Las uruguayas quieren el poder
as mujeres tenemos que llegar al poder porque es justo y democrático. No porque seamos mejores. ¿Menos corruptas?, tal vez al principio…».
Rebeca Grynspan, ex vicepresidenta y ex ministra de Estado de Costa Rica, completa el pensamiento evocando una frase que alguna vez acuñó otra feminista: «La igualdad se probará cuando tantas mujeres incapaces lleguen al poder como hombres incapaces hemos tenido en él».
Su realismo, aún cuando resulte chocante a algunas mujeres políticas, confronta el esencialismo que lleva a exigir que las mujeres que pretenden el poder sean perfectas.
Grynspan, que llegó a él merced a que en su país se cuotificó la participación política femenina, está orgullosa de ello y defiende las medidas afirmativas como paso inicial para avanzar hacia la equidad de género, fue una de las oradoras del foro internacional «Mujeres y poder en la política», convocado por la Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe (Repem), el Instituto de las Mujeres de Uruguay y la Comisión Nacional de Seguimiento: Mujeres por Democracia, Equidad y Ciudadanía (CNS), con el auspicio del Poder Legislativo uruguayo.
«Hombres y mujeres integran la sociedad y tienen derecho a determinar su rumbo», coincidió Patricia Mercado, quien el pasado domingo lanzó su precandidatura a la Presidencia de México para las elecciones de 2006, desde el Partido Alternativa Social Demócrata Campesina, del cual es fundadora. También se hizo cargo de que las mujeres no son perfectas: «En México, mujeres políticas fuertes quedaron en situación complicada por corruptas o por mensas (tontas), y ahora tienen bajo perfil, quedaron muy golpeadas». «Por otro lado, hay esposas queriendo que los maridos les pasen el poder así nomás», agregó en alusión a las ambiciones presidenciales de Martha Sahagún, cónyuge del actual presidente mexicano Vicente Fox. No obstante, Mercado tiene claro que «Parece haber un pacto implícito de los hombres para aplicarles a esas mujeres corruptas o mensas un castigo muy superior al que tuvieron ellos en situaciones similares».
Para la precandidata algo de esencialismo es estratégico «para aliarnos como mujeres, por tener un cuerpo de mujer y sin distinguir entre derechas, izquierdas o centro». Asimismo reconoce que «Los pactos entre mujeres con muy débiles. Pronto se quedan solas, sin ellos y sin ellas».
EL URUGUAY DEL CAMBIO
No es casual que el foro que habilitó este debate se haya realizado en Uruguay. Nuestro país «está pasando por un momento histórico en su vida política, cuyos retos, desafíos y proyecciones se inscriben en la necesidad de abrir espacios de reflexión y debates sobre la participación y la representación política de las mujeres en busca de lograr una mayor democratización en el ejercicio del poder, desde un enfoque de derechos y oportunidades», justificaron las organizaciones convocantes.
«La llegada al poder, por primera vez, de un gobierno progresista abre una esperanza de cambio», explica Lilián Abracinskas en nombre de la CNS. «La política en Uruguay ha vuelto a tener una centralidad que no tenía hace muchos años», agrega la directora del Instituto de las Mujeres, Carmen Beramendi.
En la política uruguaya están representados los más variados orígenes socioeconómicos y culturales, pero el gran déficit sigue siendo la participación política de las mujeres, donde el país ocupa el lugar 71 entre los 127 evaluados por la Unión Interparlamentaria. Xavier adelanta que hay intención de reiterar en el Parlamento el debate sobre la cuotificación, y marca como desafío mayor llegar a la mitad del período interelectoral con un consenso entre las mujeres de los diferentes sectores políticos. Actualmente este no existe ni siquiera dentro del que gobierna por amplia mayoría.
LOS HOMBRES TIENEN QUE CEDER
Sin perjuicio de reconocer los avances de las mujeres en las últimas décadas, Grynspan identifica como temas duros de equidad el mercado de trabajo donde persiste la segregación ocupacional y la brecha salarial entre hombres y mujeres , la conciliación del trabajo productivo con el reproductivo »las mujeres no avanzan no sólo por falta de oportunidades sino porque tienen que optar por la informalidad laboral para abarcar ambas cosas, ya que no hay una estructura social que les ayude a resolverlo» , la violencia »la inseguridad espera a las mujeres en sus casas» , y la subrepresentación femenina en política. Cuando esta no está institucionalizada a través de medidas afirmativas la presencia de las mujeres «parece regalía personal de los políticos en campaña electoral», dice Grynspan, advirtiendo que se trata de la cuestión más difícil porque tiene que ver con el poder, y más concretamente con que «estamos pidiendo que los hombres cedan poder».
Lo que no sería tan difícil si ellos se convencieran «de lo que se están perdiendo, de que el espacio de poder que cederían lo ganarían en disfrute de los afectos, por ejemplo, algo que la sociedad siempre les negó», como señala Xavier.
COMPETENCIA Y MACHISMO
Las mujeres que quieren tener vida propia enfrentan muchos obstáculos: hijos, marido, soledad, entre ellos. Por acumulación de tareas, están compelidas a convertirse en súper mujeres o mesiánicas. «La sociedad no ofrece otras posibilidades, cuando es sabido que esos problemas no se pueden resolver individualmente, hay que buscar respuestas colectivas», recuerda Grynspan.
Pero no es la única dificultad. También está la relación con los compañeros de la política. «Los hombres dan el campo pero no el lugar. Hay competencia y machismo al mismo tiempo. La invisibilidad es un dispositivo de poder: hablamos y nadie nos oye, como si no hubiésemos estado allí». Si hay más mujeres, es posible la complicidad de género, insiste la experiente política costarricense.
Mercado destaca lo poco que duran las mujeres en la política: «Aguantamos poco en un mundo que no es el nuestro. Por el acoso político las mujeres pagan un precio muy alto». No obstante, les reclama fortaleza y que si no la tienen no ocupen lugares de poder, «porque eso nos denigra más».
POLITICA Y DINERO
Para hacer política se necesita dinero, y las mujeres llegan a la política no sólo cuando está más desprestigiada sino desde el no dinero. Mercado propone «bajar los costos de hacer política, volver al cara a cara», y aumentar el control ciudadano y la transparencia. Modificar las reglas electorales para quebrar el binomio política/dinero, a su juicio es necesario «por sobrevivencia de las mujeres, pero también por dignificación de la política». Un camino sería la alianza con otros sectores de la población, cosa que su partido ha practicado acercándose al campesinado, por ejemplo.
Del partido que preside Mercado se ha dicho que «le falta músculo». Su agenda se ve como parcial, porque es un partido de causas y de temas «chiquitos», aunque la legalización del aborto esté entre ellos y sea el que puso la equidad, «que atraviesa todos los niveles de la vida», en la agenda pública.
UN TEMA DE INCLUSION
Sin falsos pudores, las mujeres políticas quieren el poder. El poder como posibilidad de hacer. Cómo van a ejercerlo para que efectivamente haga la diferencia con lo conocido hasta ahora es la cuestión.
Para la senadora uruguaya Mónica Xavier es natural que hombres y mujeres tengan formas diferentes de hacer política, porque «vienen de lugares diferentes en la
sociedad».
En una región con mayoría de gobiernos democráticos, la ciudadanía se siente muy decepcionada con los resultados. La economía está en la base del descontento y hasta de la desesperanza social.
¿Qué se espera que hagan esas mujeres que van a representar al menos simbólicamente, en cuerpo, a todas las demás?
Para empezar, profundizar la democracia instaurando la equidad de género. «Los temas sociales, la pobreza y la exclusión están fuertemente atravesados por el género, por las relaciones de poder asimétricas. Mujer y poder en la política es tema de derechos humanos y de inclusión», afirma Beramendi.
Construir un Estado de derecho en la diversidad, garantizando así la laicidad en sentido amplio, es otra de las expectativas. «Desde la perspectiva de género, se puede proponer a la sociedad una agenda común en la diversidad», apunta Grynspan.
Xavier entiende fundamental que las mujeres se mantengan como tales también en política, que no asimilen el estilo masculino, porque «así es como podemos alimentar la diversidad en el debate».
Repem, el Instituto de las Mujeres y la CNS se proponen difundir, a modo de herramienta de trabajo para desencadenar procesos permanentes de capacitación ciudadana y ejercicio político, los debates del foro internacional, en el que también participaron Cecilia López, ex ministra de Estado de Colombia; Matilde Ribeiro, titular de la Secretaría Especial de Promoción e Igualdad Racial de la Presidencia de Brasil, y Fanny Pollarolo, ex diputada socialista de Chile.
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