Copan la banca pero ganan menos
Las mujeres han ganado espacios en el empleo y en la profesionalización del sistema financiero y es probable que esta tendencia continúe, no sin contradicciones y diferencias. A ello han contribuido las mejoras en los niveles educativos alcanzados, así como diversos cambios en las actividades del sector que revalorizan las competencias sociales femeninas», afirma Alma Espino en su estudio «Sector financiero y empleo femenino. El caso uruguayo», publicado con el apoyo de la Agencia Alemana de Cooperación Técnica (GTZ).
En base a una revisión bibliográfica y de documentos sindicales, bases de datos institucionales y entrevistas a informantes calificados, la economista pasa revista a las características generales del sistema financiero uruguayo, sus estrategias frente a las últimas crisis económicas y financieras, el comportamiento del sindicato y la situación de los convenios colectivos, para llegar a la estructura del empleo, perfiles educacionales de mujeres y hombres, tipo de ocupación, segregación laboral y brechas en las remuneraciones.
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Uruguay se caracteriza por un alto grado de «bancarización», que se incrementó durante los 90. El sector cuenta con una organización sindical fuerte: la Asociación de Bancarios del Uruguay (AEBU), conformada por empleados, obreros, jubilados y pensionistas de bancos e instituciones afines, e integrada al PIT-CNT.
La evolución del empleo en el sector financiero ha tendido a reducir las diferencias cuantitativas en la participación de hombres y mujeres sobre el total de los ocupados, tanto por la disminución relativa de la fuerza de trabajo masculina como por aumento de la femenina. «A esta evolución en parte ha contribuido la inclusión de las empresas administradoras de crédito (tarjetas de crédito, créditos directos) al sistema financiero, lo cual ha implicado el ingreso de una importante masa de mujeres jóvenes como promotoras, cobradoras, atención en mini-shopping», explica Espino aclarando que para impulsar el crédito al consumo se considera que «la figura femenina es más adecuada» por valoración de sus supuestas «cualidades naturales».
A setiembre de 2004, según datos de la Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias, había un total de 12.186 personas empleadas en el sistema financiero, de las cuales un 38% eran mujeres.
BRECHA SALARIAL
La brecha de género salarial en el sector financiero es mayor que la del conjunto del mercado de trabajo, aunque como en él tiende a reducirse o es menor en el sector público que en el privado. En 2003, los salarios femeninos por hora en el sector público financiero representaban el 92.7% de los masculinos y en el privado ese porcentaje era del 60.4%.
Las diferencias entre hombres y mujeres se explican por la segregación ocupacional de estas últimas: alrededor del 70% se concentran en cuatro tipos de ocupación (auxiliares, oficinistas, profesiones de nivel medio en operaciones financieras y comerciales, personal doméstico y afines). Entre limpiadores o auxiliares de servicio, las mujeres constituyen el l00%.
«En parte, las brechas de género promedio responden a que el personal de tarjetas de crédito, principalmente femenino, tiene condiciones de trabajo y remuneraciones inferiores a las de la banca, y al interior de las empresas las diferencias se explican por los diferentes niveles jerárquicos ocupados por hombres y mujeres», abunda Espino.
La crisis de 2002 no parece haber afectado de manera diferencial, aunque aún no hay información desagregada por sexo sobre despidos y reingresos.
PROPUESTAS PARA MEJORAR
Reconociendo que el empleo en el sector conserva altos niveles de calidad comparada con el conjunto del mercado laboral, Espino formula una serie de propuestas en materia de políticas de capacitación, ascenso y promoción para promover la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
Hablando de capacitación advierte que horarios, días o duración de los cursos y requerimientos previos deben facilitar el acceso pleno de las mujeres. Insta a «ir más allá de una perspectiva ‘naturalista’ de competencias sociales», y a salir del marco de las ocupaciones «femeninas». También propone cambios en la oferta de empleo que contribuyan a eliminar o disminuir mecanismos de autoexclusión detectados entre la población femenina.
La extranjerización del sistema, que introduce la dependencia de casas matrices, la lleva a destacar las ventajas de las articulaciones a nivel sindical e internacional, y la firma de cláusulas de equidad en convenios colectivos asumida desde ellas.
Promover una discusión profunda de estos temas al interior del sindicato, difundir experiencias y buenas prácticas, multiplicar espacios de negociación para discutir asuntos referidos a la equidad de género en políticas de recursos humanos, son otras de sus propuestas. Añade la desagregación por sexo de la información estadística al interior de las instituciones.
En materia de investigación, Espino identifica varios vacíos: empleo en el sistema financiero no bancario, en especial casas de crédito, compañías de seguros y Afap, así como profundización del estudio de las trayectorias laborales y la discriminación de género a nivel jerárquico y funcional, para desarrollar medidas de superación.
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