corrector de lenguaje sexista
l lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que influye en nuestra percepción de la realidad. Al transmitir socialmente al ser humano las experiencias acumuladas de generaciones anteriores, el lenguaje condiciona nuestro pensamiento y determina nuestra visión del mundo». Así lo expresó la Unesco en sus «Recomendaciones para un uso no sexista del lenguaye» en 1991.
Pero el sexismo del lenguaje había comenzado a combatirse a nivel internacional desde la primera Conferencia Mundial de la Mujer, realizada en México en l975. En l987, la Conferencia General de la Unesco recomendó » evitar el empleo de términos que se refieren a un sólo sexo, salvo si se trata de medidas positivas a favor de la mujer» y en 1989 instó a los Estados miembro a usar lenguaje no sexista.
En 1990 la Unión Europea, a través del Consejo de Ministros del Consejo de Europa, aprobó también una recomendación para avanzar en la eliminación del lenguaje sexista en los países del área.
De España vinieron los primeros manuales, que difundieron feministas en prueba de que hay otra forma de hablar y escribir que no deja a nadie afuera.
No obstante, desterrar el masculino presuntamente universal todavía cuesta mucho.
UN SOFTWARE A LA MEDIDA
La ministra de Igualdad de España, Bibiana Aído tiene razones para estar orgullosa. La propuesta de un software corrector de vocabulario sexista, impulsada desde la Universidad Carlos III de Madrid, ha sido puesta en marcha por la compañía «The Reuse Company» con capital español. El editor funciona como los correctores ortográficos tradicionales, pero lo que corrige son las faltas de género, filtrando y seleccionando en forma automática. Además, al corrector se le pueden agregar más palabras y nuevas opciones para un lenguaje que tome en cuenta la perspectiva de género.
«Se gana seguridad semántica y escribes con la seguridad de una terminología igualitaria», asegura la directora del Portal Concilia,María Teresa Deira Lorenzo, quien recibiera el premio Príncipe de Asturias por parte del Ministerio de Industria de España por haber logrado que el sitio web tuviera una presencia equilibrada de hombres y mujeres así como que contribuyera a la ruptura de estereotipos.
El software antisexista tiene una base de datos elaborada por ingenieros e ingenieras informáticas junto a un grupo de linguistas, y aunque la palabra aparezca varias veces en el mismo documento, esta herramienta sólo la marca cuando es utilizada de manera sexista.
La licencia de este producto es muy económica, lo que facilita el acceso para uso de empresas, oficinas y aún para el personal.
DISPAREN CONTRA LA MINISTRA
Colocada la noticia en el portal Periodista Digital, no tardaron en aparecer los comentarios que el sitio habilita difundir. A poco de recorrerlos, aparece nítidamente la contracara de lo que el original software pretende promover. Los hay insultantes, vanalizadores, burlones. No faltan los que aprovechan la oportunidad para atacar la intimidad sexual de la ministra.
Dice Luis: «Hay que ver la cantidad de gente que no tiene nada que hacer… o que tiene visión de negocio, porque cualquier bobería políticamente correcta, aunque le dé de patadas al diccionario, será comprada masivamente por los organisos públicos y aconsejada insistentemente desde el poder político a los privados. Claro, da mucho más trabajo el dar un repasito a la gramática de la lengua española, y eso que la Real Academia ha sacado una edición resumida».
«España está llena de subnormales», sentencia Hans.
«País de idiotas e idiotos o idiots», chancea Javier junto a un coro de opinadores que utilizan nombres masculinos para intentar, ellos sí, deformaciones linguísticas para nada inocentes.
LAS POLEMICAS «MIEMBRAS»
No sólo por el flamante software los dardos apuntan a la joven ministra Aído. Durante su primera visita al Parlamento para explicar los ejes de su gestión, utilizó la palabra «miembras» para referirse a las diputadas. Pese a que la acompañó de una risita cómplice y las feministas la tomaron como un guiño, ante la andanada de críticas la funcionaria dijo que se había tratado de un » lapsus», sin perjuicio de lo cual no ocultó que le gustaria incluír la palabra de la discordia en el diccionario.
Justamente desde la Real Academia Española (RAE), erigida en celosa guardiana del lenguaje con composición 93% masculina, emergieron los detractores más agresivos.
Pronunciar la palabra miembras es una «sandez» para el filósofo Fernando Savater; una muestra de «feminismo salvaje» para el escritor Juan Manuel de Prada y «una estupidez» para su colega Julián Marías, pese a que pregona que la lengua » es libre» y que cada cual puede hablar como quiera.
ENTRE LA TECNOLOGIA Y EL CAMBIO CULTURAL
El lenguaje no es neutro, carga ideología y construye realidad. Puede modificarse, porque está vivo y la propia Real Academia da cuenta de eso cuando va incorporando términos a partir de la extensión de su uso. Pero que una mujer feminice una palabra molesta a mucha gente. «Me parece increíble que una ministra tenga tan poco rigor, lo encuentro ridículo y negativo», sostuvo Ana María Matute, la única escritora que se sienta en la RAE, acompañada por la historiadora Carmen Iglesias y la científica Margarita Salas.
No es necesario insistir en que la tecnología va a años luz del cambio cultural.
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