Basta de violencia
Con los sentimientos enarbolados en un cartel que rezaba «Gonzalo, estamos contigo. Tus amigos», aplaudieron conmovidos la consigna: «Estamos por la vida; ni una muerte más por violencia doméstica», y siguieron atentamente las alocuciones de un representativo panel que incluyó a Andrea Tuana, de la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual; Ofelia Ogara, por el Departamento de Equidad y Género del PIT-CNT; Mariella Mazzotti, presidenta de la Comisión de la Mujer de la Intendencia Municipal de Montevideo; la diputada encuentrista Margarita Percovich, integrante de la Comisión de Equidad y Género de la Cámara baja; Víctor Georgi, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, y Valeria Carneiro, por las convocantes.
Este será el segundo año consecutivo de la campaña, que invita a portar un crespón negro y colocar carteles alusivos en domicilios particulares e institucionales cada vez que muera una mujer por violencia doméstica.
Prueba de que la acción consecuente de las mujeres de la Zona 9 ha ido sumando voluntades es que el acto se haya realizado en el emblemático Paraninfo, colmado para la ocasión, y que entre el auditorio hubiera representantes de primer nivel de diversos ámbitos sociales que tienen que ver con la problemática.
Entre ellos, la diputada Raquel Barreiro y la senadora Mónica Xavier, Ana María Balparda, directora del Instituto Nacional de la Familia y la Mujer, María Julia Muñoz, secretaria general de la comuna capitalina, así como un vasto espectro de integrantes de organizaciones sociales y de mujeres. Esta vez tampoco faltó la prensa, tanto escrita como audiovisual.
Igualmente destacable es la cantidad de vecinas, e incluso algunos vecinos, de las zonas 9 y 12 (jurisdicción esta última en la que el joven Gonzalo fue victimizado por su progenitor), quienes ratificaron con su presencia el compromiso que mantienen con una iniciativa que nació del pie y fue conquistando el apoyo y respeto de las cúpulas.
El objetivo es comprometer a la sociedad toda en una transformación cultural que erradique un flagelo que cuesta en vidas humanas: las vidas de mujeres, niñas, niños y adolescentes que son maltratados hasta la muerte por hombres con los que mantienen relaciones afectivas, y también las vidas de esos mismos hombres, que muchas veces terminan suicidándose luego de disponer del bien más preciado de sus allegados. *
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