Vertientistas se preparan para Congreso del FA
artiendo de la premisa de que «El espacio público donde se disputa la definición de las agendas políticas, no es un espacio abierto y habitable para todos los actores y sujetos por igual», el Manifiesto de las ciudadana, aprobado por la Unidad temática de los derechos de las ciudadanas del Frente Amplio en diciembre de 2007, define como estrategia una acción política dirigida a la «democratización de la vida social», intentando transformar las relaciones de poder existentes.
En ese marco, durante el Encuentro Nacional de Mujeres Vertientistas, la socióloga María Bonino centró su exposición en la importancia del período de gobierno que está culminando, que permitió la creación de una «institucionalidad de género» en el Estado, a partir del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), dependencia del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) que intentó generar «legitimidad y normatividad» para la igualdad entre varones y mujeres.
No obstante, aunque ese trabajo ha producido no sólo legislación a nivel nacional sino también un importante fortalecimiento de comisiones y departamentos de género en casi todos los ámbitos del Estado (ministerios, entes autónomos, gobiernos departamentales, entre ellos), el Inmujeres no lo considera suficiente. En primer lugar, porque la situación de institución dentro de un Ministerio da pocas posibilidades a las acciones del Inmujeres, que no cuenta con presupuesto propio. No tener un status más fuerte en el Estado podría revertirse, convirtiendo el Inmujeres en un Ministerio.
En otro orden de cosas, el Inmujeres visualiza aún carencias respecto a la transversalidad de la perspectiva de género en varios sectores del Estado y el gobierno, como el sistema educativo, herramienta fundamental para la gestación de cambios culturales; la seguridad social; los programas de combate a la pobreza que implementa el propio Mides.
UNA CUESTION DE IDENTIDAD
En el encuentro vertientista, la psicóloga Adriana Marrero convocó a las presentes a reflexionar sobre algunos productos culturales actuales -fundamentalmente animaciones infantiles- desde una perspectiva de género, intentando evidenciar hasta qué punto influyen en nuestra formación subjetiva diferenciada como varones y mujeres.
Ejemplificó con la película «Shreck», que relata la historia de una princesa y un ogro, mostrando como incluso allí donde parecen derribarse algunos estereotipos (la princesa termina convirtiéndose en ogra también), interfieren algunas cuestiones simbólicas a tener en cuenta.
En esta animación para niñas y niños, la princesa «no puede hacer nada para determinar su naturaleza», que aparece como indefinida en tanto depende de la elección que realice el varón. Desde una lectura de género, puede interpretarse como un mensaje cultural problemático: «la naturaleza de la mujer es adaptarse a la forma del varón», asegura Marrero.
Para la psicóloga, lo interesante es visualizar cómo diversos productos de nuestra cultura, incluso aquellos que parecen más inocentes en su mensaje, introducen nociones de lo que significa ser hombre y ser mujer, llegando incluso a dejar implícitas, cuestiones que deben explicitarse como si existe una naturaleza femenina como tal.
PODER PARA EJERCERLO
El rol desigual de la mujer en la sociedad y la cultura no sólo puede ser cuestionado y repensado desde la perspectiva de género, sino que además, según Constanza Moreira debe analizarse como una «subordinación que no es histórica sino de estructura social», y que tiene bases no sólo culturales sino también materiales.
Para la licenciada en Ciencias Políticas, «las bases culturales refuerzan las bases materiales», vinculadas estas últimas al acceso desigual de varones y mujeres al trabajo y a la educación, y partiendo todavía de una desigualdad más primaria, como la referida al rol biológico que la mujer ejerce en la familia y la sociedad, que ha generado la no remuneración ni reconocimiento del trabajo de cuidado de los otros.
Ante la pregunta de fondo que surge: ¿cómo puede alterarse esa estructura social, aunque como estructura permanezca? , la respuesta de Moreira es que debe hacerse por dos vías: «la superestructura y la infraestructura», la primera por medio del acceso al poder, en el que pone el mayor énfasis.
La integración al poder de las mujeres para producir «alteraciones» es fundamental, afirma, pues implica generar cambios en la legislación, llevar a cabo una «lucha contra hegemónica» de otro modo imposible, por medio de un «develamiento de lo oculto, de lo no dicho», de aquello que estaba ausente no por casualidad en la agenda, en los discursos y demás elementos de la política.
Por otro lado, Moreira considera fundamental como acción positiva para producir modificaciones en la estructura social de subordinación de las mujeres, la creación de «movimientos de igualdad puramente femeninos», paso en el que, afirmó, nos encontramos menos avanzados en Uruguay.
Por último, destaca algunas de las razones por las cuales las mujeres «queremos el poder», entre las cuales aparecen la libertad, el logro de una igualdad que respete sin embargo las diferencias, o sea que tenga en cuenta las necesidades particulares. Y no omite aclarar algo que es fundamental: «queremos el poder para mandar sobre los otros», en definitiva para lo mismo que todos han querido acceder a él.
en el espacio público.
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