casi como adultos
a investigación a cargo de Iniciativa Latinoamericana (Inlatina) y Aire.uy, bajo la coordinación de la socióloga Teresa Herrera y el sociólogo Juan José Meré, con la asesoría del doctor Gastón Boero y el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidad, tuvo por objetivo principal indagar la construcción de las subjetividades masculinas y femeninas de los y las adolescentes uruguayos, rastreando e identificando representaciones socioculturales que predominan entre ellos. Un capítulo está dedicado a determinar la presencia de la violencia de género en sus relaciones de pareja y las características de la misma según nivel socioeconómico.
En la muestra participaron 793 jóvenes de ambos sexos de entre 13 a 18 años, entre los que se incluyen 577 de estratos medios hacia abajo, que participaron en actividades de Inlatina y 216 de estratos medios hacia arriba, captados aleatoriamente en colegios privados de Montevideo.
PRESENTE Y HASTA JUSTIFICADA
En el nivel socioeconómico medio hacia abajo, uno de cada tres adolescentes de ambos sexos reconocen la existencia de violencia en sus relaciones de pareja, sin que varíe significativamente la percepción entre mujeres y varones. En el nivel medio hacia arriba, el porcentaje total desciende a casi 19%.
La violencia física está más presente en los primeros que en los segundos (el doble en términos porcentuales) y la psicológica a la inversa, aunque las diferencias son de alrededor de un tercio.
La justificación de la violencia de género, que se encuentra en toda la muestra, es mayor entre los varones (22 y 15% según pertenezcan a sectores medios bajos o altos) que entre las mujeres (11 y 5%, respectivamente).
Para estas últimas, dicha violencia puede encontrar razones en casos de infidelidad y agresión a los hijos o por defensa propia. La infidelidad es también buen motivo para los varones, a lo que agregan los celos y el sadomasoquismo.
En cuanto a las manifestaciones de la violencia, en sectores medios altos y altos se verifica más la rotura y golpe de objetos, que reconoce protagonizar un 18% de los varones y un 10% de las mujeres. Los empujones, tirones de pelo y cachetadas son más reconocidos por los varones de mejores recursos que por los otros; las mujeres parecen protagonizarlos más que ellos en sectores medio bajos y bajos. La rotura de objetos del otro tiene una presencia directamente proporcional al nivel socioeconómico.
La violencia que reconocen actuar las mujeres, aunque siempre en porcentajes menores a los asumidos por los varones, plantea a los investigadores la preocupación por la una «masculinización» de su conducta.
LOS MODELOS AL USO
La identificación con modelos de masculinidad y feminidad tradicionales que definen los atributos de unos y otras, no son ajenas a la presencia de la violencia entre adolescentes y jóvenes.
Sin distinción de posicionamiento social, ambos sexos definen un mismo perfil de mujer marcado por las características «delicada», «dulce» y «compañera». Entre los varones de estratos medios hacia abajo pesa fuertemente la «fidelidad» (33%) y «ser buena madre» (17%), mientras que entre los de estratos medios hacia arriba importa bastante que la mujer sea «inteligente».
Sobre los atributos que valoran en el varón, mujeres de todos los niveles socioeconómicos coinciden en priorizar «trabajador» y «compañero». Entre las de mejor pasar cobra más importancia el varón «protector» e «inteligente». En ambos casos, que sea «delicado y dulce» es valorado en porcentajes poco diferenciados, lo que implica la inclusión de una dimensión tradicionalmente femenina que rompe en alguna medida la adhesión al modelo varonil necesariamente fuerte y agresivo.
Ser «fiel» está más inscripto en el modelo de los varones de menores recursos (26%) que en el que los de estratos más altos tienen de sì mismos (8%), para quienes es más importante ser «inteligente» (25%).
En definitiva, concluyen los investigadores, los datos dejan entrever la coexistencia de estereotipos tradicionales de género con roles en proceso de cambio hacia una mayor equidad.
VIDA COTIDIANA
La muestra abarca otros aspectos de las percepciones juveniles, como la responsabilidad por las tareas domésticas. Sin mayor diferencia por condición socioeconómica, la que aparece a cargo de las mismas en primer lugar es la madre. El papel de los jóvenes en las mismas es fuertemente secundario, sobre todo el de los varones, siendo en los estratos medios hacia arriba más una excepción que una rutina.
RUPTURA DE PAREJA
Entre las mujeres entrevistadas de niveles altos, suelen aparecer referencias a la «mujer mala» como causa de ruptura de parejas: «Ella es una mujer fácil y él es un poco ingenuo», «El chico la quería para algo serio, pero ella no». También justifican la ruptura en que 2ella se está drogando» o » le vino un ataque de histeria».
Las de niveles bajos identifican los celos como presión que las aleja de sus compañeros sentimentales: «El chico era pesado y celoso. La acosaba todo el día y no le daba tiempo para salir, estar con sus amigas», «El hombre era muy molesto, era muy celoso».
Una forma de violencia reconocida sin distinción de niveles socioeconómicos por ellas es la presión «para tener relaciones sexuales como prueba de amor» cuando «ella no está preparada para hacerlo».
Los varones reconocen que la pareja puede terminar porque «el chico le habló mal» o era «duro, agresivo y mujeriego».
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