repasador xy
Querida Reina de Corazones:
A raíz de que conseguí por dos semanas un trabajo nocturno, mi marido tuvo que empezar a ocuparse de hacer la cena y controlar su ropa sucia y su ropa limpia, justamente él que nunca se había preocupado de ver cómo funcionaba el lavarropas, dónde estaba el canasto de la ropa sucia o cómo se llama ese aparato con agujeros para colocar tallarines. Toda su vida estuvo dedicado a los números por su tipo de trabajo así que jamás me molestó queriendo hacer nada en la casa. Después de unos días de tener la casa bajo su control me di cuenta de que su carácter empezó a cambiar y empezó a entretenerse con cosas a mi entender absurdas, como por ejemplo coleccionar las revistas esas de publicidad de los supermercados. El otro día encontré la colección y vi que no sólo la utilizaba para hacer crucecitas en las cosas que elegía sino para hacer anotaciones de tipo literario. Por ejemplo, al lado de un limpiador de cocina había escrito «cuida tú mis manos, aloe bienaventurado»; cerca de una esponja de bronce había escrito «al fondo oscuro no hemos de volver ya nunca». Yo no sé si tiene algún valor literario lo que escribió pero a mí me emocionó tanto, que hasta me olvidé que en esos días la casa se vino abajo y contraje un tipo de gastritis coyuntural que según el gastroenterólogo se debe al hecho de haber comido papas fritas y milanesas durante quince días seguidos. Cuando le dije que ya terminaba mi trabajo nocturno y todo volvería a ser como antes, me entregó el repasador con cierta tristeza. Lo veo tan deprimido que me siento culpable; siento como si le estuviera negando algo muy importante .¿Qué hago?
Hortensia N.O.
Querida amiga :
Durante siglos , la cultura patriarcal definió a los hombres como «proveedores», ,razón que justificó, también durante siglos, que salieran de sus casas todo lo que quisieran, entre otras cosas para trabajar. Pero la verdad es otra. Nunca, ni en la época de las Cruzadas ni antes ni después de la revolución francesa, estuvieron realmente interesados en salir a descubrir ni conquistar nada. De hecho lo único que siempre quisieron, aun los caballeros del Rey Arturo, era volver a sus casas, con sus esposas verdaderas o falsas. En definitiva, lo que quiero decirle es que recién en el siglo XXI los hombres se están permitiendo aceptar que el hogar es una especie de olimpo doméstico donde mayoritariamente reina la seguridad ambiental y social, y del cual se excluyeron por propia decisión. Cuando alguno de ellos, como en el caso de su marido, descubre los beneficios de refregar una mesada, colar tallarines o escribir poemas breves dedicados a un detergente,valoran ciertas forma de autoestima a las que se han negado durante siglos. Yo que usted hablo con él, le regalo un repasador y le doy una oportunidad tanto de desarrollo literario como doméstico. Creo que ambos saldrán beneficiados. Cuénteme cómo sigue todo.
La Reina
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