatoria a escala planetaria, con igual fortaleza deb
eríamos alentar la adopción, también como una forma de combatir el tráfico y la comercialización de bebés estimulada por tantas trabas y exigencias, empezando por facilitar más las adopciones legales en cada país. Primero deberíamos ocuparnos de nuestros propios huérfanos, pero no menos cierto es que ?nada de lo humano nos debe ser ajeno??
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