Demostraciones de solidaridad con el merendero popular, ex olla, de los trabajadores ladrilleros
Reportaje de Luis Vega
Paysandú – Gracias a que La República del Litoral fuera la primera publicación en poner el tema de la olla popular en conocimiento de la opinión pública, llegaron mesas, ropa, alimentos no perecederos transformando aquello que se hacia en la calle en un merendero vecinal, en cuanto el propio jefe de Policía de Paysandú le cediera un galpón en la chacra policial, en donde diariamente se alimentan 90 personas.
La República del Litoral dialogó en la calurosa jornada del domingo, cuando estaban en la hora de lavar las ollas, con los integrantes de la comisión que se formó para trabajar coordinadamente: su presidenta Ismaela Indart Bravo, la secretaria María Auxiliadora González, Heber Cardozo, un joven de 16 años que colabora diariamente en la tarea.
«Acá los que estuvieron siempre fueron ustedes, los de La República del Litoral, y a los que en cierta medida siempre recurrimos, cuando nos falta una cosa u otra.
Queremos agradecerles por todo lo que nos han ayudado. También al jefe de Policía que nos proporcionó este lugar cerrado y techado, porque se enteró por La República del Litoral. Si hoy comemos en una mesa es por la solidaridad de la gente que pedimos a través del diario. También un vecino nos prestó cuatro mesas, el que colaboró por intermedio de lo publicado por ustedes. Los primeros almuerzos y meriendas las pudimos concretar con la colaboración que ustedes nos trajeron, y también es bueno recordar la ayuda en juguetes, ropas, y algunos medicamentos. Nosotros siempre les estaremos muy agradecidos».
–¿Qué trabajo están realizando actualmente, siguen solicitando ayuda con bonos colaboración, o haciendo peajes como dijo alguna prensa?
–Seguimos pidiendo a voluntad en la ruta y no cobramos peaje. El que puede nos ayuda, nunca le exigimos nada a nadie. Además, hacemos un trabajo puerta a puerta, y siempre encontramos la buena disposición de aquellos que nos dan un kilo de fideos, algunas papas, cebollas, carne. Todo nos sirve.
Esta zona es muy populosa y muy carenciada. Toda gente sin trabajo, horneros (ladrilleros) que hoy venden poco y muchas veces mal, porque está parada la construcción. Los ladrillos los compran regalado y lo venden al doble en las barracas.
–¿Desde el 20 de setiembre a la fecha han recibido alguna ayuda de la Intendencia Municipal de Paysandú o del Inda?
–Los días en que nos resulta más difícil «parar la olla» son los sábados y domingos. Al no haber un comedor municipal en la zona, no podemos decirle a un niño que está en la puerta mirando como comen los otros que no hay nada para él.
Por el contrario repartimos lo que tenemos como si viniera todos los días al merendero, igual ocurre con los mayores. La Intendencia nos alcanzó alguna mesa, unos bancos y un armario para poder guardar los comestibles, también ha colaborado el jefe de Policía que no prestó este lugar, que para nosotros es muy necesario. Fíjese lo que sería un día como hoy comiendo al rayo del sol, o con lluvia.
–Muy pocos lo saben pero es bueno tener memoria, La República del Litoral, en su momento, también se preocupó por la situación de una familia del departamento de Río Negro que había llegado por esta zona. ¿Cómo están ellos ahora?
—Les estamos terminando su casa, en un predio municipal, «entre todos». Estamos dándoles una mano. Ellos vienen al comedor barrial, ayudan también en las distintas tareas, salen con nosotros al puerta a puerta. En fin, ya son parte de nosotros.
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