Semblanza de dos jerarcas argentinas
Melisa Miceli tiene 52 años, es licenciada en Economía y tiene tres hijos. La también profesora universitaria, trabajó varios años integrando equipos técnicos de Roberto Lavagna, el ministro saliente, y se desempeñó como representante de esa cartera ante el Banco Central hasta que pasó a presidir el Banco Nación en 2003.
Demostró su fuerte temperamento cuando al asumir este cargo anunció que terminaría «con la práctica habitual de considerar al Banco Nación como el socio bobo que siempre está presente cuando se trata de otorgar créditos pero que es relegado a la hora de cobrar». Durante su gestión, reorientó los créditos hacia las pequeñas y medianas empresas y fue implacable con los grandes deudores.
Si el gobierno de Néstor Kirchner decide retomar las negociaciones suspendidas desde 2004 con el Fondo Monetario Internacional (FMI), esta mujer deberá lidiar con sus experimentados negociadores y tal vez enfrentarse a otra mujer fuerte: la estadounidense Anne Krueger, vicepresidenta del organismo.
Miceli también tendrá que centrar su atención en la lucha contra la inflación y por la distribución de la riqueza, en un país donde la pobreza castiga aún a 38.5% de los 37 millones de argentinas y argentinos.
El perfil de economista de la flamante ministra no le impidió asumir compromisos con los derechos humanos. Fue presidenta de la Comisión de la Memoria que se formó años atrás en la estatal Facultad de Ciencias Económicas, y una de las impulsoras de la cátedra de derechos humanos de esa casa de estudios.
La ministra de Defensa Nilda Garré nació en 1945, es abogada y tiene tres hijos. Hija de un diputado justicialista, desde muy joven se vinculó con la política.
A los 27 años fue diputada nacional por capital por el Frente Justicialista de Liberación, ejerciendo su mandato hasta el golpe de Estado de marzo de 1976. Durante los años de dictadura militó por los derechos humanos, colaborando como abogada de presos políticos.
Con el retorno de la democracia en 1983, impulsó dentro del Partido Justicialista la renovación peronista. El triunfo de Carlos Menen la alejó de esas filas, y cuando retomó la actividad política en 1994 lo hizo en el Frepaso, por el cual fue elegida diputada nacional en 1995. Reelecta en 1999, renunció a la banca en 2000 para asumir la Secretaría de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior, cargo al que también renunció en 2001 en repudio a las medidas económicas que pretendía implementar el entonces ministro de Economía Ricardo López Murphy.
Garré coordinó la Unidad Especial de Investigación del Poder Ejecutivo para el esclarecimiento del atentado a la AMIA, hasta que el entonces presidente De la Rúa le pidió la renuncia. En 2001 inició un nuevo mandato como diputada nacional, presidiendo desde 2003 el bloque Frepaso.
En 2004 fue designada embajadora en Venezuela, de donde regresa para hacerse cargo de la cartera de Defensa.
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