Políticas de género: la experiencia catalana
Marta Selva Masoliver preside el Institut Catalá de les Dones (Instituto Catalán de las Mujeres), dependencia del gobierno autonómico de Cataluña, España.
–¿Cómo se relaciona el feminismo catalán con lo público?
Estamos en un momento parecido al que se está viviendo en Uruguay. Los gobiernos en nuestro caso el del Estado español y también el autonómico de Cataluña se han hecho cargo de la responsabilidad de llevar adelante la perspectiva de género dentro de las políticas públicas… lo que no quiere decir que esto esté plenamente asumido. Es un proceso que ha de planificarse de cara a garantizar su éxito, y que de alguna forma ha generado un cierto desconcierto en el movimiento de mujeres y feminista. Desconcierto que no quiere decir desorientación, sino encontrarse en una situación sobre la cual no hay tradición.
¿Es temor o desafío?
Es desafío más bien. Digo desconcierto en el sentido que no hay una experiencia anterior donde esto se haya producido. Por lo tanto hemos de empezar desde las mujeres que estamos en estos momentos en cargos de responsabilidad en el ámbito público y también las mujeres que están en el ámbito estricto del movimiento feminista; hemos de encontrar escenarios de complicidad, de complementariedad y de poder coparticipar en todos los ámbitos que incumban a las mujeres.
¿Cuánto tiempo tuviste que pensarlo antes de aceptar el cargo?
Tuve para pensarlo 48 horas. Supe desde un principio que iba a ser un cambio de vida tan absoluto que me daba un pavor enorme, pero a partir de unas horas de compartirlo con mi entorno más cercano acabamos y digo acabamos porque fue en plural por decidir que sí tenía que asumir esta responsabilidad. Aunque puse una condición: la de entrar a trabajar con un equipo de tres personas, una de las cuales es Isabel Segura, hoy también aquí, y me alegro mucho de haberlo hecho, no me equivoqué.
Fue uno de los tres partidos de la coalición que gobierna en Cataluña el más preocupado por llevar al máximo la autonomía quien propuso a mujeres independientes al frente del Institut Catalán de les Donas; nosotras no pertenecemos a ningún partido político.
EN MEDIO DE LOS MEDIOS
Tú además te dedicas al audiovisual. ¿En qué órbita de tu vida pones esta vocación?
La cultura audiovisual, la de los medios de comunicación, es fundamental para poder promover en sus contenidos pero también a través de sus métodos de aprendizaje, de lectura y de comprensión un debate sobre la impunidad con la que los medios masivos actúan respecto a lo que la construcción de los imaginarios. Considero imprescindible avanzar en la educación hacia los medios, porque es un elemento de maduración colectiva. Nuestra cultura es profundamente iconoclasta, y ese menosprecio de la imagen parte de las élites culturales o intelectuales que han dado carta de impunidad absoluta tanto a la actuación y construcción de los medios de comunicación como la forma en que se plantean sus mensajes. Lo que hace que siempre estemos en la discusión sobre dónde están los límites, porque no son nunca visibles.
Entre el sexismo y la censura, por ejemplo, ¿dónde está el límite de la libertad de expresión, que tiene que ser sostenible por el resto de la sociedad? En este sentido intervenir en la cuestión de los medios de comunicación, concretamente de la cultura audiovisual, es un elemento que yo creo importantísimo.
¿Cómo es la relación del Instituto con los medios masivos de comunicación?
Estamos en una etapa de diálogo y debate con las instancias superiores que rigen los medios de comunicación pública para que empiecen a observar y a utilizar esta metodología del impacto de género. De la misma manera que hablamos de que las políticas no son neutras en términos de género, tampoco los enunciados audiovisuales lo son.
En un principio hubo un reconocimiento de la necesidad de trabajar en este sentido. Existe en Cataluña el Consejo del Audiovisual, adonde van las denuncias cuando aparecen imágenes o anuncios sexistas. Es una nueva cultura que hay que ir construyendo, una nueva cultura que incorpore a las mujeres y la experiencia femenina como una experiencia validada. Que la palabra de las mujeres sea considerada válida y con todo el potencial de autoridad que en realidad tenemos, porque nuestra experiencia quizás sea la experiencia más empírica que existe.
DE VICTIMAS A PROTAGONISTAS
Porque arranca de nuestro cuerpo…
Sí, arranca de nuestro cuerpo y de nuestra relación con el entorno más cercano. Eso genera todo un cambio, lo que no quiere decir que en su transcurso no tengan que arbitrarse medidas que también sean ejemplificadoras, como la tolerancia cero respecto a determinado tipo de mensajes, a determinado tipo de spot televisivo, etc. Tenemos instrumentos como la ley integral contra la violencia de género, la ley del audiovisual y la propia ley catalana de derechos de las mujeres por la erradicación de la violencia machista. Pero no estamos solo en el ámbito de lo penalizador aunque creo que hay que hacerlo y actuar ejemplarizantemente sino también en trabajar en la elaboración de pedagogía.
Ahora solo aparecemos como víctimas, como necesitadas de cosas. La mujer plena, autónoma, capaz, con posibilidades de intervenir, participar, es la gran ausente en los medios de comunicación. Hace falta un cambio, organizando certámenes como los de muestras de cine realizado por mujeres donde estos parámetros se cambian absolutamente, visibilizando nuevas estrategias, financiando y promoviendo investigaciones nuevas sobre otros sistemas y formas de comunicar que tengan en cuenta este cambio de paradigma. Hay que generar espacios de difusión y de capacitación para que todo esto sea posible, y en este sentido estamos trabajando de una manera muy explícita y muy clara.
LA MEMORIA HISTORICA DE LAS MUJERES
Isabel Segura Soriano es la directora del Plan de Acción y Desarrollo de las Políticas de las Mujeres del Institut Catalá de les Dones.
¿Recuerdas desde qué momento te consideraste feminista?
Lo recuerdo exactamente. Creo que tenía 25 años y con Marta Selva Masoliver asistimos a las Jornadas de Feministas Independientes de Barcelona. En ese momento fue cuando vi claro. Yo venía de la militancia clandestina durante la época franquista, y cuando se inicia la democracia esas jornadas fueron un hecho muy importante. A partir de ahí empieza todo un descubrimiento de una nueva vía de investigación en el mejor sentido de la palabra, es decir: de investigación con implicación vital. Y también de reflexión entre mujeres. Se abría todo un nuevo campo de pensamiento donde de alguna manera te incluías como mujer y te implicabas directamente también desde el cuerpo. Se abrió una nueva perspectiva para entender el mundo, empezar a explicárselo a los demás y explicarse una misma qué papel juega en este mundo.
Además de tu trabajo en el Instituto, te has dedicado a la literatura…
Soy historiadora. Empecé por utilizar la literatura como fuente de documentación histórica, para recuperar la memoria histórica de las mujeres. Las fuentes tradicionales no me servían; entonces empecé a recuperar mujeres que habían escrito en mi lengua, el catalán. Lo primero fue una colección que reeditaba a las clásicas catalanas para recuperar textos que mujeres habían escrito desde el momento en que aparece la imprenta en Cataluña. Fue sorprendente: se habían p
ublicado, distribuido, leído y reeditado, pero después la memoria histórica las borró. La sorpresa fue brutal, porque empezamos pensando que había tres y resultaron trescientas con obra publicada. Y no hablo de libros en el cajón sino de libros publicados y editados en su época…
Es bastante elocuente para probar el olvido y la invisibilidad en que caímos…
Realmente hay una larguísima tradición que se pierde en la memoria, que se ha borrado, ¡pero que existe porque ha existido!
Esas mujeres hablan desde su perspectiva; la visión que plasman de la sociedad está escrita desde una perspectiva concreta. Es, por ejemplo, la experiencia de una mujer en el siglo XIX, escrita en el mismo o en el XVIII que deja ver cual era su experiencia como mujer, y ahí sí que se ve todo un conjunto de aportaciones que son absolutamente imprescindibles para reinterpretar el pasado desde la perspectiva ya sea literaria o histórica, pero con su propia visión. Nos sorprendió el éxito, en el mejor sentido de la palabra, que tuvimos, se agotó en ocho meses la edición de una obra escrita por mujeres en el siglo XVII. Fuimos muy conscientes de que la queríamos publicar en la lengua original porque cualquier lengua en tres siglos cambia. Algunas de estas obras luego fueron traducidas al castellano.
DE LO QUE SE DICE A LO QUE ELLAS DICEN
¿A través de tu trabajo literario trabajas con las mujeres de barrios?
Sí, me interesa mucho la historia de las mujeres inscriptas en un entorno urbano, en las ciudades, ver ese juego continuo de recuperar la memoria femenina en una ciudad concreta. Hay dos ciudades que me interesan especialmente: Barcelona y La Habana, con las que he jugado mucho e intentado inscribir cuál fue la memoria histórica de diversos colectivos de mujeres en períodos históricos concretos y en un territorio concreto. Primero escribí «La guía de mujeres de Barcelona», que pretendía ir desde la época romana hasta el siglo XX. Es una propuesta de recorridos por la ciudad, identificando los espacios que crearon las mujeres, cómo vivieron; fue a partir de ahí que me di cuenta de que no hay una única historia de las mujeres, y que cada barrio tiene también su propia historia particular.
A partir de esa guía empecé a recuperar la memoria de las mujeres actuales en los barrios, un trabajo que hacemos con ellas. Son mujeres de diferente formación, de diferente origen, tanto físico, como cultural, como de clase, y a partir de ahí trabajo con los álbumes de fotos familiares. Empezamos a recuperar las historias personales, un poco jugando con la idea de que las historias personales se inscriben en una historia colectiva, y si inscribimos las historias diversas de las mujeres nos aparece otra historia de la ciudad en que viven. No solo con la intención de recuperar el pasado sino con un firme propósito: memoria es poder y las mujeres necesitamos recuperar esa memoria.
Escribiste también «Memoria de Señoras»
En ese libro trabajé no con lo que dicen las mujeres, sino con lo que se decía de ellas desde la literatura popular, en los romances que eran unos versos populares que se vendían en las esquinas a un precio muy barato antes de que existiese la prensa masivamente. Me interesaba captar qué decía de ellas la literatura popular. Ese fue el primer paso.
Colaboración de Cotidiano Mujer
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