Consuelo combativa

onsuelo fue una mujer combativa y combatida en el marco de una de las más crueles guerras civiles del oeste mexicano. La historia no oficial cuenta en sus manuales, no aptos para enseñanza primaria, secundaria y universitaria, la leyenda viva de una mujer que no dudó nunca en llegar a territorio enemigo a cantar rancheras mientras hacía un strip tease. A ritmo de ranchera, se despojaba de su camuflado uniforme militar consistente en ajustados pantalones azul francia y una blusa con abultadas flores étnicas que ocultaban un arsenal balístico que en caso de buena suerte hacía explotar en medio del escenario con los últimos aplausos, un minuto antes de escapar raudamente en su alazán. Amada por unos y amada también por otros fue siempre fiel a su ejército rebelde, al que lideró en base a buenos modales y confianza recíproca. Muchas noches de insomnio se dedicó pacientemente a descifrar el destino de su ejército, basándose en la marcha de los escarabajos deslizándose por los ramajes selváticos. Muchas veces acertó y muchas veces le erró de una manera tan feroz que llegó a odiar a los escarabajos como si se tratara de perversos dioses de la fatalidad. Nunca creyó a pie juntillas en sus propios poderes y superó los trances más difíciles componiendo rancheras que solía ensayar en la soledad de la selva, alejándose del campamento hasta seis kilómetros para no ser escuchada. Muchas de esas rancheras eran verdaderas elegías donde ensalzaba la dulzura de la muerte y la traición de la vida. Fue siempre muy generosa con sus apetencias amorosas y las de sus soldados y nunca permitió que la guerra fuera más importante que el amor. Jamás dio la voz de fuego sin tener la certeza total y absoluta de que en el campamento no hubiera ningún soldado preparado más para el amor que para la guerra. «Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa», solía decir con sabiduría guerrera. El destino cruel le jugó una mala pasada una noche que huyendo en su alazán, luego de haber hecho detonar cinco granadas en un campamento enemigo, se dio cuenta de que cabalgaba completamente desnuda. La vergüenza le impidió reunirse con su ejército y a partir de ese momento, todas son suposiciones en relación a su vida o en relación a su muerte. Hay quien dice que se ocultó en la selva para siempre; hay quien dice que rapó su larga cabellera negra y asumió la identidad de Jacinto «El duro», un audaz y sanguinario teniente que en siete años de guerra civil nunca se sacó los pantalones y andaba por las noches alejado del campamento descabezando escarabajos.

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