16 días que mueven conciencias
ajo la certeza de que no se puede hablar de derechos humanos universales sin los derechos humanos de las mujeres, en 1991 el Centro de Liderazgo Global de las Mujeres propuso realizar la Campaña de los 16 días de activismo para sacar a la luz pública, a nivel local, nacional, regional e internacional la violencia que se ejerce contra las mujeres. A lo largo de 17 años, distintas organizacones, civiles en su mayoría, integradas por mujeres y hombres que trabajan por a igualdad desde distintas trincheras, toman el reflector para arrojar una potente luz sobre el principal problema que enfrentan las mujeres de todo el mundo: la violencia en su contra.
Los resultados de la campaña en sí misma han rendido frutos. Hoy el tema es más público y visible que hace una década. Además, ha permitido entender que la violencia contra las mujeres no es un fenómeno aislado, sino que provoca o se vincula con otros que afectan a un mayor número de personas en una comunidad.
Así por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció que esta campaña ha generado conciencia respecto a la relación violencia y VIH-sida.
De igual manera, la violencia familiar se relaciona con la violencia social. Especialistas en la materia señalan que no prestar atención a la violencia que se vive en el espacio doméstico contribuye a percibir que la violencia es algo «normal» y esa percepción se transfiere al espacio público.
Por eso se insiste en que si se quiere combatir la violencia en las calles, incluida la del narcotráfico, hay que prestar mucha atención a la violencia doméstica que afecta fundamentalmente a mujeres y niñas.
Lo que sucede, afirman, es que cuando se justifica la violencia doméstica, o se banaliza a través de chistes, o se le resta importancia, la internalizamos como algo «normal». Trasladar esta actitud a la calle es algo que sucede casi sin darse cuenta, hasta que la violencia alcanza a grandes sectores de una comunidad.
La Campaña de los 16 días de activismo también permite compartir estrategias, intercambiar ideas, aprender de las experiencias de activistas en otros países, fortalecer enlaces y alianzas, diseñar nuevas formas de hacer conciencia, de apoyar a las víctimas, de presionar a los gobiernos para implementar las promesas que hacen fuera de sus fronteras, o dentro de ellas en el marco de lucidas campañas políticas.
Asimismo, contribuye a no perder de vista la meta: poner fin a la desigualdad de género y crear un mundo libre de violencia, discriminación e injusticia, donde los derechos humanos de todas y todos sean respetados. Y no me diga que no se puede. Mejor haga su parte para que sí se pueda. (Cimac)
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