El arma homicida no pudo ser recuperada

Fue procesado ayer el matador del policía

Este ya había confesado el lunes de noche ser el autor de los cinco disparos que segaron la vida del agente de la Brigada de Asaltos, Gustavo Arnais Cardozo. Tras declarar el martes ante la magistrada se dispuso que repitiera la instancia en la pasada jornada, con la esperanza de que fuera hallada el arma utilizada. No fue así y la jueza se basó en los testimonios recogidos por las autoridades de la Seccional 21ª y en la propia confesión del imputado.

Todo hace pensar a los jerarcas policiales que este caso quedará cerrado con un solo responsable, cuando distintos datos y testimonios obtenidos en el lugar indican que serían por lo menos dos, a lo sumo tres los autores del ataque contra el funcionarios. Incluso, de la autopsia surge que uno de los balazos le ingresó por la espalda, lo que estaría indicando que fue atacado desde varias direcciones. La propia confesión del mencionado Lino Fontora Acosta, indicaría su decisión de cargar con toda la culpa encubriendo a sus compinches, si es que los hubo.

La desaparición del arma es un elemento que conspira con el mejor desarrollo del proceso y podría ser un factor determinante en favor del procesado al momento de ejecutarse la pena que deberá cumplir por el delito cometido, según lo señalado por juristas consultados.

Como se recordará, el pasado domingo a las 21 y 30, el agente Gustavo Arnais Cardozo, de 35 años, llegó al cruce de Casavalle y Teófilo Díaz. Había caminado cuatro cuadras desde su domicilio hasta la parada del ómnibus que lo llevaría hasta la Jefatura para tomar el turno de las 22 horas.

En esa esquina lo estaba esperando Lino Fontora Acosta, poseedor de dos antecedentes anteriores, quien vivía muy cerca de la casa del policía y por consiguiente, ambos se conocían. Fontora dijo que quiso asaltarlo, ante lo cual el policía reaccionó sacando su arma de reglamento. El ahora procesado dijo haberse asustado por lo que le disparó cinco tiros con un revólver calibre 38 (los cinco que cargaba esa arma) matándolo en el acto. Una de las balas le partió el corazón.

Cuatro liberados

Por su parte, Arnais, sólo tuvo tiempo de efectuar un sólo disparo con su revólver de reglamento. Tras la fuga del criminal, su cadáver quedó tendido, comprobando después sus compañeros que todos sus bolsillos estaban vacíos. Tenía en cambio la billetera y sus documentos. Pero ni un solo peso.

Mientras Fontora era procesado por el delito de «homicidio», el otro joven detenido como presunto cómplice en la trágica rapiña al policía, recuperó la libertad. Este individuo estaba requerido desde hace dos meses, desde que fuera reconocido por la esposa de otro policía afincado en la misma zona, de haber ingresado violentamente a su casa para intentar violarla.

El maleante ingresó encapuchado para que su vecina no lo reconociera, pero en la lucha que desató la mujer en su defensa logró quitarle la máscara y lo reconoció. Todo hace suponer ahora que la mujer atacada no fue firme en el reconocimiento realizado ante la jueza, lo que determinó la liberación del sospechoso.

También fueron puestas en libertad las tres mujeres y otro hombre que habían sido detenidos por la policía junto al matador, en el salón comunal del complejo de viviendas del barrio Guayabos, donde se había acostado a dormir tras al crimen.

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