Cuando canta Gabriela
Para elaborar las obras plásticas que integran la muestra «Cuando canta Gabriela» que fue inaugurada por el embajador de Chile en Uruguay, Carlos Appelgren y contó con la participación del ballet Orlama, dirigido por Laura Massironi las artistas leyeron o releyeron la obra de Gabriela Mistral y seleccionaron textos.
Una de las cuatro que presenta Beatriz Carballo es una instalación textil inspirada en el poema «Rocío» que habla del dolor de una madre por la muerte de su hijo. «Lo resolví con pétalos de rosa de cedro- explicó a La República de las Mujeres -Deshice más de cien rosas de madera y esos son los ‘pétalos’ que vienen cayendo suspendidos en hilos de seda casi invisibles. Debajo de la instalación están las rosas enteras». Carballo cuenta también que esos hilos de seda eran utilizados por su abuela materna en sus crochets.
«Lo que más destaco es la sensibilidad de Gabriela Mistral hacia la maternidad, siendo que no tuvo hijos propios aunque sí adoptó un niño», afirma Aída Dovat, tres de cuyos cuadros están referidos a ese tema. Valora también la gran preocupación de la poeta chilena por los que sufren, su generosidad hacia niñas y niños y su deseo de unión entre los pueblos. «La Flor sin color» refiere al poema «La flor del aire», que según Dovat «tiene que ver con los sueños, aun con los sueños imposibles».
La exposición podrá visitarse hasta el 14 de diciembre de 9 a 17.30 horas, en 25 de Mayo 575.
PEREGRINA Y DESCONOCIDA
Poeta, maestra, periodista y diplomática en una época en que muchas de las actuales conquistas sociales de las mujeres eran impensables, la vida y obra de Gabriela Mistral suscitan profunda admiración. Para difundir su figura en Europa, recientemente Editorial Tabla Rasa lanzó en España «Gabriela Mistral o Retrato de una peregrina«, una biografía novelada de Sergio Macías. Polémica para muchos, el escritor chileno declaró que la poeta fue silenciada en su época «por el solo hecho de ser mujer» y «aplastada por los medios de comunicación de su tiempo». «En aquellos años era muy difícil que una mujer pasara a un primer plano en cualquiera de las áreas de la sociedad», advierte Macías.
Su verdadero nombre fue Lucila Godoy Alcayata y nació en un hogar muy humilde el 7 de abril de 1889, en el pueblo de Vicuña. Sus primeros años estuvieron signados por la estrechez económica y el abandono de su padre cuando tenía tres años. El suicidio de su amor y años más tarde el de su sobrino-hijo adoptivo, la afectaron profundamente. Viajó por diversos países, primero como escritora y luego como diplomática. Después de visitar nuestro país en 1924, escribió: «Hay en América un pequeño país el Uruguay que todos aceptaríamos por patria porque tiene no sé qué de la perfecta madre. Los mejores hombres de América, cuando miran hacia él, le encuentran, cuando menos, una de sus líneas amadas: la libertad, o el sentido democrático, o la cultura. Si en algún tiempo, hiciéramos una sola cosa del continente español, tal vez fuera la suya la capital elegida por todos sin celos ni vacilaciones».
Mistral falleció el 10 de enero de 1957, en Nueva York, «con solo su destino por almohada, de una muerte callada y extranjera». Según Macías, la poeta es una «desconocida para sus compatriotas y fue más importante los cien años del nacimiento de Neruda que el Premio Nobel a una escritora latinoamericana hace 60 años».
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