la comunicación como agente de cambio
La violencia contra las mujeres constituye una de las violaciones a los derechos humanos más extendida y silenciada del mundo. Para abordar la violencia que sufren las mujeres, debemos abordar la discriminación y las relaciones desiguales entre géneros en nuestra sociedad. Este proyecto fue concebido en el entendido de la importancia que tienen los medios masivos de comunicación en la difusión y formación de opiniones, su capacidad y potencialidad para generar reflexión y por su importante rol en difundir mensajes, información y generar cambios».
Así introduce Amnistía Internacional, Sección Uruguay (AIU), el Observatorio de medios de comunicación sobre violencia contra las mujeres, un estudio realizado conjuntamente con la Red Uruguay de Autonomías (RUDA) bajo la coordinación de la antropóloga Susana Rostagnol y con la participación de un equipo integrado por Valeria Gravino, Irene Madfex, Serrana Mesa y Mariana Viera Cherro. Contó con el apoyo de Amnistría Internacional, Sección Estados Unidos, y se enmarca en la campaña «No más violencia contra las mujeres» que lanzó la organización humanitaria en 2004 y continuará hasta 2010.
VIOLENCIA DOMESTICA Y VIOLENCIA MORAL
Partiendo de que la causa subyacente de la violencia contra las mujeres es la discriminación, que «les niega la igualdad respecto de los hombres en todos los aspectos de la vida» y de la última estadística oficial disponible en materia de feminicidio (en Uruguay cada 9 días una mujer es asesinada por su compañero conviviente actual o pasado), el trabajo analiza dos expresiones de la violación de derechos humanos de la población femenina: la violencia doméstica y la violencia moral, ambas presentes en los medios de comunicación. La primera es a esta altura identificable y convertible en noticia. La segunda es parte de la violencia estructural resultante de relaciones sociales asumidas como naturales, difícil de detectar porque ha sido introyectada por los diversos actores sociales, entre los que se cuentan comunicadores y comunicadoras.
Mostrar cómo aparecen y operan ambas vertientes supuso el análisis de noticias específicas durante una semana en un noticiero de televisión («Subrayado», Canal 10) y segmentos de dos programas radiales («La Tertulia» de «En Perspectiva», Radio Espectador, y «La Mano» de «Malos Pensamientos», Radio Futura), y dos diarios («El País» y «La República») durante el período comprendido entre 2002 -cuando se aprobó la Ley l7.514 de Violencia Doméstica- y 2007.
POCA Y MALA RECEPTIVIDAD
Las cuatro noticias sobre violencia doméstica incluidas en el noticiero televisivo, fue tratadas como acontecimiento puntual, sin referencias a que se trataba de «la manifestación de una problemática estructural que atraviesa distintos estratos socioeconómicos y que ciertamente no es consecuencia del consumo problemático de sustancias». Por lo tanto los hechos concretos (violación, abuso, explotación sexual comercial) no se relacionaron con la problemática mayor: la relación de inequidad entre hombres y mujeres.
En prensa escrita se advirtió escasa receptividad a ese tipo de noticias (se relevaron sólo 22 notas en el período), ninguna de las cuales contuvo referencias a la relación existente entre la tenencia de armas en el hogar y el uso de las mismas para actuar la violencia doméstica, aunque las primeras están involucradas en la mayoría de los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. También destacaron por ausencia las referencias al contexto de la discriminación. En la forma de describir las situaciones se colaron muy a menudo expresiones que atenúan de algún modo la responsabilidad del hombre, como cuando se escribe que éste «no soportó el rechazo» de la mujer que se negaba a reanudar relaciones con él, en lugar de consignar que «el hombre no respetó la voluntad de la mujer de terminar con la pareja». Tampoco ha sido erradicada totalmente la caracterización de «drama o crimen pasional» que, al remitir «a cierta ruptura entre pensamiento racional y acción, a una saturación de emoción que no permite pensar», actúa como disculpa para el agresor, colaborando a la invisibilización de lo que realmente hay detrás de esos hechos: violación de los derechos humanos de las mujeres.
DONDE Y COMO SE VISUALIZAN LAS MUJERES
Un aporte particular del estudio de AIU y RUDA es la caracterización de la violencia moral y su detección en los medios seleccionados.
En televisión se observaron en primer término los lugares asignados a hombres y mujeres, tanto en las noticias como en la transmisión de ellas.
«Los roles desempeñados por hombres y mujeres permiten observar los lugares que la sociedad asigna a unos y otras, es decir a quienes se les reserva el lugar de conocimiento, de la opinión respetable, del mero comentario», advierte el trabajo. Cuantificando, resulta que la mayoría masculina es leve entre presentadores y reporteros, pero absoluta entre los periodistas especializados que opinan en tanto expertos. Teniendo el noticiero elegido dos presentadores: un hombre y una mujer, y siendo que ambos abren y cierran el espacio informativo, la formulación del saludo es desigual: el primero lo dirige y la segunda lo complementa. La presentación de las noticias corresponde mayoritariamente al hombre, al igual que los comentarios luego de su desarrollo. En materia de protagonismo en la noticia, los varones constituyen el 77%, las mujeres son apenas un 23%, lo que se relaciona no sólo con el lugar que ocupan unos y otras en la sociedad: también con la selección de los temas que «son noticia». Tratándose de hombres, las historias refieren a ellos mismos o a sus dichos en primer lugar, en segundo aparecen como voceros o representantes de sindicatos, partidos políticos, gobierno. Las mujeres son mayoritariamente portadoras de una opinión popular.
«Esta forma de presentar a hombres y mujeres en las noticias forma opinión en los televidentes. Es sencillo notar que las mujeres sólo valen en tanto personas comunes y corrientes, inercambiables; mientras que los varones dicen algo importante, algo que sólo puede ser dicho por esa persona en particular. Esto puede considerarse una forma de violencia estructural, ya que es colocando sistemáticamente a las mujeres en un lugar inferior, supuestamente ellas no tienen nada relevante para decir».
Otro indicador es que el lugar de la víctima es ocupado mayoritariamente por mujeres. «En ocasiones el retratar a la mujer como víctima es un método para dramatizar o humanizar una noticia, pero no se centra en los motivos centrales que permiten y perpetúan la violencia de género». Cuando aparece la mención a la profesión y ocupación de las mujeres, está casi siempre referida a las que son funcionarias del gobierno; si se trata de hombres se menciona la profesión o actividad por la cual forman parte de la noticia.
ESTEREOTIPOS AL USO
En la semana predeterminada, en «La Tertulia» se constató que entre 20 participantes, sólo hubo una mujer. Si bien se alega que ellas son reticentes a participar en ese espacio, también se encontró que ellas aparecieron en él como sujetos a los cuales referían los comentarios mientras que los hombres fueron sujetos de las noticias, voceros y expertos. Pero la observación más significativa refiere a la tipificación de violencia moral a partir del reforzamiento de estereotipos femenino y masculino en la caractización por un lado de la mujer-objeto y por otro en el registro de la admiración masculina de sus atributos físicos. Como la iniciativa en el comentario, que la investigación asume como seguramente inconsciente, partió de la única mujer opinante, otro estereotipo quedó configurado: la contraposición entre esa «mujer para ser exhibida» y la «mujer reflexiva, pensante, no envidiosa de los atributos ajenos».
En «La
Mano», donde los estereotipos fueron más abundantes, se encontró que los femeninos estuvieron cargados de connotaciones negativas, reforzando el sistema de género y el lugar subordinado de la mujer, especialmente en relación a su cuerpo y sexualidad, y los masculinos asumidos como prestigiadores (hombre racional, portador de cultura, discreto).
Si bien el manejo de estereotipos correspondió mayoritariamente al presentador, también estuvieron en boca de hombres y mujeres participantes.
SIN CONTEXTO Y VIOLENTANDO
«El estudio pone en evidencia que el tratamiento de la violencia doméstica no la contextualiza como un problema de derechos humanos, ni la ubica dentro de la estructura jerárquica que caracteriza las relaciones de género. Por otra parte, también muestra la manera en que desde los medios se ejerce violencia moral. Esta, la mayor parte de las veces probablemente sin la intención de hacerlo por parte de los involucrados. La violencia moral está presente en todos lados y todo el mundo la ejerce. Por ello, sería bueno que comunicadores y comunicadoras tomaran una actitud crítica hacia ella con la finalidad de promover un cambio».
Sin perjuicio estas conclusiones, el trabajo de AI y RUDA reconoce que «La dinámica misma del trabajo en los medios de comunicación impone ciertas condiciones que difucultan a los comunicadores el ejercicio de la crítica en su labor cotidiana» y sugiere que quizá el trabajo conjunto de estos con organizaciones de derechos humanos, de mujeres y contra la violencia de género podría facilitar su tarea.
CAMBIAR ES POSIBLE
Planteado como herramienta para lograr una comunicación más democrática, la investigación contiene también algunas recomendaciones.
Encabeza la lista la de difundir el marco de derechos humanos al dar las noticias. Le siguen restringir el uso del genérico masculino; incluir estadísticas oficiales sobre violencia contra las mujeres e información proveniente de la Organizacón Mundial de la Salud, que la considera uno de los mayores problemas de salud que sufren las mujeres o la posición de AI, que la describe como «una atrocidad mundial contra los derechos humanos»; promover pautas editoriales que garanticen tratamiento equitativo y ausencia de lenguaje sexista.
Sin perjuicio de señalar la omisión de formación en aspectos relacionados al género y a la violencia en los planes educativos de las y los periodistas, el estudio llama a «no perder más oportunidades, porque hay un importante volumen informativo que contribuye a la invisibilidad de las mujeres».
SE BUSCAN AUDIENCIAS CRITICAS
En la presentación del Observatorio de medios de comunicación sobre la violencia contra las mujeres, participaron Marcelo Pereira y María Inés Obaldía, dos periodistas con amplia trayectoria.
A partir de observar el auditorio, compuesto mayoritariamente por mujeres, Pereira señaló que «parte del problema es que la violencia contra las mujeres sea tema de interés para las mujeres». Efectivamente, los varones (periodistas, fotógrafos, camarógrafos) deambulaban en función de sus responsabilidades laborales: hacer la cobertura de la actividad, ya que los varones presentes (periodistas, fotógrafos, camarógrafos) vinieron a hacer la cobertura.
Respecto del cambio expectable, el director de «La Diaria» afirmó que «hay que trabajar con el Estado para que fije mínimos aceptables, pero también con las y los periodistas y las audiencias. La Asociación de Periodistas del Uruguay (APU) no tiene fuerzas para impulsar esto, no estimula esta reflexión. Hace falta que las audiencias aprendan a ver con sentido crítico. En el sistema educativo no se enseña a ver radio y televisión».
Para Obaldia, «Hemos perdido mucho tiempo y es grave. Tener espectadores críticos es fundamental, pero no los tenemos ni los forma la escuela, el liceo o la universidad».
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