Un departamento que en "micro" reproduce la crisis de todo el Uruguay

Aftosa: Tres meses de tensa espera

Artigas – Por otra parte aquí, en la frontera, también se ha podido observar una serie de medidas asimétricas. Mientras tanto las autoridades argentinas paran a un camión uruguayo que transportaba leche del tipo «larga vida» que de ninguna manera puede transportar el mal. En la frontera uruguaya desde el inicio mismo de la campaña, hubo algunas permisividades por parte de las autoridades. Se pudo establecer que durante cinco días faltó el producto químico, especialmente en la frontera de la ciudad de Artigas, con el que los funcionarios sanitarios fumigan a los vehículos que provienen de Brasil. Muchos productores de la zona fronteriza, que han observado las medidas de presunta vigilancia que realizaban patrullas de las Fuerzas Armadas, son conscientes de que esa actividad no fue tomada con la mayor responsabilidad por los efectivos intervinientes.

Partidas de caza y no vigilancia

De acuerdo con lo indicado en muchos casos se observaron a los militares en verdaderas partidas de caza del «carpincho», sin realizar la vigilancia adecuada –especialmente en horas de la noche de lugares donde se sabe que el contrabando fronterizo es más intenso– y menos aún adoptar las medidas preventivas adecuadas. Durante todo el período de acción en el departamento de Artigas, antes de la aparición del brote de la enfermedad, no se reportó ningún caso de trasiego interfronterizo de animales, raciones u otros elementos ilegales, por lo cual las acciones emprendidas, evidentemente, no fueron lo suficientemente estrictas.

Por otra parte también se sabe que el productor afectado por el brote aftósico, cuyo establecimiento fue el epicentro de la zona de exclusión en donde se aplicó el rifle sanitario a casi 5 mil cabezas, tanto de ovinos, porcinos como lanares, es un trabajador metódico, que realizaba invernada y que mantenía un constante control sanitario sobre sus tropas y majadas. Se estima que el contagio aftósico puede haber provenido de la propia zona del departamento de Artigas, de algún basural de los que se extrae comida para el ganado porcino. De ninguna manera está probado que el productor haya cruzado la frontera para comprar raciones del lado brasileño. Por otra parte –pese a que en este caso no pudo ser comprobada– esa práctica es habitual en muchos otros productores cuyos animales no han sido afectados por el mal.

Una situación que empeora

La aparición del brote aftósico en Artigas, a pocos kilómetros de la capital departamental, con la implementación de la zona de exclusión, más las medidas sanitarias –de discutible eficacia– que se estaban aplicando han colocado a la población de este departamento en una situación más que difícil. La República del Litoral había alertado cómo las medidas adoptadas en la frontera, que acentuaron en rigor de la Aduana, afectaron a industrias artesanales, como la carpintería, que de acuerdo a algunas versiones es una de las más importantes del departamento.

De acuerdo con lo informado en su oportunidad, los carpinteros, que tenían rentabilidad en su producción porque la madera la podían comprar del lado brasileño a precios competitivos, de un día para el otro se vieron obligados –para mantener su producción– a recurrir a barracas uruguayas que, por razones de mercado, cobran precios superiores. Este hecho determinó una creciente paralización de ese trabajo artesanal con el perjuicio casi inmediato para la zona.

Por otra parte la Intendencia, que viene sufriendo una situación de desfinanciación prácticamente endémica, que ya tiene características de catastrófica, ahora se encuentra con que los vencimientos de su plan de refinanciación de deudas coinciden con la aparición del brote aftósico, lo que está provocando una nueva retracción de los pagos en la Contribución rural. Los productores, ante las incertidumbres del futuro inmediato, ya que por lo menos por tres meses tendrán paralizadas sus ganados, sin poder tampoco producir para la venta chacinados de ningún tipo, han preferido seguir sin pagar sus aportes municipales.

Ello se suma a la situación de los pequeños industriales artesanales y a la de los comerciantes, también afectados por los coletazos de una crisis que se mantiene en el tiempo. Todo ello está determinando una situación insostenible para la Intendencia de Artigas. Su titular el intendente Carlos Signorelli, además, debe afrontar las consecuencias de una administración que ha sido cuestionada duramente, especialmente, por los ediles del Encuentro Progresista-Frente Amplio, que han denunciado ante la Justicia algunas prácticas, como el no vertido por parte de la Intendencia de los descuentos realizados a los trabajadores municipales destinados a pagar distintas obligaciones, como al Banco de Previsión Social, a cooperativas, al Banco de la República, etc.

El norteño departamento se ha convertido en una verdadera «bomba» política y social. De manera «micro» allí se están reproduciendo situaciones extremas que todavía no se han manifestado en la misma magnitud en el resto del país, pero que tienen –según algunas fuentes consultadas– el caldo de cultivo de una crisis inédita, en la cual los productores, empresarios e industriales se deben enfrentar inermes a acontecimientos que los superan en su capacidad de producción, lo que tiene consecuencias en la mano de obra utilizada.

Se menciona como otro hecho singularmente grave la aplicación, a partir del 2001, de los acuerdos concretados a nivel del Mercosur, que determinan la caída del apoyo que se brinda al sector azucarero. El gobierno parece irreductible en la aplicación de esa política, anunciando que no se apartará un ápice de los acuerdos firmados en el marco de la organización regional.

De acuerdo con lo indicado ese hecho determinaría que la industria azucarera norteña, radicada más bien en la zona de Bella Unión, a más de cien kilómetros de la capital departamental, pierda sustento y quede fuera de competencia frente a las producciones llegadas desde Brasil y Argentina. Algunas fuentes consultadas por La República del Litoral son más drásticas y sostienen que de aplicarse a rajatabla lo establecido la industria azucarera uruguaya, basada en la producción de caña, tendrá los días contados con lo que ello traerá aparejado en materia de reducción de la actividad y desocupación.

Una comisión Intersectorial formada en la ciudad de las tres fronteras (como se denomina a Bella Unión), se ha movilizado en torno a este tema, tratando de que el gobierno mantenga el apoyo al sector azucarero y sensibilizando a senadores y diputados. Se ha comprendido que el azúcar es, además, la base de una extendida industria alimenticia que transforma materias primas nacionales, especialmente frutas. Se teme que la caída de la ayuda al sector determine una suba de precios que también saque de competencia a estos industriales que dan trabajo a más de ocho mil personas. (CS)

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