el viaje onírico
esciendo en un vértigo, salteo escalones. Me paro en el cruce de una esquina. La gente va y viene indiferente a mi alrededor: oficinistas con portafolios bajo el brazo, estudiantes como tortugas bajo el peso de sus mochilas, una mujer mayor con tacos altos y el pelo teñido de rojo fantasía; otra, joven y en harapos, acuna a una niña envuelta en un rebozo y pide ayuda por favor; ramas que rebrotan» (…) y el polvillo de los plátanos que vuela, se introduce en los ojos y en la nariz y teje trozos de alfombra sobre la vereda.» Palabras que inician el libro «Mi corazón pesa demasiado», conformado por breves piezas poéticas, que mantienen criterio e independencia. Con fuerte impronta autobiográfica, la protagonista transita por caminos cargados de elementos oníricos, surrealistas. Se traslada de los » jardines del Real» (espacios calmos donde el personaje camina dejando » rodar el alma por los rayitos de sol en los jardines») hasta llegar a los sueños donde » los asesinos» se fugan y conviven con otros elementos fantásticos y sutiles, que brinda el ensueño.
Un viaje por la mente de la protagonista; espacios donde confluyen a modo de reencuentro- los que ya se fueron, los que están y todos aquellos que recuerda como leves fantasmas, que aparecen y vuelven a retroceder a medida avanza la trama (fragmentaria) de estas piezas (¿capítulos?) poéticas.
» Aquel peso dentro de mí mi corazón«, establece el epígrafe seleccionado por la autora. El verso de Pessoa que da aliento a la trama y, además, evidencia el tono de la novela. Tono melancólico que atraviesa toda imagen y acompaña el lenguaje poético que asume la protagonista. Seguramente, es el lenguaje más cercano a la fantasía, el ensueño, el aspecto que la editorial Sudamericana defiende: la impronta surrealista de esta novela.
Los textos dialogan con las imágenes: las ilustraciones exquisitas de Fernando Cabezudo interactúan en un diálogo que acompaña el tono mencionado y el ambiente onírico que atraviesa el libro.
Una edición cuidada, con estuche incluido. En estos tiempos de alentar corazas, vale un corazón que aunque pese- se desnuda.
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