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Sexualidad: La pura verdad en la Biblia

Un estudio serio de la Biblia (que toma en cuenta el contexto histórico, social, lingüístico y cultural en el que fue escrita) revela que ciertas tradiciones eclesiales han distorsionado a través de los siglos su mensaje original. "Pienso que una de las principales funciones de los relatos bíblicos es brindar educación sexual. Y a la inversa, me sorprendió encontrar que no dicen absolutamente nada sobre la masturbación, el aborto, el control natal, el sexo oral-genital, y otras prácticas sexuales", afirma la reverenda Debra W. Haffner al cabo de una investigación que realizó en la estadounidense Universidad de Yale, cuyas principales conclusiones se reproducen a continuación.

Escrito por: DEBRA W. HAFFNER (*), Traducción de Francisco Javier Lagunes Gaitán

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Desde los escritos de Pablo de Tarso a los de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino y a través de la labor actual de la organización fundamentalista estadounidense Coalición Cristiana sectores de la iglesia cristiana han intentado controlar, definir y limitar la expresión sexual. Es claro que el dualismo mente/cuerpo, que caracteriza a mucho del pensamiento cristiano, es el sesgo a través del que la Biblia y las tradiciones eclesiales son utilizadas para limitar la experiencia de la gente, la expresión de su sexualidad, y asimismo para promover sistemáticamente la opresión de la sexualidad.

Sin embargo, estas mismas herramientas teológicas pueden ayudar a hacer manifiesta una teología sexual revisada.

 

LA BIBLIA HEBREA

La Biblia Hebrea (también conocida como Antiguo Testamento) está llena de relatos sobre temas sexuales. El libro del Génesis incluye más de 30.

El relato de la creación (Génesis 1 y 2) explica el sexo biológico y la razón para la existencia de dos géneros. Génesis 1 dice que Dios creó “macho y hembra” (1:27) y que entonces Dios los bendijo: “Sed fecundos y multiplicaos” (1:28). Génesis 2 es la narración más familiar de la creación de la mujer a partir de la costilla de Adán. Dios reconoce que “No es bueno que el hombre esté solo” (2:18) así que se dispone a proveerle de compañía.

De hecho, esta soledad es el primer aspecto de la creación que Dios encuentra desagradable. Adán rechaza todos los animales que Dios le presenta. Es solo entonces que Dios pone a dormir a Adán para crear a la mujer. Así se destaca la centralidad de la sexualidad y de ambos géneros: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen un sola carne” (2:24). Uno al lado de otro, los dos textos referidos a la creación refuerzan la idea de que la sexualidad es tanto pro-creativa como re-creativa.

La importancia de las relaciones sexuales y el papel del deseo aparecen en numerosas ocasiones en el Génesis. A Eva se le dice que a pesar del dolor del parto “hacia tu marido irá tu apetencia” (3:16). Sara describe sus relaciones sexuales como “placer” (18:12). Isaac es visto “solazándose con Rebeca” (26:8). Lía y Raquel negocian los favores sexuales de Jacob (30:14-16). La mujer de Putifar desea fuertemente a José y le pide acostarse con él (39:7). La cópula sexual misma es frecuente y públicamente explicada en el Génesis: “Conoció el hombre a Eva su mujer” (4:1), “Conoció Caín a su mujer” (4:17), “Adán conoció otra vez a su mujer” (4:25), y así sucesivamente.

La fertilidad se alude en el Génesis como un don de Dios. Sus primeras palabras para la gente son “Sed fecundos y multiplicaos” (Génesis 1:28). Sin embargo, las matriarcas de la Biblia Hebrea son inicialmente infértiles: “Dios escoge a tres mujeres infértiles y a una mujer [Lía] que no era deseable para su esposo para dar a luz a los niños que heredarían el convenio”. La intervención directa de Dios ayuda a estas mujeres a concebir. Sara tiene su hijo a los 90, luego de una vida de infertilidad (21:2).

La Biblia Hebrea también incluye dos relatos en los que la mujer infértil arregla que sus esposos tengan hijos con otras mujeres: Sara envía a Abraham a tener sexo con Agar (16:2), y Raquel dice a Jacob “únete” a su criada Bilhá para poder tener hijos a través de ella (30:3).

El Génesis habla sobre los genitales y las funciones corporales. Dios pide a los antiguos: “os circuncidaréis la carne del prepucio, y eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros” (17:11). La circuncisión asegura que la “alianza esté en vuestra carne como alianza eterna” (17:13). En 1970, el teólogo y consejero matrimonial David Mace escribió que el pene fue escogido para alojar esta marca debido a que es la parte más santa del cuerpo: “Fue con este órgano especial que él se convirtió, en un sentido especial, en colaborador de Dios”.

Y habla francamente de la menstruación. Los escritores sabían que el fin de la menstruación era semejante al término de la fertilidad (Génesis 18:11).

El Génesis contiene numerosas advertencias sobre los usos potencialmente destructivos de la sexualidad. Hay referencias a la violación (34:1-4), la violación en grupo (19:4-8), el incesto (19:31-39) y la prostitución (38:15-17).

La Biblia, sin embargo, no contiene los mensajes sexuales negativos que la gente asume que contendría. Por ejemplo, Sodoma y Gomorra no es un relato contra las relaciones sexuales mutuamente consentidas entre adultos del mismo género. Más bien el pecado tiene que ver con la falta de hospitalidad y la violación en grupo. De manera semejante, el pecado de Onán no es por la masturbación, sino por su ignorancia de la ley levítica que indicaba que debía procrear con la esposa de su hermano muerto. Onán no se masturba para evitar la procreación: practica el coito interrumpido, pues “Onán sabía que aquella descendencia no sería suya y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra evitando así dar descendencia a su hermano” (Génesis 38:9), algo que aparentemente realizó con alguna frecuencia.

La función especial de la sexualidad en el primer año de una relación es resaltada en el Deuteronomio: “Cuando un hombre es recién casado, no saldrá con el ejército, ni se le impondrá ningún deber; quedará libre en su casa por un año para hacer feliz a la mujer que ha tomado” (Deuteronomio 24:5). A propósito de este pasaje, el iniciador de la Reforma, Martín Lutero, en el siglo XVI escribió que es “como si Moisés quisiera decir, ‘El gozo durará un año; luego de eso ya veremos’”. Los Proverbios también contienen esperanza para la intimidad sexual continuada: “Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela: que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (5:18-19).

 

RELACIONES HOMOSEXUALES

La Biblia contiene solamente cuatro versículos que aluden a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo: dos en el Levítico y dos en el Nuevo Testamento. El Levítico dice: “No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación” (18:22), y “Si un varón se acuesta con otro varón, como se hace con una mujer, ambos han cometido una abominación: han de morir; su sangre sobre ellos“. (20:13). La misma escritura dice que maldecir a madre y padre se castiga con la muerte (20:9), e igual se castiga tener sexo con la mujer del vecino (20:10), con la del padre de uno (20:11), con la nuera (20:12), con una mujer y al mismo tiempo con la madre de ella (20:14), o con un animal (20:15-16). Otras acciones, que se castigaban con el exilio de acuerdo al Levítico, son ver desnudos a los familiares y tener sexo durante la menstruación (20:17-21).

En el Nuevo Testamento los pasajes iniciales de romanos condenan las prácticas paganas. Luego se denuncia el sexo con alguien del mismo género: “Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza” (1:26), “igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrazaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío” (1:27). Además, los versículos del Corintios (6:9-10) y del Timoteo (1:10) hacen equivaler “Ni impuros, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados [en realidad, prostitutos masculinos rituales, N. del T.] ni homosexuales” con o
tros pecadores: “ni ladrones, ni avaros, ni borrachos ni ultrajadores, ni explotadores [Biblia de Jerusalén, 1998]“ . Sin embargo, estos dos libros nunca ofrecen definiciones para estos términos.

Así resulta, en el mejor de los casos, inexacto usar la escritura para condenar las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo que sean consensuales y comprometidas. El hecho de que solo cuatro versos traten este tema significa que era de una importancia relativamente pequeña para los autores. En contraste, hay más de 10 prohibiciones en el Levítico contra las relaciones sexuales durante la menstruación, y 17 versos sobre cómo hacer una ofrenda de grano.

La mayoría de los teólogos modernos creen que estos pasajes sobre hombres que tienen sexo con otros hombres en realidad se relacionan con cultos extranjeros cercanos (Levítico 20:22-23) que practicaban la prostitución sagrada para lo que frecuentemente utilizaban prostitutos masculinos durante sus prácticas religiosas.

La prostitución era una parte aceptada de la sociedad urbana durante los tiempos bíblicos (véase Reyes 22:38, Isaías 23:16, Proverbios 7:12, y 9:14); en cambio la prostitución ritual era condenada claramente. El Deuteronomio (23:18) y Números (25:1-3) contienen varias prohibiciones contra esta clase de prostitución, pero ninguna contra las prácticas sexuales con gente del mismo sexo. Muchos teólogos creen que el Levítico se refiere solamente al uso de prostitutos sagrados, una práctica que no había sido completamente erradicada del Templo hasta las reformas de Josías (1 Reyes 15:12 22:45; 2 Reyes 23:7).

Hay algunos pasajes poco citados de la Biblia que reconocen el contacto sexual y el amor entre hombres. Por ejemplo, Abraham pide a su siervo que pronuncie un juramento y le dice: “pon tu mano debajo de mi muslo” (Génesis 24:2). David, al hablar de Jonatán, dice: “…[tú me has sido] en extremo querido, tu amor fue para mí más delicioso que el amor de las mujeres” (2 Samuel 1:26). En efecto, Jonatán y David parecen enamorarse a primera vista: “En acabando de hablar David a Saúl, el alma de Jonatán se apegó al alma de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (1 Samuel 18:1). Y posteriormente, “Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David” (1 Samuel 19:1).

A diferencia de su posición sobre la homosexualidad, la Biblia condena claramente el adulterio, que se contempla no solo como un pecado sexual sino también como una violación de los derechos de propiedad. En tiempos bíblicos, el adulterio se definía como tener sexo con la mujer o concubina de otro hombre sin su permiso, no era tener sexo fuera del matrimonio. En efecto, en Proverbios (6:26) se urge a los hombres a buscar prostitutas, cuya tarifa era equivalente al costo de una pieza de pan, antes de ser tentados por la mujer de otro. Durante el período en el que se escribió el Nuevo Testamento, se decía que el esposo cometía adulterio si se divorciaba de su mujer (Mateo 5:32, Marcos 10:11 y Lucas 16:18), lo que se prohíbe en varios libros (Romanos 13:9, Gálatas 5:19 y Santiago 2:11).

El celibato no se presenta positivamente nunca en la Biblia Hebrea. Durante el período de tiempo desorganizado, la hija de Jefté ruega a su padre por dos meses de indulto antes de morir pues era todavía virgen: “Que se me conceda esta gracia; déjame dos meses para ir a vagar por las montañas y llorar mi virginidad con mis compañeras” (Jueces 11:37). Las hijas de Israel iban cada año a lamentarse por la hija de Jefté debido a que “La joven no había conocido varón” (Jueces 11:39). De manera similar, se dice que el profeta Jeremías permaneció soltero como un ejemplo de la desorganización que caracterizó a Israel en esa época (Jeremías 16:2).

 

EL CANTAR DE LOS CANTARES

El libro más abiertamente sexual de la Biblia es el Cantar de los Cantares. A lo largo de la historia, ha habido intentos por entenderlo como una alegoría. En varias obras el Cantar de los Cantares se describe como un libro sobre el amor de Dios por Israel, o sobre el amor de Jesús por la iglesia, o incluso sobre batallas históricas. Los estudiosos modernos, en su gran mayoría, han desechado estas interpretaciones y creen que “el nivel primario del texto es explícitamente el del amor humano y en ninguna parte menciona a Dios“.

El Cantar de los Cantares celebra el amor erótico entre un hombre y una mujer en una relación notablemente mutua. Marcia Falk, en el “Comentario Bíblico Harper”, dice que la “la mujer habla tan asertivamente como el hombre, al iniciar la acción por lo menos con la misma frecuencia; los hombres son libres de ser tan amables y suaves, tan vulnerables, incluso tan tímidos como una mujer. Los hombres y las mujeres se elogian de manera similar por su belleza y sensualidad, y a veces se usan frases idénticas para describir a los amantes de ambos géneros”.

El Cantar de los Cantares no habla sobre el sexo en el ámbito del matrimonio, ni de la procreación: a la mujer nunca se le “llama esposa, ni se le pide engendrar niños. De hecho, sobre el tema del matrimonio y la procreación, el Cantar de los Cantares no dice absolutamente nada”.

Es notablemente explícito en sus descripciones eróticas. Consideremos, por ejemplo, estos dos pasajes:

“Mi amado metió su mano por el hueco de la cerradura; mis entrañas se estremecieron. Me levanté para abrir a mi amado, mis manos destilaron mirra, mirra goteaban mis dedos, en el pestillo de la cerradura”… (5:4-5). “¡Qué bella eres, qué hermosura, amor mío, qué delicia! Tu talle es como palmera, tus pechos son los racimos; pienso subir a la palmera, voy a cosechar sus dátiles; serán tus pechos racimos de uvas, tu aliento, aroma de manzanas, tu paladar, vino generoso”… (7:6-9).

Es interesante que, después del Génesis y los Salmos, el Cantar de los Cantares fue el libro más frecuentemente expurgado del Viejo Testamento en la Edad Media. Denys Turner, en “Eros y alegoría” observa esta ironía: “los varones célibes, sacerdotes y monjes por siglos han descrito, expresado y celebrado su amor por Dios en el lenguaje del sexo”.

Algunos teólogos antiguos prevenían contra este texto: Dionisio el Cartujo, por ejemplo, advertía de que el Cantar de los Cantares no debería ser leído por nadie menor de 30, y que solamente la gente “reformada y purificada del deseo sexual” no resultaría dañada por su lectura.

 

EL NUEVO TESTAMENTO

El Nuevo Testamento incluye poca discusión sobre asuntos de sexualidad. Sin embargo, la Primera Epístola de Pablo a la Iglesia de Corinto (también conocida como 1 Corintios) los trata prolijamente. De hecho, contiene muchos de los temas de los programas de educación sexual vigentes actualmente y puede considerarse como una forma de instrucción sexual para el siglo primero.

Pablo trata brevemente sobre la anatomía, las familias, la crianza infantil, los valores, la toma de decisiones, la comunicación, la autoestima y autoconfianza, el comportamiento sexual compartido y el deseo sexual. También proporciona amplia información sobre los cuerpos, el amor, el matrimonio, los roles de género, la sexualidad y la sociedad, la ley y la religión. Reconoce la sacralidad del cuerpo y de las relaciones sexuales, refuerza la noción de que el deseo sexual es parte de la vida y respeta la importancia del placer mutuo e igualitario, y de la responsabilidad en las relaciones íntimas. También afirma positivamente al matrimonio y ofrece una brillante descripción del amor.

Pablo creyó que el “cuerpo es templo del Espíritu Santo” (6:19). También reconoció el carácter sagrado de todas las partes del cuerpo: “…Dios puso cada uno de los miembros en el cuerpo según su voluntad. Si todo fuera un solo miembro, ¿Dónde quedaría el cuerpo? Por tanto, muchos son los miembros, más uno el cuerpo” (12:18-20). Aunque, desdichadamente, marca una diferencia entre las partes más o menos honorables del cuerpo, afirmó que “…para que no hubiera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan lo mismo los unos de los otros” (12:25).

Corintios 6:12-20 no debe leerse como una condenación de todas las relaciones sexuales, como algunos teólogos creen deducir. Más bien afirma que la sexualidad tiene la capacidad de ejercer un gran efecto sobre nuestra vida. Muchos estudiosos han escrito que “porneia” no debería traducirse como “fornicación”, sino como inmoralidad sexual, como se entiende en la Torá o Pentateuco. Pablo instaba a los cristianos a evitar el uso de prostitutas en especial de las rituales debido a que el acto físico del coito implica la santidad de hacerse “una carne”. En palabras de William Countryman, Pablo “consideraba al deseo sexual como un apetito natural, aunque uno demasiado central para la identidad humana como para tratarlo casualmente”.

Pablo reconoció que los adultos experimentan deseo sexual. El sintió que la gente tenía la capacidad de tomar decisiones sobre sus sentimientos sexuales, que no eran incontrolables, y que deberían ser reconocidos y llevados a la práctica solamente en la medida en que apoyen los valores de uno (7:36-8).

No sugirió solo abstinencia, ni celibato para todos. El creía que abstenerse permanentemente de las relaciones sexuales era un don especial: “Quisiera que todos fueran como yo: más cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera; otros de otra” (7:7). En una admisión sorprendente, declara que su creencia personal en el celibato no proviene de Jesús ni de Dios: “Acerca de la virginidad no tengo precepto del Señor” (7:25).

Pablo afirma continuamente al matrimonio como el contexto para las relaciones sexuales e insiste en la reciprocidad de los roles. “Que el marido cumpla su deber con la mujer; de igual modo que la mujer con su marido. No dispone la mujer de su cuerpo; sino el marido. Igualmente el marido no dispone de su cuerpo; sino la mujer” (7:3-4).

Los integrantes de la pareja tienen derecho a esperar relaciones sexuales de manera regular: “No os neguéis el uno al otro sino de mutuo acuerdo, por cierto tiempo…” (7:5).

Pablo avanzó en su entendimiento de la igualdad entre ambos géneros, pero insistió en la contribución única de ambos. Pese a que hay en su texto algunas líneas claramente patriarcales (11:8-10), otros pasajes reconocen la importancia de ambos géneros: “Por lo demás, ni el varón sin la mujer, ni la mujer sin el varón. En el Señor” (11:11).

La centralidad del mensaje de amor [o 'caridad', según la traducción de la Biblia de Jerusalén, 1998] es un componente básico de todo buen programa de educación sexual. Y aquí, Pablo es tan relevante hoy como lo fue hace dos mil años. El capítulo 13 podría ser un tema central de estudio en los programas educativos sobre la sexualidad: “La caridad es paciente, es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe” … “Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta” (13:4-7).

 

HACIA OTRA TEOLOGIA SEXUAL

Sin duda, hay una necesidad urgente de una nueva teología sexual que ayude a la gente a reconocer el valor de la sexualidad. El teólogo James Nelson ha afirmado elocuentemente los objetivos de tal teología: “Será fuerte y positivamente afirmadora de la sexualidad, en el entendimiento de que el placer sexual es un bien moral que se arraiga en el valor sagrado de nuestra sensualidad y poder erótico, y no necesita de justificación alguna a trevés del potencial reproductivo. Se basará en el respeto por nosotros mismos y por la integridad corporal del otro, y nos ayudará a defendernos contra violaciones sexuales comunes de esa integridad. Celebrará la fidelidad en nuestros compromisos, sin prescripciónes legalistas sobre las formas precisas a las que deba atenerse esa fidelidad. Será una ética cuyos principios se apliquen igual y sin dobles estándares a personas de ambos géneros, de todos los colores, edades, condiciones corporales, y orientaciones sexuales”.

A esto yo añado “Amén”.

 

(*) Dirige el Instituto Religioso de Moralidad Sexual, Justicia y Salud y es ministra comunitaria ordenada Unitaria Universalista. Fue presidenta y directora general del Siecus (Consejo de Educación e Información de la Sexualidad de los Estados Unidos de América). Su investigación se publicó originalmente en “Siecus Report” (1997) y fue reproducida en www.notigay.com

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