Asesinos por naturaleza
Durante 20 días estuvo el infortunado Manuel Esmoris de 78 años metido en el escondite ideado por sus asesinos: un joven de 19 años que ingresó al Comcar a fines de junio y otro de 18 que cuando se convirtió en homicida todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Ahora se encuentran a disposición de la Justicia.
En la pasada edición LA REPUBLICA adelantó los primeros detalles de este episodio, como consecuencia del hallazgo del cadáver tras largos días de búsqueda. El personal de Vigilancia venía siguiendo el caso como desaparición de persona, aunque entre la denuncia y la aparición del cadáver se sucedieron varias situaciones que permitieron a los efectivos tener el crimen «aclarado» antes de que este se confirmara.
No fue hasta el jueves de noche que se caratuló la causa como homicidio, ya que si bien existían sospechas la víctima no estaba. Y paralelamente fue detenido un joven con 18 años recién cumplidos, de iniciales PAGS, y trasladado del Comcar a la Jefatura quien fuera identificado como AMQA de 19 años, procesado por «un delito de hurto agravado». Ambos confesaron cómo sucedieron los hechos y reconocieron que durante el plan hubo varios momentos en los que no supieron qué hacer para deshacerse del cuerpo. Dejaron entrever que el crimen no fue algo meticulosamente planificado, aunque manifestaron no haber actuado por impulso.
El 20 de junio
Sobre las 13 del mediodía del jueves 20 de junio, ambos amigos cruzaron desde la casa de uno de ellos ubicada sobre la calle Dalmiro Costa hasta la de Esmoris. Explicaron que como el hombre, arquitecto de profesión, tenía la casa en venta, se valieron de esta situación para ingresar a la finca sin dejar traslucir sus intenciones delictivas.
Estuvieron largas horas charlando con el anfitrión sobre la casa, el precio de la misma y demás temas. El intercambio de palabras estuvo acompañado por la ingesta de alcohol.
Dijeron ayer que el propósito de ellos era emborrachar al septuagenario. Finalmente lograron que Esmoris se durmiera y entonces pusieron en práctica el plan asesino. Ocurrió así: con una botella de cerveza lo golpearon fuertemente en la cabeza; después lo estrangularon con el cable de una lámpara hasta agotar su vida.
Los jóvenes se miraron y supieron que ya eran criminales. Sin embargo no tenían decidido qué hacer con el cuerpo, hasta que uno de ellos sugirió meterlo debajo de la cama, en el cuarto donde Esmoris dormía. Trataron de ordenar el lugar y tras tomar las llaves se retiraron de la finca, dejando tras de sí al infortunado anciano.
Nunca se vuelve…
Violando una de las máximas de los homicidas, la de no volver a la escena del crimen, los vecinos del barrio Malvín retornaron a la vivienda de Esmoris en horas de la noche. En primer lugar decidieron revisarla a fondo en busca de valores que sustraer, como una forma de «justificar» el asesinato.
Seleccionaron una bordeadora, varias chequeras, medallas de plata y recibos varios. Antes de irse nuevamente decidieron ocultar el cadáver en un lugar más seguro.
Lo retiraron de debajo de la cama, ataron sus manos y piernas con tanza y arrastraron el cuerpo hacia el patio, donde al llegar retiraron la tapa de la cámara séptica. Colocaron a Esmoris dentro de ésta, lo taparon con frazadas y colocaron nuevamente la tapa.
Entonces sí se fueron. Estos movimientos fueron vistos por varios testigos, tal como lo comentaron al personal de Vigilancia luego de que se radicara en esa unidad la denuncia por desaparición. La casa fue inspeccionada en varias oportunidades, pero los funcionarios no sospecharon sino hasta el jueves que el hombre podría estar en la cloaca.
En el transcurso de las primeras indagaciones se pudo vincular a los ahora confesos homicidas con el robo de la bordeadora, por lo cual el mayor terminó tras las rejas y el menor con sus padres, aunque con un procedimiento iniciado en su contra por hurto.
Ahora, tras el descubrimiento del cadáver después de 20 días, los pesquisas de Vigilancia lograron cerrar el cerco y poner a disposición de la Justicia nuevamente a estos dos jóvenes por un mismo hecho, aunque ahora, en vez de responder por hurto, tendrán que hacerlo por homicidio. *
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