de candidata favorita a segunda en escena
ucha tinta seguirá corriendo respecto a la hiatórica nominación de Barack Obama, el primer afroamericano que logra aspirar a la Presidencia y otro tanto sobre la derrota de Hillary Clinton, la primera mujer que tuvo la posibilidad real de disputar ese cargo en las internas que acaban de culminar.
Ya de por sí ha sido bastante novedoso que un negro y una mujer, dos minorías nada minoritarias de Estados Unidos, hayan sido las figuras centrales de la contienda electoral del Partido Demócrata, en la que no han estado ausentes los comentarios sexistas y racistas ni puede subestimarse el peso de las llamadas «políticas de identidad», tan presentes en aquel país.
Falta saber si la doctora Clinton completará la fórmula o no -algo que es visto como bastante improbable- aunque sí tendrá que salir a convencer a su electorado para que en noviembre vote por Obama si quiere vencer a los republicanos aglutinados bajo la figura del senador John McCain.
FEMINISTAS DIVIDIDAS
De todas formas, lo interesante de analizar -y seguramente van a surgir muchos más estudios y artículos al respecto- es qué ha sucedido con el electorado femenino y negro en esta contienda, estado por estado. ¿Es suficiente con tener un candidato negro para que toda la población afroamericana lo apoye? ¿Y una mujer, que además se dice feminista, para que todas la hayan seguido con su voto?
La candidatura de Hillary Rodham Clinton -que expresamente dejó a un lado su propio apellido en la campaña- desde el vamos despertó odios y pasiones de todo tipo, ya que no estamos hablando de una desconocida ni una recién llegada al mundo de la política.
Si bien logró aliadas importantes dentro del otrora legendario movimiento feminista estadounidense, como NOW ( The Nacional Organization por Woman creada en la década del 60 por Betty Friedan, la autora de «La mística femenina»), su electorado pareció concentrarse en las mujeres blancas mayores; no así entre las más jóvenes que se inclinaron por Obama y además se indignaron frente a la acusación de traicionar a «la causa». «Estamos en un momento en que no tenemos que basar todo lo que pensamos en términos de género y eso es un signo de progreso. Es un punto de vista rígido que orilla a que, cuando cualquier mujer corre, todas tenemos que alinearnos y correr con ella. Eso es contradictorio con lo que considero es el feminismo», sostuvo Kate Michelman, integrante de los grupos ProChoice en Estados Unidos que defienden el derecho al aborto, alineada con Obama.
Gloria Steinem, la famosa líder feminista de 72 años, salió en defensa de Hillary en el «New York Times», reflexionando sobre lo difícil que sigue siendo romper el techo de cristal en la política para las mujeres : «El género es probablemente la fuerza más restrictiva en la vida americana, tanto si la cuestión es quién debe estar en la cocina o quien podría estar en el Despacho Oval… Los hombres negros recibieron el derecho al voto medio siglo antes que las mujeres de cualquier raza pudieran participar en unas elecciones y generalmente han ascendido a posiciones de poder antes que cualquier mujer». La causa abolicionista y la causa sufragista han hecho mucha historia en Estados Unidos como para no capitalizarlas en el mundo de hoy aunque Steinem fue tildada por estas declaraciones de «feminista trasnochada».
No quiero olvidarme de juicios como los de Jane Fonda -otra feminista de la vieja guardia que hoy podemos ver espléndida en los reclames antiage de una famosa marca cosmética- quien calificó a Hillary Clinton como «un ventrílocuo del patriarcado con pollera y vagina» para decidirse por Obama junto a buena parte del Hollywood progre.
La ex secretaria de Estado, Madeleine Albright, por su parte, tampoco se quedó corta con sus expresiones amenazantes: «En el infierno hay un lugar especial para las mujeres que no ayudan a otras mujeres».
¿EL SEXISMO PESA MÁS QUE EL RACISMO?
Cuando todo empezaba a darse por perdido, la sorpresa la dio Chelsea, la única hija del matrimonio Clinton, rompiendo su silencio y saliendo a hacer campaña por su madre. Nunca sabremos cuáles eran sus verdaderas intenciones -en política todo es cuestión de estrategia- pero ella declaró que los comentarios sexistas que atacaban permanentemente a su madre la hicieron reaccionar.
Se refería, seguramente, a la campaña antiHillary que tan sólo en Internet cuenta con 391 mil entradas del google, que incluyen un cascanueces con la figura de Hillary partiendo nueces entre sus piernas o el cepillo de retrete con la leyenda: «Usted puede tener a Hillary Clinton como su Primera Dama Mucama».
Las críticas respecto a su vestuario, su figura, su cabello o el manejo de sus emociones, quedaron plasmadas en expresiones como las del locutor de radio Rush Limbaugh: «¿Acaso este país quiere ver cómo una mujer envejece diariamente?»
Los comentarios racistas, en cambio, no parecen haber existido con el mismo grado de virulencia. Quizás hubo un mayor cuidado por ser políticamente correcto en ese sentido, pero no pensemos que Obama la va a tener fácil con el electorado blanco y/o con el electorado latino que no votó por él.
En la misma línea que Chelsea se expresó el cantante Elton John, quien consideró que la actitud misógina de los estadounidenses es exasperante.
POR CULPA DE BILL
Hillary ha cargado con el peso de pertenecer a la «era Clinton», creyendo que la favorecía y le terminó jugando en contra. La decidida participación de su marido, el ex presidente Bill Clinton, en la campaña terminó de hundirla según muchos analistas, algo que también deben evaluar las mujeres cuando hacen política. La dupla «Billary» también provocó reacciones encontradas: «El fracaso de Hillary, será su fracaso, no el nuestro. Ver a la senadora Clinton como una auxiliar de su marido más que como su propia individualidad es la quinta esencia del sexismo», afirmó la feminista Maureen Dowd.
Claro que figuras como Cristina Fernández han capitalizado a su favor su matrimonio en política y nadie puede negar la omnipresencia de Néstor Kirchner en el actual gobierno argentino. Sin embargo, es oportuno recordar que al otro día de haber ganado Michelle Bachelet en Chile, un periodista cuestionó su idoneidad para el cargo por no tener marido. La canciller alemana Ángela Merkel ha tenido que salir a explicar que vive en matrimonio aunque su esposo, un académico de perfil bajo, no la acompañe públicamente a todas partes.
Las diferencias en los sistemas electorales estadounidense y uruguayo son muchas, pero sí podemos comprender cuanto más atractivas son las figuras nuevas en política -los «outsider s»- que las dinastías familiares, confiadas en la perpetuación en el poder por porte de apellido o trayectoria vinculante. Ocho años de la «era Clinton» más los ocho años de la «era Bush» parecen haber hartado a los norteamericanos, ilusionados con el cambio en medio de una crisis económica mucho más amenazante que la continuidad o no del conflicto con Irak.
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