para una niña de 9 años, violada y embarazada?
a niña de 9 años, violada reiteradamente por el concubino de su madre, cursaba un embarazo gemelar de 4 meses. Actuando dentro de la ley vigente en Brasil, un equipo de profesionales de la salud del Centro Integrado de Saude Amaury Medeiros del estado de Pernambuco atendió el aborto solicitado por la progenitora.
El arzobispo de Olinda y Recife, luego de intentar sin éxito impedir la interrupción del embarazo, anunció que la madre y los médicos intervinientes quedaban excomulgados. Esa determinación fue apoyada por el Cardenal Ginanni Batista Re, que encabeza la Comisión Pontificia para Latinoamérica. Paradójicamente, el violador -que también habría abusado sexualmente de la hermana discapacitada de la niña- no fue objeto de la misma sanción eclesial.
El presidente Lula afirmó: «Los médicos hicieron lo que tenían que hacer: salvar la vida de una niña de 9 años. La profesión médica estuvo más en lo correcto que la Iglesia Católica». Aludía a la ley brasileña que permite el aborto por violación y por riesgo de la vida de la mujer, dos supuestos que eran aplicables al caso.
«Un cuerpo de 9 años no debe gestar a un bebé (en el caso eran dos, ya que la niña engendró gemelos). Todo embarazo de una niña debe considerarse como fruto de violencia sexual, es decir, como un delito gravísimo. Por lo tanto, nada ni nadie puede justificar que siga su curso, menos aún castigar a quienes, cumpliendo con su deber profesional, con la ley y con una postura ética, interrumpen un proceso que nunca debería haber comenzado», sentenció la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (Rsmlac).
Ante los hechos, la Comisión de Ciudadanía y Reproducción (CCR), fundada en 1991 e instalada desde entonces en el Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento (Cebarp) inició una amplia recolección de firmas en Brasil y más allá de sus fronteras, en solidaridad y apoyo a los profesionales atacados por la Iglesia Católica. La Rsmlac hizo un llamado apoyar esa campaña a través de la web //www.ccr.org.br/a_iniciativa05_mar09.asp
El escándalo público no pasó inadvertido en el Vaticano mismo. En artículo publicado el 14 de marzo en su diario «L´Osservatore Romano», el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, monseñor Rino Fisichela, dice que los médicos que realizaron el aborto no merecían excomunión. «Hay otros que merecen la excomunión y el perdón, no los autorizados ayudar a vivir y a restaurar la esperanza y la confianza, a pesar de la presencia del mal y la maldad de muchos», escribió Fisichella, uno de los más cercanos colaboradores del Papa Benedicto XVI y la mayor autoridad del Vaticano en materia de bioética. A su juicio, el obispo de Olinda y Recife «se apresuró» y con su gesto puso en peligro la «credibilidad» de la Iglesia, haciéndola aparecer como «insensible y sin misericordia».
Sin perjuicio de reafirmar que el aborto no espontáneo siempre fue y sigue condenado a la excomunión, que es automática, Fisichella considera que «Es más urgente proteger vidas inocentes y llevarlo a un nivel de humanidad, algo en lo que nosotros, los hombres de la Iglesia, debemos ser maestros».
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