El encanto del Cabo

El legendario poblador autollamado Zorro marca presencia también en «Buscando el Cabo». Sus conversaciones con la autora Silvia Scarlato son como el estribo desde el que ella se impulsa para reflexionar sobre lo que el Polonio significa y ofrece.

Dividido el libro en cuatro partes, la primera comienza por ubicarlo: «Al sureste del departamento de Rocha de la República Oriental del Uruguay, una punta encantada del Cabo Polonio se mantuvo aislada y recóndida durante décadas… Lejos de las carreteras, las arenas defendieron su magia desafiando a los viajeros. Sólo el esfuerzo de largas caminatas arrimaba el regalo de sus aguas cristalinas, sus imponentes rocas y sus gigantescas dunas».

Dicen que el Polonio fue una isla quienes creen encontrar rastros de mar en sus rocas. El Zorro sólo puede dar fe de que hubo una laguna en la parte más baja. Huellas de asentamientos indígenas también se han encontrado. Pero, «Como siempre, a la historia la dejan escrita los que pueden. Los que sobreviven. Y por lo general, los que se imponen…», advierte Scarlato confrontando la nebulosa en que sigue esa prehistoria.

Lo cierto es que el Cabo está sembrado de historias confusas, en general relacionadas con barcos y naufragios. Hasta su nombre se relaciona con ellos y tampoco en esto hay una sola verdad. Hubo dos naufragios que pudieron marcar el origen: el del galeón Polonio en l735 y en 1753 el de otro galeón capitaneado por un tal Joseph Polloni.

Aunque recién fue electrificado en 1961, el faro se construyó en l881, pero su presencia no puso fin a los naufragios. Se habló de campos magnéticos, de naves extraterrestres.

El Zorro tiene su propia interpretación: «En el Polonio los naufragios que ha habido en el último siglo han sido más por cobrar el seguro que por ninguna otra cosa».

A él se lo prueba el hecho de que hayan cesado recién después que se pobló la zona: a nadie le interesaba encallar con testigos…

Continuando con la zaga histórica, Scarlato recuerda que en 1942 el Polonio se convirtió en centro poblado. Todavía faltaba bastante para que el Zorro instalara su primer restaurante en l970, cuando la sencilla convivencia entre fareros, pescadores y loberos comenzó a ser invadida por visitantes diversos. Los foráneos se multiplicaron a partir del 80, cuando «el francés», su propaganda en Argentina y sus vehículos deambulando por las dunas aportaron ruidosos contingentes de curiosos. Una década después fue la hora de «poner orden» y las dunas fueron declaradas monumento natural (l966) antes que el faro se convirtiera en monumento histórico (l976).

¿Qué busca hoy la gente que va al Cabo Polonio? Scarlato vuelve a su fuente predilecta, el Zorro, y consigna su respuesta: «Yo pienso que, en primer lugar, la gente llega buscando contacto con la naturaleza… Fijate, un lugar como el Polonio… donde no hay luz eléctrica, donde no hay agua corriente, donde no hay calles, todo eso que abunda en la ciudad. A veces la gente viene aburrida de tanta tecnología… aburrida de pasar mal después de todo, en medio de esas multitudes de gente, de coches, donde nadie se conoce ni tiene tiempo de ver lo que tiene al lado…».

«Buscando el Cabo» no se agota en las palabras del Zorro. La autora las engarza en su propia peripecia que incluye un registro comentado de los cambios y hasta proyecciones de futuro. Una obra para amantes del mítico Polonio, pero también para que lo descubran quienes todavía no han asomado a sus encantos.

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