¿juguetes rabiosos o juguetes pacificadores?

odo parece indicar que en el principio ya era el juego. Y no porque nos creamos el cuento del Libro del Génesis acerca del muñeco de barro al cual Dios habría insuflado vida, extrayéndole luego -cuando el recién creado varón dormía como si se hubiera tomado 5 gramos de ribotril- una costilla para inventar a la mujer…

A la vez, ya que hablamos del famoso muñeco «hecho del polvo de la tierra», como dice el Antiguo Testamento, que habría dado origen a Adán, vale recordar que existían muñecos fabricados con tierra cocida, hueso, cobre, incluso con articulaciones en el Antiguo Egipto. Y también que viene de lejos la leyenda de hombre que quiere asemejarse a Dios y darle vida a esas figuras de apariencias humanas (el Golem, la criatura de Frankenstein, Pinocho…).

Asimismo, y ya en el orden de los objetos que pueden cobrar movimiento, cabe recordar que juguetes usados por chicas y chicos como el barrilete o el trompo, son de muy vieja data.

Y si bien en algún momento empezó a mirarse mal que los varones jugaran con las muñecas -para ellos estaban muñecos guerreros, representantes de oficio más antiguo del mundo (que dio origen a la prostitución, al esclavizar a las mujeres de los vencidos)-, la verdad es que el mismísimo Casanova terminó enamorándose de una muñeca de madera, una simple autómata. Puro fetichismo, dirán ustedes, y tendrán razón. Sin embargo, con muy diferente aplicación, no hace falta aclararlo, ¿de qué otra manera catalogar a esos animalitos de peluche, tan sobados y desteñidos, tan tiernamente amados, que acompañan el dormir de la gente pequeña, en oportunidades hasta bien entrada la llamada edad de la razón. Ese osito -o el animal que fuere, incluso esa muñeca de trapo- que cuesta erradicar de la cama de chicas y chicos… Porque aunque a los varones se los suele alejar -como de la peste, a menudo- de las muñecas con forma humana (dando por sentado que los sentimientos maternales conviene desarrollarlos en las chicas, no así los paternales en los chicos), en compensación se los deja jugar con peluches, con títeres y, desde luego, para que se hagan hombres, con toda suerte de guerreros.

 

NENAS, NENES Y UNISEX

Durante largo tiempo, hubo tres categorías de juguetes, que con variaciones aun perduran: los femeninos (muñecas con sus ajuares, sus casitas, mueblecitos, cocinitas, los juegos de costura, tejido y así por el estilo), los masculinos (soldaditos, barcos, trenes, autos, armas, etc) y los -para decirlo al uso de los 70- unisex (juegos de mesa diversos, juegos didácticos -que empiezan a aparecer en el XIX- como rompecabezas, cubos y otros elementos para armar, cerebros mágicos para responder preguntas de acotada cultura general…).

Con el correr del siglo XX, los juegos se fueron adaptando a las diversas etapas evolutivas de la infancia, se volvieron más sofisticados y variados, respondieron a modas y a intereses comerciales. Al mismo tiempo, empezaron a tallar especialistas que dictaminaban cuáles eran los juguetes apropiados para relacionar a niños y niñas con la realidad, ayudarlos a superar angustias y sentimientos agresivos, estimular su desarrollo afectivo e intelectual.

Inevitablemente, en la segunda mitad del siglo pasado surgió el cuestionamiento de los juguetes bélicos -tanques, armas, uniformes- que naturalizan y exaltan la violencia de la guerra, tal si la agresividad de los niños no pudiera canalizarse a través de otras prácticas como, por ejemplo, distintas actividades deportivas (vale señalar que localmente, niños y niñas, varones y mujeres adultos/as practican distintas artes marciales en forma bastante pareja). Casi siempre dando por descontado que las niñas carecen de esas pulsiones o, lo que es igualmente falaz, que si las manifiestan son anormales. La verdad es que tanto los unos como las otras necesitan darle cauce a la agresividad porque lo cierto es que el mundo de la infancia no es ni tan angelical ni tan idílico como parecen creer muchos/as adultos/as.

 

EDUCACION COMO ANTIDOTO

Llegaron las computadoras, los videojuegos, los canales de cable infantiles, la literatura para chicos/as se expandió en cantidad, calidad y contenidos igualitarios en las ultimísimas décadas, pero la edad de los juguetes propiamente dichos se fue achicando (el límite actual desciende los 6, 8 años, quizás un poco más), al tiempo que irrumpían en el mercado las cámaras digitales, playstations, xvox, consolas de juego, wii games… Los hay para chicas y para varones, con las diferencias de contenidos que podemos imaginar, a veces por una cuestión de mercado, para marcar secciones en las tiendas, en la folletería, en las ventas por Amazon. A veces, como en el caso de la cámara, la diferencia es solo el color o algún adornito. En el caso del wii, juego conectado a la TV con interacción física (el/la jugador/a lleva un sensor en la muñeca) abundan los deportes sin discriminación por género: golf, tenis, bowling. Juegos que son caros, es verdad, pero que se van imponiendo, y que los chicos que no los tienen los juegan en casas de amigos, en el cyber. Juegos que, en el caso de los destinados a los varones, suelen ser de alto nivel de violencia y sexismo. Juegos que vienen pensados y diseñados de afuera y contra los cuales sobre todo se puede actuar desde una educación que ofrezca suficientes antídotos para tanto veneno deformador.

 

PARA CELEBRAR

En cambio, la corrección política ha incidido en los juguete para chicas: un reciente folleto de las muñecas estadounidenses American Girl tienta a las posibles consumidoras con una galería de dolls para que cada una elija con cual identificarse: la «aventurera» Kaya es una indiecita nativa, mientras que la «intrépida» Addy es negra y la «imaginativa» Molly es una castaña con anteojos; la «creativa» Kit quiere fundar un periódico y la «gentil» Samantha tiene vocación de maestra (ambas también blanquitas). El ajuar de Kaya incluye ropa folclórica y un caballo con todos los arreos, en tanto que otra de las muñecas viene con su equipo completo de fútbol y la de la página de al lado se va a la playa lista para surfear… Otra propuesta para niñas de 6-8 años: vestirse igual que sus muñecas. Entre los juguetes para las chicas figuran teclados, guitarras, baterías, micrófonos, como para formar una banda… femenina.

Por otra parte, hay que celebrar que en la tele y en el cine -donde hasta hace pocas décadas las niñas tenían que conformarse con la Mujer Maravilla como heroína para soñar aventuras y correr riesgos- se han multiplicado los personajes femeninos audaces, curiosos, creativos, con mucha iniciativa en la senda de Dora la Exploradora, Pucca, las Chicas Superpoderosas, amén de personajes femeninos tan interesantes como los de, por caso, el film «Los increíbles». Es cierto que perdura la curvilínea Barbie, imagen exacerbada de la femineidad más rancia, con su mundo rosa bombón, a la que sin embargo no le ha quedado más remedio que incorporar profesiones bien actuales como la de astronauta.

Aunque se siga haciendo la división sexual de los juguetes en los negocios del ramo, los vendedores reconocen que ciertos juegos (de química, rompecabezas, de pescar, los ladrillos para armar, obviamente los francamente didácticos) son pedidos indistintamente por chicas y chicos. Pero por cierto, persiste el muy incrustado prejuicio inferiorizador hacia las mujeres: es mucho más fácil que una chica incursione en el sector varones en busca de algo que le interese, que un chico se atreva en el área femenina, bajo pena de ser sospechado -horror y espanto- de mariquita.

 

ABRIENDO EL JUEGO

El núcleo de la cuestión quizás esté en abrir el juego para niñas y niños, ampliar las perspectivas y las posibilidades,
respetando los gustos y tendencia de cada uno/a.

Que las chicas puedan ser tan intrépidas y activas como los varones, no implica que se desvaloricen profesiones consideradas «femeninas» (maestra, enfermera, secretaria) ni que se t
iren por la ventana las adorables cocinitas con sus ollas y sartenes, los jueguitos de té que -la mano sobre el cuore- a algunas nos hicieron felices. En todo caso se trataría de sumar, de intercambiar, de abrir puertas en los lindes de los guetos femenino y masculino en donde tanto comerciante intenta confinar por separado a niños y niñas.

La camarita digital infantil puede terminar siendo de cualquier color, tiempo al tiempo: hace pocas décadas, el rosa y el celeste eran casi la única opción (se permitía el blanco y algún tono pastel) para bebas y bebés. Hoy reina el colorinche más vivaz, se sabe que los recién nacidos ven primero los colores cálidos y fuertes, y a las nenas se les permite toda la gama, hasta el negro absoluto. Pero, una vez más sobrevive el anquilosado preconcepto, se sigue temiendo que los varones sean confundidos en su masculinidad: avisen si ven por ahí a un bebé vestido de rosa. (RIMA)

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