
El primero de estos otros dos episodios se registró a mediados de junio de 1998 cuando un taxista decidió devolver a su duena una cartera que habÃa encontrado en la vÃa pública. Terminó detenido por rapina y luego fue procesado: Daniel Silveira era su nombre.
Por su parte, el más reciente de los hechos comenzó a gestarse a fines de diciembre de 1999 cuando un joven de 23 anos salió a la calle alertado por ruidos. En esas circunstancias vio que su hermano menor venÃa de cometer un rapina y lo interceptó para recriminarle su accionar. En esos instantes también llegó la PolicÃa y se lo llevó detenido por rapina y luego procesado: Gustavo Daniel Correa era su nombre.
Tres historias dramáticamente parecidas en cuanto al delito imputado a los protagonistas y a la falta de investigación policial y judicial que los llevó a la cárcel. Los tres terminaron presos y luego de la intervención de LA REPUBLICA que denunció las irregularidades en los procesos recuperaron la libertad. Casualmente los tres se llaman Daniel.
El 18 de junio de 1998 el taxista Daniel Silveira de 34 anos habÃa concurrido con su esposa y sus dos hijos a la cancha de Estudiantes en Pernas y Cabrera. Su hijo Jorgito de cuatro anos debÃa jugar un partido de fútbol contra el club Terremoto. La jornada era una fiesta.
Mientras los ninos jugaban, las mujeres preparaban tortas fritas y los hombres tomaban mate destacando las habilidades de los suyos, y sonando con futuros de gloria en los cuadros grandes del paÃs. Daniel y su familia estuvieron hasta pasadas las 20 y 30 en el club. Luego se retiraron a la casa de la suegra ubicada en Dionisio López y Justo Maeso para visitarla. Allà empezarÃa el drama. Luego de pasar unos instantes con su abuela, los ninos y sus padres se retiraron para dirigirse a su domicilio. En la esquina la nina Daniela de 10 anos encontró una cartera tirada y se la fue a mostrar a su padre. Este vio que en el interior habÃa documentos y un teléfono, que parecÃan ser la vÃa para que su duena se reencontrara con ella.
Nadie sabÃa cuál era la razón para que la cartera estuviera ahÃ. Pero en vez de dejarla tirada, Daniel decidió llevarla a su casa y contactarse con la duena, dándoles asà una lección a su hijos de la importancia de la solidaridad.
Y asà fue. El taxista llamó al teléfono y fue atendido por la propietaria de la cartera, a quien le dio su dirección para que la pasara a buscar. Nada pidió a cambio. Pero resulta que la mujer habÃa sido rapinada sobre las 20 y 45 de ese dÃa cuando salÃa de su domicilio por dos hombres que tripulaban un auto, previamente hurtado. Luego del segundo asalto, el dúo delictivo (que nunca fue capturado) se desprendió de la cartera, en el mismo lugar donde Daniela la encontrarÃa. La duena, al recibir el llamado se comunicó con la Seccional 13a y narró lo sucedido. Junto a ella un equipo de la dependencia se trasladó hasta la casa de Daniel, y lo llevaron preso con el “botÃn” como prueba. La vÃctima dijo que se parecÃa a uno de los delincuentes, y esto bastó para que la Justicia lo procesara por rapina.
De nada valieron los testigos que el trabajador tenÃa a su favor. En total eran 17 los que estaban en la cancha, su suegra y los vecinos de ésta. Ellos no fueron escuchados por la Justicia. Al dÃa siguiente de su procesamiento, LA REPUBLICA publicó el relato de los 17 testigos que decÃan que Daniel nunca habÃa podido estar en el lugar de la rapina, a la hora que habÃa sido cometida.
Esto motivó que el caso fuera nuevamente analizado y que los testigos comparecieran en el Juzgado. El viernes 3 de julio de 1998 el taxista salÃa de la Cárcel Central en la Jefatura de PolicÃa de Montevideo y se reencontraba con su familia. Se habÃa hecho, entonces sÃ, Justicia.
Aproximadamente a las 22 y 15 del 15 de diciembre de 1999 cinco jóvenes, algunos de ellos armados, subieron a un ómnibus de la empresa COME en la parada de Larravide y Purificación. Bajo amenazas le robaron la recaudación al guarda-conductor y las carteras a tres pasajeros. Instantes después descendieron del rodado y se dirigieron hacia la calle Lucas Moreno.
Un gran revuelo comenzó a escucharse en la cuadra, por lo que varios vecinos salieron a las puertas de sus casas para ver qué pasaba. Entre ellos Gustavo Daniel Correa, quien hasta entonces se encontraba en la casa de su novia escuchando el partido de Danubio y Bella Vista. Cuando el joven salió vio que entre los muchachos del barrio que corrÃan, lo hacÃa su hermano menor.
Instintavemente comenzó a seguirlo para recriminarle su actitud, marcando asà su destino. Un vecino de la zona habÃa llamado a la Seccional 13a para dar cuenta de lo sucedido, llegando minutos después varios uniformados. Estos procedieron a detener a Gustavo, a su hermano y a otro muchacho. “Dentro del patrullero el hermano y el otro dijeron que él no tenÃa nada que ver, igual que lo hicieron después ante la jueza”, habÃa explicado a LA REPUBLICA la madre del muchacho, Miguelina PÃriz.
El joven de 23 anos fue enviado al Comcar imputado de un delito de rapina. Pero habÃa ocho personas que podrÃan haber atestiguado en su favor, acerca de dónde se encontraba a la hora que se habÃa cometido el ilÃcito. Pero ni la PolicÃa, ni la Justicia las escuchó.
LA REPUBLICA lo hizo y después de una serie de notas finalmente fueron llamadas a declarar ante la sede judicial correspondiente.
El 17 de marzo de 2000, el joven se reencontraba con su familia y su novia en la zona de Villa Espanola, tres meses después de haber sido remitido por un delito que nunca pudo haber cometido: una vez más la Justicia habÃa tardado, pero al fin llegado.
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