Sueño realizado en Lavalleja

Es la tarde de un miércoles y en la acogedora sede del Centro Cultural Lavalleja, ubicada en Avenida de las Instrucciones y Camino Edison, un nutrido grupo de personas recibe a La República de las Mujeres.

Allí están Paulina Meroni, Alicia Márquez, Olga Otieri, Marta Loarche, Luis Viñas, Hugo Calascione, Vanesa Moreira, Florencia Sander, Ecilda Sanabria, Elida Pintos y Olga Olivera, integrantes del conjunto de vecinas y vecinos que anima esta espléndida experiencia comunitaria.

La hazaña cotidiana de esta gente es expandir y fortalecer en el barrio los lazos interpersonales, crear allí espacios de encuentro y amistad, unir talentos y capacidades en una acción social común centrada en los problemas y necesidades de la zona.

 

EMPEZO POR LA BIBLIOTECA

Explican que el origen histórico del Centro fue una biblioteca comunitaria creada el 29 de octubre de 1978, fruto a su vez de un sueño compartido por estudiantes de inglés y su profesora, Paulina Meroni.

«Paulina y sus alumnos soñaban con una biblioteca barrial. El proyecto atrajo a padres y madres de los estudiantes y también a otros vecinos del barrio. Finalmente, la biblioteca fue fundada en una asamblea y comenzó a funcionar en el garaje de Paulina», cuentan.

En 1980 esa modesta biblioteca comunitaria dio paso al Centro, que desde entonces ha desarrollado una intensa actividad iniciada con préstamos de libros a escuelas de la zona y clases de apoyo a liceales.

Después habría de dar comienzo una serie ininterrumpida de actividades sociales que incluyó la 1ª Semana del Barrio Lavalleja, una encuesta sobre nutrición infantil, la creación de la bibioteca Serafín J. García -que contó con el apoyo del escritor-, la tramitación exitosa de un gimnasio para la escuela 125, talleres de plástica dirigidos por Dumas Oroño, colaboración con la policlínica local y charlas sobre drogas, alcoholismo y relaciones sexuales.

En ese proceso surgen y se consolidan el grupo juvenil y el Rincón Infantil y Taller de Manualidades del Centro, que además abre un consultorio jurídico gratuito y, en 1985, colabora activamente con el Plan de Emergencia de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM).

 

COMPROMISO CON EL BARRIO

En ese marco de intensa actividad, el Centro se expande y abarca nuevos ámbitos. Se vincula con varias bibliotecas, entre ellas la Nacional, propicia encuentros de maestros y estudiantes, convoca a asambleas y reuniones vecinales con el objetivo de impulsar mejoras en el barrio y concreta la formación de un grupo de la tercera edad («Armonía») que cuenta con un coro y recibe apoyo de la IMM.

Paralelamente, el Centro profundiza su compromiso social con el barrio. En efecto, mediante convenios con la comuna capitalina administra la guardería comunitaria Kin Tin Tan y obtiene becas para niños y niñas de la zona que sufren graves situaciones de pobreza.

También contribuye a rescatar la historia del barrio, reseñada en un montaje de diapositivas presentado en un seminario auspiciado por la Unesco, trae a la zona a la Banda Sinfónica Municipal, participa en encuentros de bibliotecas populares y estatales, organiza exposiciones y nuevos talleres, ofrece charlas de escritores nacionales y apoya la puesta en escena de «Fórmula C.B.T», obra de Meroni premiada por la IMM y el Centro Comunal 13 en el marco del concurso «Memoria de mi ciudad».

El Centro ha recibido apoyos y auspicios de la Unesco, el Ministerio de Educación y Cultura, la IMM, la Universidad de la República, el Banco de Previsión Social, la Escuela de Bibliotecología -que lo eligió como lugar de práctica para sus estudiantes-, el Centro Latinoamericano de Economía Humana, el periódico local Expreso del Norte y las embajadas de Alemania, Canadá e Inglaterra.

 

EL FUTURO ES AHORA

Ya definitivamente consolidado, profundamente arraigado en el barrio, el Centro continúa en la brecha, fiel a sí mismo y en pleno crecimiento. Nada de lo que hizo antes se convirtió en recuerdos del pasado. El balance del presente muestra que hoy permanecen en constante avance los cursos, el coro, los encuentros vecinales, los talleres, el trabajo social, el impulso de siempre, que no descansa y se multiplica.

La columna vertebral de esa actividad es una biblioteca a la que ya han ingresado unos 9.000 volúmenes. Esta biblioteca, hija de aquella que nació en el garaje de Paulina, presta cada año 400 textos de estudio y necesitaría muchos más para satisfacer la creciente demanda. Obtener esos libros es una de las metas inmediatas del Centro, que también aspira a ampliar su local para poner en marcha nuevos proyectos.

Meroni, Márquez, Otieri, Loarche, Viñas, Calascioni, Moreira, Sander, Sanabria, Pintos, Olivera, todas y todos, piensan en el futuro como si el Centro recién comenzara y nada hubiera hecho. Por eso cada día renuevan el esfuerzo, las ganas, las ideas, el placer de estar allí para los y las demás, para su comunidad, para hermanarse con otras y otros en la paciente construcción de un tiempo mejor. Y es así como están caminando hacia su utopía realizable, cimentando el porvenir, realizando sus sueños.

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