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Perspectiva de género ¿justicia social o distopía?

Foto cortesía de vinzfeelfree.com

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Las desigualdades y consecuentes formas de discriminación por razones de género han sido presentadas como un estado innato del orden social, inamovible e incuestionable, al considerarse que responden a condiciones otorgadas por la naturaleza. Como bien afirmaría Pierre Bourdieu en su obra La dominación masculina: “la diferencia entre los sexos masculino y femenino, la diferencia de sus órganos sexuales, opera como medio de justificación indiscutible de las diferencias socialmente construidas entre los sexos”.

En las últimas décadas, la reflexión sobre este asunto ha cobrado cada día más importancia, la cual por una parte puede explicarse como una consecuencia directa del mantenimiento, incremento y profundización de prácticas desiguales, excluyentes, discriminatorias y violentas contra la mujer y la población Lgbti; pero que también pueden asociarse al auge de las reflexiones, movimientos y acciones con fines vindicativos en cuanto a la igualdad y dignificación de la mujer y la población Lgbti, entre estas, la perspectiva de género.

De acuerdo a ello, la perspectiva de género puede ser definida como el paradigma y las prácticas que reconocen y fomentan la igualdad, la justicia y la libertad de todos los seres humanos para desarrollar sus capacidades personales, participar y tomar decisiones sin limitaciones impuestas por los roles tradicionales; y en la que se tienen en cuenta, valoran y potencian por igual las distintas conductas, aspiraciones, necesidades de mujeres y hombres. Es una corriente teórica que permite visibilizar la realidad que viven las mujeres, así como, los procesos de socialización que refuerzan los mecanismos de subordinación. Pero además es una corriente práctica que se propone la transformación social mediante la erradicación de formas de discriminación.

La perspectiva de género no significa un pensamiento que excluye a los hombres o intenta sustituir el dominio masculino por la dominación femenina, tampoco son acciones dirigidas exclusivamente a las mujeres, son iniciativas que buscan desarticular formas de discriminación y subordinación, pero también, visibilizar y atender las que experimentan quienes no responden a las expectativas de genero socialmente creadas como las personas homosexuales, bisexuales y transgéneros. Además, estas teorías de género no son un capricho de gobiernos o de grupos de mujeres feministas pertenecientes a determinados movimientos sociales, los aportes de las teorías de género y la perspectiva feminista como afirma Alda Facio han sido aceptas y validas por la ONU, como categoría descriptiva de la situación de discriminación que viven las mujeres y la población Lgbti, al mismo tiempo que le ha sido exigido a los Estados su incorporación en las políticas públicas y la legislación.

Esta perspectiva de género ha logrado importantes avances en los últimos años, en lo que refiere el reconocimiento y garantía de los derechos humanos de las mujeres y la población Lgbti; entre estos es posible considerar la minimización de la discriminación al sensibilizar a la población y, la protección de la población vulnerada y vulnerable a través de instrumentos jurídicos, políticas públicas y otras acciones afirmativas. No obstante, al atentar contra el poder constituido que un grupo específico ha monopolizado, sin dudas, cuenta con detractores.

Los adversarios de la perspectiva de género la más de las veces son hombres, blancos, heterosexuales y poseedores de recursos, que intentan limitar el acceso y ascenso de los sujetos tradicionalmente inferiorizados, patologizados, estereotipados y excluidos del sistema de privilegio (poder, prestigio, conocimiento y dinero); estos para impedir el avance de estas teorías y movimientos que persiguen la justicia social, así como, la materialización del reconocimiento y garantía de los derechos tradicionalmente impelidos, han desarrollado diversas estrategias mediante las cuales legitimar su dominación, las cuales según Terry Eagleton (1997) se realizan:

  • Promocionando creencias y valores afines a él.
  • Naturalizando y universalizando tales creencias para hacerlas evidentes y aparentemente inevitables.
  • Denigrando ideas que puedan desafiarlo.
  • Excluyendo formas contrarias de pensamiento.
  • Oscureciendo la realidad social de modo conveniente a sí misma.

Este hecho se expresa en múltiples, diversos y sistemáticos ataques dirigidos al movimiento feminista y Lgbti, contra sus ideas, pero también contra sus máximos exponentes y difusores, apoyados en criterios religiosos y biologicistas. Estos ataques si bien en oportunidades cobran un carácter explícito, físico, violento y confrontacional; con frecuencia se concretan a través de panfletos, artículos de opinión, publicaciones de divulgación, manifestaciones en los espacios públicos, pero sobre todo, a través de productos audiovisuales y publicaciones capaces de viralizarse en las redes sociales, principal espacio de difusión y consumo de contenidos de los más jóvenes.

En estos mensajes se intenta difundir y aparentemente desenmascarar una distopía que han denominado “ideología de género”, la cual, según estos, persigue la destrucción de la familia tradicional como institución social, se propone la homosexualización de la población, la implantación de un sistema de dominación femenino, la imposición de la androginia y el transgenerismo como únicas formas válidas y reconocidas de expresar el género, la evitación de la reproducción mediante la imposición de prácticas como el aborto, así como, la institucionalización de la laxitud ética y moral, que según estos promueve la prostitución, la pornografía, y consiente prácticas como la pedofilia. Es decir, una distopía moderna generada por las mujeres, los homosexuales y los transgéneros, capaces de trastocar todas las dimensiones el orden político, social, económico y cultural de las sociedades contemporáneas.

Estos discursos carentes de fundamentación y argumentos, pero cargados de prejuicios, estereotipos, imprecisiones, fanatismo, sensacionalismo y desinformación, pese a su carácter caricaturesco e inverosímil, han calado rápidamente en la población; no solo en aquellos desprovistos de las herramientas teóricas y empíricas para su desmontaje y contrastación, sino también en aquellos poseedores de un capital cultural que les permite cuestionarlos. De este modo, han logrado influir negativamente en procesos políticos como: El plebiscito sobre los acuerdos de paz de Colombia en 2016. La eliminación en abril de 2017 del Decreto Legislativo 1323 promulgado en Perú, que reconocía el derecho de las personas Lgbti a no ser discriminadas. La obstaculización de la aprobación del Proyecto de Ley Provincial de Educación Sexual Integral en Argentina en mayo de 2017. La repatologización de la homosexualidad en Brasil después de que en septiembre de 2017 un juez anulara la prohibición de realización de terapias de conversión gay. Los recientes ataques de odio contra la intelectual Judith Butler en Brasil. Aunado al impedimento del reconocimiento y garantía de los derechos de las mujeres y la población Lgbti en otros países de la región.

Pero es importante tener en cuenta que estos ataques a la perspectiva de género no son simples opiniones, no son hechos casuales, ni posturas individuales; por el contrario, son acciones políticas orquestadas desde los escenarios más conservadores que intentan impedir el reconocimiento de derechos y los avances de estos movimientos en el contexto de la democracia. Los repetidos y sistemáticos ataques al movimiento feminista y Lgbti, así como, la desestimación de sus agendas, persigue el retorno a escenarios precedentes, tradicionalistas y excluyentes; proceso para el cual se han hecho válidas y aceptables todo tipo de prácticas, principalmente aquellas de características fascistoides y autoritarias.

Estos hechos en su conjunto ponen en evidencia que, la lucha por los derechos humanos en una sociedad democrática no termina con el reconocimiento y garantía de estos derechos, por el contrario, esta apenas comienza. Por ello, ante esta situación se hace necesario visibilizar la problemática, pero sobre todo, diseñar e implementar iniciativas dirigidas a proteger de manera permanente los avances de los movimientos feministas y Lgbti pues, estos avances en una sociedad desigual e inequitativa, necesariamente supondrán una profundización del rechazo y de la arremetida; incluso por parte de aquellos que izan más alto las banderas de la democracia o gritan con más fuerza sus consignas.

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