Trapitos al sol en la Plaza de la Bandera
Tres de la tarde en la Plaza de la Bandera. Las cuerdas ya están colocadas y se van poblando con diversas prendas que salen chorreando de las palanganas. Alternan blancas, azules y rayadas en ambos tonos, aunque cada tanto irrumpe alguna de otros colores. Como telón de fondo, el monumento despojado, frío y feo que preside un grotesco mástil al cabo del cual flamea el pabellón nacional. Toda una expresión de la dura imaginería militar golpista, que evoca el doloroso pasado reciente. Desde los bancos del entorno, las dos responsables de la Cátedra Libre de Arte y Psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, psicólogas Rasia Friedler y Raquel Lubartowski, observan y esperan reacciones.
MEMORIA ACTIVA
Tiempos de Arte y Memoria fue la consigna de la serie de actividades organizadas por esta cátedra no curricular para sumarse a la conmemoración de los 32 años del golpe de Estado, que incluyó la acción de Tres Cruces simbólicamente denominada «Lavandera-Labandera», una conferencia sobre Derechos Humanos en el ámbito académico, exposición plástica y otras intervenciones en lugares públicos.
«Promover la memoria activa a 32 años del golpe de Estado, a través de acciones artísticas sensibilizadoras que acerquen a la gente, tener la oportunidad de no sólo producir un hecho estético sino también de comunicar, escuchar, resonar con la gente», es el objetivo, explica a La República de las Mujeres Rasia Friedler.
«No queremos una memoria memoriosa, sino una memoria con una carga de futuro, para incluir el aire actual y el de los tiempos por venir», agrega Raquel Lubartowski para quien la memoria no es algo estático.
GENERO Y CIUDADANIA
¿Por qué «Labandera y lavanderas»? «Una cuestión de género en primer lugar. Por el significado simbólico del movimiento de las lavanderas en el acto de lavar, que remite a los oficios que se ejercen desde la invisibilidad, a toda esa tarea de construcción que las mujeres han hecho durante tanto tiempo y que ha servido para sostener otras prácticas, entre ellas las políticas. Al ‘sacar trapitos al sol’ también estamos haciendo visible la acción de infinidad de mujeres en sus hogares», responde Friedler. «Hay muchos ‘trapitos’ para sacar en muchos lugares», se apresura a agregar Lubartowski.
Las profesionales encuentran otras simbologías entre cuerdas y trapos . Friedler las lee así: «La memoria se compone también de hilvanar retazos que han quedado desperdigados y a los que a veces nos cuesta encontrarles la conexión. Pero hay una línea (como la cuerda) que conecta todo esto y es importante rescatarla. También la variedad de colores (de las prendas) alude a la pluralidad y a la diversidad del pueblo urugayo, que nos da riqueza y con las que es posible crear. El movimiento del viento abanicando los trapos alude al movimiento de la vida y al movimiento colectivo en el que estamos. Reivindicamos el valor de los actos colectivos, del trabajo en la comunidad, el rescate de la participación ciudadana».
RECURSOS DEL ARTE
Quienes participaban activamente en la plaza eran jóvenes, mayoritariamente mujeres. «Tenemos mucha convocatoria entre la gente joven, que encuentra en el arte una posibilidad de expresar lo que no podía expresar en otros lenguajes. Hoy los jóvenes tienen más confianza en la palabra artística que en otro tipo de discursos. Eso habla de una deconstrucción profunda de una serie de prácticas, y sugiere que hay otros caminos», asegura Lubartowski. Friedler apunta que «A veces el discurso queda en una cuestión informativa que no conmueve. El arte tiene recursos que permiten conmovernos por entero, que nos atraviesan en todos los sentidos».
Ambas coinciden en que uno de los objetivos de la cátedra que coordinan es «sacar el arte del lugar de adorno o suntuoso en que a veces ha quedado», para que se convierta en práctica social, colectiva o individual, pero al servicio de la comunidad.
Las organizadoras querían que el 27 de junio en la Plaza de la Bandera pasara algo distinto. No buscaron masividad de público sino una acción que pudiera estar contextualizada en el movimiento del lugar. Algo capaz quizá de sorprender y disparar pensamientos, reflexiones, emociones en un día entre otros, que no fue un día cualquiera.
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