Valentina de más
Crecer duele. Valentina lo descubre a los 12 años, cuando un encuentro casual aunque cada vez más probable en el Uruguay de hoy- le dispara tal proceso de cambio que hasta ella misma se siente otra. Más grande, más sabia, más segura de que quiere ser «Valentina de más», nunca de menos.
Es cuando Gabriela se atraviesa en su vida que todo empieza a ser distinto. La inicial curiosidad que le despierta a Valentina esa niña desabrigada pese al rigor del clima, que vende almanaques en los ómnibus, deviene pronto en necesidad de acercamiento y de allí a la solidaridad hay un paso.
A partir de entonces, las preocupaciones que Valentina conjugaba en modo subjuntivo van desmoronándose. Las edulcoradas Barbies de su hermana chica, la inminencia del nuevo casamiento de su padre, el novio astrólogo de la madre, los informes sobre medio ambiente que demanda la clase de geografía, no tardan nada en ceder lugar a inquietudes que tienen más que ver con lo social, sus diferencias e injusticias. Hasta Martín pasa de casi novio de toda la vida a amigo preferido, y el significado de la recién estrenada menstruación pierde misterio.
Gabriela trabaja para ayudar a la subsistencia de su familia, monoparental, con madre jefa y varios hijos de padres ausentes. Gabriela no va a la escuela ni tiene medias para acompañar sus viejos championes, menos que menos un cuarto propio.
Para entonces, Valentina apenas andaba masticando la palabra que definiría su nueva identidad: adolescente. «Todavía no sé todo lo que entra en esa palabra. Es como un mundo anchísimo que aún desconozco hasta dónde llega, en el cual no sólo me voy encontrando con Don Quijote sino con que puedo ir sin mi madre a comprarme un pantalón a la feria…», pone en su boca la autora Lía Schenck.
Eso fue durante la primera de las dos fiebres que abren y cierran la novela, cuando todavía Valentina podía fantasear que se convertía en árbol, y sin necesidad de imaginación los dolores se iban con abrazos. Reflexionaba sobre las bibliotecas que se parten en dos cuando padre y madre se separan, las nuevas relaciones de ambos, los cambios que el tiempo impone en el cuerpo de las personas adultas, para concluir que «es difícil ser hija».
Su primer viaje autónomo en ómnibus la conecta con otras realidades, como los celulares que ahora convierten a los controladores adultos en controlados por propia vocación.
Cuando aparece Gabriela y Valentina establece una relación con ella, también inaugura un secreto que no se atreve a confesar a sus afectos primarios ni a Martín y Carolina, sus compinches más cercanos. Los secretos pesan mucho, y por eso no es raro que Valentina sucumba a otra fiebre más densa que la primera, como denso es el cambio que se está operando en ella.
Con oficio, lenguaje fluido y mucha ternura, Lía Schenck va tejiendo la trama de «Valentina de más», una novela de 80 páginas en la que muchas y muchos adolescentes pueden encontrar no sólo espejos: también claves para interpretar eso que les sucede antes de que dispongan de conceptos para explicárselo.
Un valioso aporte para una franja etaria a menudo desierta de consideración específica, esa que marca el pasaje de la infancia a la adolescencia, de los dolores que se curan con abrazos a los «dolores más largos» que demandan aprendizaje y experiencia.
NOTICIAS DE LA AUTORA
Lía Schenck nació en Juan Lacaze, departamento de Colonia. Es docente, periodista y psicóloga social. Coordina talleres de creación literaria en Uruguay, Argentina y España. Tiene una extensa obra publicada: «El gallo Gaspar Gaspar», «Estrella, la cometa que quería volar», «El retorno de los nómades», «La escuela de los niños», «El mago de las palabras», en Argentina; «Yo cuento, ella cuenta, nosotros contamos», «Mujeres que cocinan cambios», «Tiempos de cosechas», «Desatando nudos, Tejiendo redes», «El cambio tiene género», en España.
La editorial Fin de Siglo presentará «Valentina de más» el 20 de diciembre, a las 20 horas, en la Feria del Libro y del Grabado del Parque Rodó. Participará la autora, y Silvia Novarese leerá fragmentos del texto.
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