AmorConHumor

¿la costumbre de quién?

uerida Reina de Corazones :

De a poco me fui enterando que mi actual pareja es alguien que no me valora. El amor que sentía por él siento que se me va evaporando. Estoy harta y voy a intentar explicárselo. Cada vez que yo estoy haciendo algo, por ejemplo pasando la aspiradora, a él se le ocurre pedirme que le busque o le traiga o le averigüe o le tire o le reponga o le planche o le cuelgue alguna cosa. Yo tardé mucho en darme cuenta de que esa costumbre de él me llevaría al descalabro amoroso y a una especie de desesperación que se me nota hasta en cómo me visto. Sin ir más lejos el otro día me di cuenta de que mientras preparaba el relleno para los canelones, cada cinco minutos venía una tanda de él pidiéndome esto y lo otro. Un relleno que me lleva quince minutos ese día me llevó dos horas, porque entre picada de cebolla y descongelamiento de la carne picada y el rallado del queso, tuve que coser un botón, buscarle un diario atrasado y el teléfono de un amigo, encontrar un buzo escote V, cambiar unos cordones a los zapatos, tirar una corbata, ir a comprar un champú anticaspa y atender a la madre por teléfono. Hace dos años que no se hablan por motivos que desconozco y desde ese momento tuve que ser la intermedaria para informar a uno y a otra de cosas tipo «dice tu madre que tu abuelo no era vasco francés sino vasco español» o «dice tu hijo que la prima de Cardona no fue nunca novia de Víctor Hugo Morales». Desde chica yo estaba muy orgullosa de mí porque mi abuela me decía que yo era muy servicial, pero ahora me doy cuenta de que ser servicial no me hace feliz. Estoy muy triste y muy cansada de ser como soy.

Noemí G.B.

 

Estimada amiga:

Creo que en realidad usted está cansada de que él sea cómo es. Y cualquiera puede entenderlo. De todas formas me preocupa que coloque la dificultad en usted y no en él o, en el mejor caso, en los dos. Si bien es cierto que en esos «tuve que» hay mucho déficit de autoestima, eso es algo que afortunadamente puede revertirse si usted decide no «tener» que hacer lo que no quiere o lo que no considera justo. Hace mucho tiempo que los hombres se compran su propio champú y se cosen sus botones y se pelean con sus madres sin artilugios que incluyan a sus parejas como mediadoras de conflicto. Incluso conozco hijos que habiéndose distanciado afectivamente de sus madres con dramáticas rupturas que implican no dirigirse la palabra, aún así se comunican afectivamente con mensajes de texto. En tanto y en cuanto usted siga resolviéndole el champú y los botones y creyendo que «tiene que» las cosas no van a cambiar, créame. Me preocupa que usted hable de «esa costumbre suya», cuando la costumbre es también suya. El día que usted no deje de picar la cebolla por ir a buscar un champú creo que las cosas van a cambiar. Le digo más: el día que él pique la cebolla y usted se tire a descansar en el sofá mientras actúa en su pelo ese nuevo champú maravilloso, creo que las cosas van a cambiar mucho más!!! ¿Por qué no lo intenta?

La Reina.

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