¿cuántos más varones tienen que morir?
Decía el diario argentino «La Nación» del jueves 25 de octubre: «El móvil del asesinato de tres policías, ocurrido el viernes pasado en esta ciudad y que conmovió a la opinión pública, parecería no haber sido político ni desestabilizador, como sostuvieron el presidente Kirchner y el gobierno bonaerense. La hipótesis más firme es que se trató de un crimen por encargo, motivado por cuestiones pasionales.»
Vamos por partes. Un descuartizador se haría una fiesta sólo con esta frase.
La palabra móvil ya es espantosa. Viene de la jerga policial y sólo entendemos su sentido en ese contexto. Si no, pensaríamos en un auto, un celular o un adorno colgante.
El homicidio de los tres policías no es un hecho político ni desestabilizador porque las causales de la muerte habrían sido la venganza de un hombre despechado. ¿Así que un varón que habría mandado a asesinar a otro varón para vengarse de un posible abandono no merece la atención de quienes sólo dedican su mirada a los grandes hechos de la política? Bien, pero sucede que cuando las cifras de la violencia de género se traducen en muertes, en tiempo de trabajo de la Justicia, en pérdida de dinero del servicio de salud y del Estado en general, sí se vuelven problemas políticos: seguro modificarían los índices económicos y, si las causas fueran atendidas como corresponde, algun@s funcionari@s merecerían ser removid@s de sus cargos (según un estudio hecho en Chile, el delito de violencia familiar es el que genera más gasto social luego del de robo y hurto sumados).
Finalmente, llegamos a la última frase, con la que también se titula la nota: el móvil o crimen pasional para hablar de un caso de violencia de género. En este caso ejercida contra un varón, cosa poco habitual, ya que el 90% de las denuncias de violencia de género son hechas por mujeres, las víctimas abrumadoramente mayoritarias de estos hechos.
VIOLENCIA Y MEDIOS
¿Por qué me detuve en este caso si todos los días en los medios hay ejemplos similares de mal tratamiento periodístico de los casos de violencia de género, siendo víctimas las mujeres? Porque soy optimista, supongo. Y creo que si los varones empiezan a ser víctimas de los mismos abusos linguísticos y morales que nosotras, quizá se les abra la conciencia. Y también porque el azar quiso que en la misma semana sucedieran tres hechos vinculados a la violencia que tienen a varones como protagonistas y que me llevaron a dos reflexiones.
La primera: el mal tratamiento de los temas de violencia en los medios de comunicación no sería una confabulación denigratoria hacia las mujeres. Los varones también son víctimas. Y entonces habría que pensar que quizá lo que no se tolera es lo que sucede en el ámbito de lo privado, tradicionalmente adscripto a la mujer. O sea, la violencia en los medios no tendría género.
La segunda ya la dije: si más varones son víctimas del mal tratamiento periodístico de temas de violencia que los incumben, quizá ellos -que detentan la mayoría de los espacios de poder, y los medios de comunicación no son la excepción- empiecen a pensar que las cosas deberían ser diferentes.
COSA DE TODOS Y TODAS
Los otros dos hechos que despertaron estas reflexiones sucedieron en España.
Un estudiante de 23 años murió el martes 23 en un hospital de Valencia después de estar 7 días en coma. El 17 de octubre había intentado que un hombre dejara de golpear a una mujer en el medio de la calle. Daniel Oliver, el estudiante, no los conocía pero cuando salió de su facultad y vio que el hombre, al parecer gigantesco, destrozaba a la mujer, se acercó y apenas llegó a gritarle. La bestia se dio vuelta, le dio una piña y Oliver cayó de espaldas, se golpeó la nuca contra el cordón de la vereda y se abrió la cabeza.
La noticia me impactó porque muchas veces me metí en peleas callejeras entre mujeres y varones. Siempre me tocó ver a varones maltratando a mujeres. Siempre que me metí lo pasé mal: no llegaron a pegarme pero ligué insultos y pedidos de no incumbencia de parte de ambos protagonistas. Una sola vez, una mujer que en el momento no dijo nada, pocos días después, cuando pasé de nuevo frente a su negocio me reconoció y me llamó para darme las gracias.
El fin de semana siguiente a que Oliver entrara en coma, la Asamblea de Hombres contra la Violencia de Género hizo su primera manifestación pública en España. Por las calles de Madrid, Sevilla, Málaga, Santiago de Compostela, León y Barcelona, marcharon gritando «la violencia machista es cosa de todos». Deberían haber dicho de todos y todas, pero se les disculpa, ya que es bastante lo que hacen en comparación a la mayoría de sus congéneres.
UN TEMA PUBLICO
El hilo del pensamiento que me guía es aterrador en un sentido: ¿cuántos más varones tendrán que morir para que otros varones se den cuenta que la violencia de género no es un tema privado sino público, porque todo lo que ataña a la vida de las personas lo es, no importa si ocurre dentro o fuera de la casa (de hecho muchos homicidios de género ocurren en la calle)? ¿Cuántos más para que empiecen a tomar nota que no son ellos las principales víctimas sino las mujeres, que somos más de la otra mitad de la población?
Y aparte: ¿serán los varones sensibles a la muerte de sus congéneres por casos de violencia? ¿O los ralearán como hicieron hasta ahora con las mujeres? Y como también hacen con otros varones en las guerras, donde las muertes son integradas a las listas de costos. (Artemisa Noticias)
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