el camino hacia el misoprostol

Registrado originariamente para la prevención y tratamiento de úlceras gástricas, el misoprostol era de venta libre en Uruguay. Cuando en 2005 se conoció que también tiene utilidades ginecobtétricas -induce contracciones uterinas, por lo que puede emplearse en tratamientos de pérdida de embarazos tempranos, abortos incompletos y retenidos y provocación de ellos- entró en algunos servicios de salud para uso intrahospitalario. Paralelamente, la Conferencia Episcopal uruguaya recurrió al Ministerio de Salud Pública para que se evitara su uso con fines de aborto, y el misoprostol pasó a ser un medicamento de venta con receta sólo de gastroenterólogo.

Del libro «Entre el alivio y el dolor», de Elina Carril y Alejandra López surgen evidencias sobre cómo acceden las mujeres tanto a la información como al uso del fármaco cuando enfrentan un embarazo no deseado.

Mayoritariamente, el conocimiento se adquiere en la policlínica de atención pre y post aborto que por ahora sólo funciona regularmente en el Hospital Pereira Rossell y algunas clínicas periféricas, aunque de acuerdo a la Ordenanza 368/004 del Ministerio de Salud Pública el servicio tendría que existir en todas las instituciones públicas y privadas de salud.

Otras fuentes de información, no siempre correcta ni completa, son internet y el boca a boca.

Aún estando bien informadas, las mujeres enfrentan un tortuoso camino para acceder a «la pastilla», como se la nombra. La venta de misoprostol en farmacias no es libre: requiere receta de gastroenterólogo y el envase de 28 pastillas cuesta alrededor de $ 4.000. No obstante, algunas ni con esa receta lo dispensan; otras lo venden sin receta en forma fraccionada y encubierta. En estos casos, la dosis de 4 pastillas -suficiente para interrumpir un embarazo-, cuesta entre $-1.400 y 1.800.

Otras bocas de venta son las salas de espera de la policlínica del Pereira Rossell -donde algunas personas simulando ser usuarias anuncian que «le sobraron» pastillas- y los lugares donde se vende pasta base. La búsqueda directa fuera de fronteras (en Buenos Aires, por ejemplo) o el encargo a Miami son otros recursos, entre los que no falta el robo.

En todos los casos, se trata de circuitos ilegales y clandestinos. «Hay que estar en la piel de las mujeres que buscan soluciones ya, porque los tiempos apremian. Algunas cuando llegan a ´la pastilla´ ni confirman que se trata del fármaco legítimo; otras piden préstamos en su trabajo, a amigos, etc.», advierte Elina Carril.

Cómo método para practicarse abortos, el misoprostol tiene la ventaja de ser seguro, no presentar prácticamente sin efectos colaterales y ser autoadministrable por las mujeres. Siempre que se aplique correctamente, tiene una efectividad de 85 a 90% en mujeres con hasta 9 semanas de amenorrea, disminuyendo a 80 a 90% entre las semanas 10 y 12.

Pero acceder a él las coloca, al igual que respecto de otros métodos, al margen de la legalidad y sujetas a los riesgos de la clandestinidad.

No obstante, datos de la policlínica de asesoramiento del Pereira Rossell muestran que el 100% de las 412 usuarias que consultaron entre marzo de 2004 y mayo de 2005 sostuvieron haberse practicado el aborto usando misoprostol. En el 93% de los casos fue suficiente una dosis única de 4 comprimidos y en el 85% el aborto se produjo durante las primeras 24 horas, sin que se detectara ninguna complicación grave a causa del uso del fármaco.

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