cuentos con género explícito
«No es fácil transmitir contenidos tan urticantes», dijo Lauro Marauda en la presentación de «Agua para un florero. Cuentos con género explícito», el último libro de la psicóloga social, docente, poeta y narradora Lía Schenck.
El también escritor y docente de Literatura destacó la delicada urdimbre que logra la autora, en base a imaginación, técnica adecuada y mucho, mucho trabajo.
Como Marauda enfatizó en Intramuros, el lugar donde se realizó la presentación, en «Agua para un florero» predomina la poesía más allá de la forma prosística.
Las narraciones hablan de todas las formas de amor, mostrando que cualquiera de ellas vale la pena mientras el encuentro no devenga en desencuentro. Habla también de cómo pueden visualizarse unos y otros, según cuán descargada de prejuicios sea la visión de sus protagonistas.
Alternando originalmente personas con objetos personificados, Schenck bucea en dimensiones profundas del ser humano, transmitiendo un mensaje íntimo de lo que somos y aspiramos a ser, afirmó Marauda.
Es que, como dice la que escribe en la contratapa -merced al honor que le concedieron la autora y la editora – «Gran observadora de la cotidianeidad, Lía Schenck cultiva el arte de sazonar los hechos con una buena dosis de imaginación, que la magia de las palabras traduce en historias desarticuladoras de prejuicios. Apunta a mostrar que el género, que tiñe actos y sentires con rigurosos colores contrastantes, es una construcción a la que se le pueden abrir ventanas y hasta puertas por las que el deseo encuentre los cauces que merece».
«Con lenguaje lúdico y experticia que supera sin forzamientos el sexismo al uso, sus páginas rezuman energía liberadora. Incluso, como para confirmar que los obstáculos culturales en el camino a la equidad no son tan difíciles de remover, la autora incluye cuentos de neutralidad unisex», concluye la presentación del volumen ilustrado con reproducciones de «Recordatorio I» y «Ronda catonga», obras del artista plástico Teto Lagos, sintetizando que se trata de «una narrativa que combina equilibradamente placer con reflexión en profundidad».
En la presentación, Schenck reveló que cree «en el poder de las intenciones» y «en la universalidad antes que en la globalización». También destacó que » si la literatura se usara para ablandar cascarones y cortezas, seríamos gente con menos durezas sociales», lo que habla de su compromiso con la función social del arte de contar.
La lectura escénica de algunos de los cuentos, realizada por Estela Calvette, Alejandro Camino y Natalia Larrosa, trajo a sala la prueba de las valoraciones vertidas a su respecto. En el mismo sentido, en esta página se reproducen un par de ellos, incluidos en el capítulo que lleva por sugestivo título «Acerca de lo que pasa cuando parece que no pasa nada».
LA VIDA POR DELANTE
Una vez una mujer se ordenó en un placard, se empolvó en los estantes, se tapó en las sábanas, se depositó en los bolsos, se enredó en los hijos, se pinchó en las agujas, se lavó en los platos, se ocultó en los cajones, se humedeció en las paredes, y cuando todo eso hubo hecho, habían pasado siete mil quinientos días de su vida sin que ella misma se diera cuenta. Algo tenía que hacer y algo hizo. Primero se desempolvó el aire, se destapó los ojos, se salió de los bolsos, se desenredó los hilos, se curó los pinchazos, se secó las tristezas, se desocultó la boca. Y cuando todo eso hubo hecho, se dio cuenta de que recién ahora tenía toda la vida por delante».
MIEDOS
«Una vez un hombre se sacó los pantalones y la camisa y los dejó en el piso. Se sacó los anillos y el reloj y los dejó en suspenso. Se sacó los miedos y no sabía dónde dejarlos. Ella entonces le prestó la cajita de cerámica donde guardaba sus propios miedos. Cuando después él se puso todas las cosas y se fue, ella encontró en la cajita un miedo de hombre entreverado entre los suyos. Un miedo que él se olvidó de llevar y ahora ella no sabe qué hacer para no asustarlo».
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