El útero artificial
Tras el auge de la reproducción in vitro y las importantes victorias logradas en la lucha contra la esterilidad, Henri Atlan, biólogo y especialista en bioética, señala una nueva y formidable frontera: aquella que verá a la especie humana reproducirse fuera del cuerpo de las mujeres.
Según el diario español «El País», Atlan evita precisar cuál es el plazo que nos separa de este acontecimiento histórico. Pese a todo, según él, está claro que hoy la mecanización de la gestación ha dejado de pertenecer al ámbito de lo posible para entrar en el de lo probable.
Desde hace un cuarto de siglo sabemos crear embriones fuera del aparato genital femenino, asegura Atlan en su libro «El útero artificial», y podemos cultivarlos in vitro antes de colocarlos dentro del útero materno. Además, agrega, los médicos han aprendido nuevas técnicas de reanimación de prematuros.
Quedan por crear las herramientas que permitirán reunir estos dos estadios del desarrollo embrionario y fetal: unos mecanismos que reproducirán artificialmente las funciones naturales realizadas durante nueve meses por el útero y la placenta. Para Atlan no es algo insuperable.
¿Futuro próximo? Esta respuesta es vaga. Atlan calcula que todavía tendrán que pasar unos cincuenta años o más, aunque la puesta a punto del útero artificial parece inevitable. Esta técnica, llamada ectogenésis y desarrollada en un principio por motivos terapéuticos como parte de los tratamientos contra la esterilidad, de los abortos repetidos o de la protección de los grandes prematuros, permitirá desarrollar una nueva forma de procreación artificial, ajena a la mujer.
Sin dudas, el debate social será inmenso. La problemática será muy compleja porque se tratará de una nueva forma de concebir la vida.
Las mujeres tendrán la libertad de tener niños y niñas sin pasar por el embarazo ni el parto. Atlan asegura que muchas mujeres optarán por este método y que será muy difícil impedir la popularización de la ectogenésis, como fue la de impedir los métodos anticonceptivos y el aborto.
Muchas de las personas que han leído el libro se cuestionan si ya se habla de poshumanidad, pero Atlan asegura que todas las investigaciones no conducen a una poshumanidad.
El ser humano sigue formando parte de la naturaleza. No puede dejar de hacerlo. La especie siempre ha evolucionado a través de sus técnicas, de la medicina, de su hábitat. Cómo hacer que la fabricación de niñas y niños sea menos dolorosa y cómo controlar los nacimientos han sido siempre las grandes cuestiones de la humanidad. El útero artificial no hace más que proseguir estas investigaciones.
La gran pregunta quizás sea si desaparecerá el vínculo carnal entre la madre y el bebé, si cambiará la relación entre los adultos y los niños. ¿Serán niñas y niños externalizados? (SEM)
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